¡Dime como piensas y te diré como sufres!

PAZ

 Todos los días, cuando se levanta y se para frente al espejo a cepillarse los dientes y a acicalar el ego, el ser humano divaga por laberintos de pensamientos oscuros, deambula por corredores de ayeres tristes, merodea por resentimientos almidonados y se desliza por épocas felices.

El hombre moderno  tiene su mente puesta en las cosas del mundo, todos los pensamientos son sobre cosas mundanas: dinero, carro nuevo, apartamento lujosos, viajes, joyas, negocios, fama,, poder, sobresalir, títulos universitarios, es difícil que la mente tenga pensamientos espirituales o metas espirituales, las metas del hombre son sobre adquisición de cosas materiales. esto debido al falsa idea de que la felicidad está en la adquisición de cosas materiales o felicidad dependiente de otras personas. Y cuando las cosas no se dan como la persona quiere…¡tenga sufrimiento a montones!

Es rarísimo hoy en día encontrar  personas que estén detrás de metas espirituales como lo es la paz mental, el conocimiento de si mismo, el contacto con lo divino, etc. El sistema educativo imperante, los medios de comunicación masivos virtuales e impresos (televisión, internet, redes sociales, periódicos, revistas, telenovelas) y la presión de los grupos humanos en la oficina, inducen a las personas a la consecución de sólo metas materialistas. El hombre acude a lo divino sólo cuando tiene que enfrentar situaciones difíciles como lo son las enfermedades terminales, las quiebras económicas, los desengaños amoroso, etc.

Cuál lunas de Júpiter o corchos en un remolino de agua, los mismos pensamientos sobre lo que hizo, sobre lo que dejó de hacer y sobre lo que hará, giran alrededor de su cabeza; actividad mental esta que determinará su clima interno a sentirse entusiasta, optimista, frustrado o depresivo, porque ¡como piensas sufres!.. ¡Dime como piensas y te diré como sufres!

Y como no tiene el hilo de Ariadna para salir del laberinto, de la encerrona conceptual materialista, todos los días regurgita los mismos pensamientos, en un juego psicológico de querer y no poder, que cual suplicio de Tántalo baja la cabeza y no alcanza el agua de la vida y estira la mandíbula y no puede morder lo que desea, y sufre porque teme perder lo que tiene y sufre porque se frustra al no alcanzar lo que anhela.

Así, cada día que pasa, el cuerpo envejece, la mente endure y la salud se desgasta. Y en este laberinto mental, se pierde por recovecos imaginarios sin hallar salida, lo que finalmente hace que se llene de temor y miedo; pirañas silenciosas que le carcomen las entrañas. Y antes de morir exclamará: ¡Qué estúpido he sido al buscar en la cabeza lo que estaba en el corazón!…!En buscar afuera lo que estaba dentro de mi!

¡No eches en tu mochila las piedras con las que tropiezas por el camino porque el viaje se vuelve pesado y agotador!

¡Deja los resentimientos en las orillas del ayer no lo traigas al presente!

¡Deja tus temores en el futuro no los traigas al ahora!

¡Deja fluir el agua porque si se estanca, se empoza y huele mal.

¡Deja fluir la vida como llega cada día y no le pongas “peros” porque se apilan y huelen mal!

Así que si quieres lograr PAZ MENTAL: ¡Deja fluir tus pensamientos, pero no te detengas en ninguno de ellos!

(Alfonso Lobo Amaya)