ANTIVALOR: La ingratitud: la moneda de mayor circulación.

erizoCuento No 3.— EL ERIZO Y LA DOCTORA. Una doctora manejaba por una carretera y al tomar una curva apareció frente a ella un bulto grisáceo, entonces paró el automóvil, se bajó y caminó a ver el extraño hallazgo. Quedó sorprendida cuando vio que se trataba de un erizo salvaje. El puerco espín estaba herido en una de sus patas y se veía asustado, pero la doctora se acercó hasta él con cuidado. En una de las patas delanteras tenía una herida producida por un disparo, la médica quiso tomar al erizo, pero, instintivamente, el animal reaccionó mordiéndola en la mano. La buena mujer fue al automóvil, sacó gasa y alcohol y se vendó la herida de la mano, luego se puso unos guantes de cuero y volvió para auxiliar al animal. Consiguió sujetarlo por la cabeza y por las patas traseras, lo llevó al carro, lo aseguró a una de las sillas traseras con una correa y le puso una inyección. El resto del viaje, por efecto de la droga tranquilizante, el erizo se durmió y ella lo llevó a su casa. A partir de ese día lo cuidó con esmero y cariño. A diario, cuando regresaba del trabajo, iba a la habitación y pasaba un tiempo curando la herida a “Erizín”, como ella lo llamaba. Después de muchos días de amorosos cuidados médicos y buena alimentación, Erizín sanó y podía correr alegremente por la casa. Sucedió luego que llegó a su casa su sobrina de siete años y cuando la chiquilla vio al erizo quedó maravillada. Desde ese instante le insistió a su tía para que se lo regalara de cumpleaños. Ante las tiernas súplicas de su sobrina, la médica cedió y la niña se llevó al erizo para su casa, que estaba en otro pueblo. Tan pronto la pequeña llegó a su vivienda consiguió una caja de cartón y le hizo una cama, pero una vez el animal se vio libre, corrió, se metió en un rincón de la buhardilla y no volvió a salir del lugar. La niña lo llamaba con frases cariñosas, con silbidos y chasquidos, pero Erizín no daba señales de abandonar su escondite. Esta situación se mantuvo por varios días hasta cuando la niña, alarmada por la extraña conducta del animal, pidió ayuda a su padre, quien le explicó que Erizín era un animal salvaje y debería estar en el bosque con los otros animales. Además, le dijo el padre que el erizo había sido sacado de su hábitat natural y no estaba acostumbrado a vivir en medio del cemento, los ladrillos y los tapetes en una casa. La niña entendió las razones de su padre, y acordaron llevar el puercoespín al bosque y dejarlo en libertad para que se reuniera con su familia.

Pasaron muchos días desde que la niña abandonara al erizo en el bosque, cuando, en el otro pueblo, la médica, como todas las tardes, llegó a su casa después de un duro día de trabajo en el hospital y, ¡sorpresa!, Erizín estaba echado bajo el dintel de la puerta de la casa. Cuando vio a la doctora brincó como resorte, corrió agitando la cola y saltó sobre los brazos de la amorosa mujer, rodando con ella por el suelo. La mujer, emocionada por el feliz encuentro, abrazó cariñosamente al animal dándole besos en la nariz y Erizín no cesaba de lamerle la cara

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¿Qué opinan de este cuento?..

Estudiante. Es una historia tierna y me gustó mucho. Pienso que los animales tienen más sentido de gratitud que los mismos humanos.

Estudiante. Mi papá ayudó a muchas personas que ahora ni lo saludan porque se volvieron importantes y pretenciosos. 

Estudiante. La gratitud no la enseñan en los colegios, viene de un corazón noble.. Creo que es una virtud en extinción.

Lobito.  La ingratitud es actualmente la moneda de mayor circulación en el mundo. La ingratitud de los hijos con los padres ancianos que al final los ven como una carga fastidiosa y optan meterlos a un geriátrico.´La ingratitud de los alumnos con los profesores que los formaron durante años. La ingratitud del amigo que te dio la mano cuando estabas mal y ahora tú estás bien. La ingratitud del hermano que ha triunfado con el hermano que está en la hoya. Ni siquiera en el acto de comer las personas dan las gracias a Dios por el alimento que van a consumir. En fin, la ingratitud humana es una lista tan larga que se necesitaría una resma de papel para escribirla.