oso Érase en la región de Planadas un oso de anteojos a quien llamaban Mieloso porque gustaba mucho comer miel. Una mañana deambulaba por la sierra en busca de panales, cuando salió un cazador detrás de unos matorrales y se dio a perseguirlo. El perdiguero era un hombre malo que gustaba aniquilar a los animales para sacarles la piel y venderlas. Con furia disparaba al úrsido para matarlo. El ucucu de uñas ganchosas, corría zigzagueando por entre los árboles, pero el hombre lo perseguía por doquier. Al llegar a la cañada una bala alcanzó al oso achupayero en una de sus patas traseras, el plantígrado perdió el equilibrio y cayó herido; como era muy pesado, rodó cuesta abajo y cayó al río que serpenteaba por la región. Así Mieloso se salvó de que lo remataran, pero se había metido en otro problema. El río fluía contaminado por petróleo; la guerrilla había dinamitado el oleoducto y el yanapuma no podía nadar y la corriente lo arrastraba.

Mieloso luchaba contra las aguas pegajosas tratando de salir del río, pero sintió que no tenía fuerzas. Alzó la vista al cielo suplicando y el dios de los osos escuchó la agónica oración, pues apareció un pintor que hacía un cuadro al pie del río y al ver al oso ahogándose se tiró al agua y lo rescató. El hombre llevó a Mieloso a su cabaña y con toallas y aceites limpió el petróleo de su piel, le dio medicinas y curó la herida.

Mieloso estuvo varios días con su salvador. Una mañana caminó por la casa y al pasar por frente a un espejo se llevó un gran susto al ver que de su cara había desaparecido el antifaz característico que tienen los osos de anteojos. Se puso triste y como se sentía mal se tomó un montón de pastillas que el pintor tenía en un frasco, se echó en un rincón de la sala y se puso a gemir.

Cuando llegó su amigo quedó sorprendido al ver el estado lastimoso del oso. Por un tiempo hablaron el idioma de los gestos y las miradas. Mieloso hizo entender el problema que lo abatía. El pintor le había tomado mucho cariño y decidió ayudarlo: sacó sus mejores pinceles y un pote de pintura italiana. Con mucho arte le dibujó un lindísimo antifaz blanco con rayas amarillas. Mieloso se miró en el espejo y saltó de alegría. Desde ese día Mieloso es el oso más feliz del mundo. El pintor se hizo famoso y no volvió a hacer naturalezas muertas. Ahora solo pinta antifaces para los osos que llegan a la cabaña de todas las regiones del país