buey Un campesino utilizaba un buey para pisar barro. Amarrado por el pescuezo giraba alrededor de un palo. Esto la había hecho el buey por veinte años. ¡Veinte años pisando barro alrededor de un palo!! Un día, el labriego encontró al buey parado y, por más que le daba vara, el animal no respondía. El labriego supo que el buey había envejecido, entonces decidió venderlo. Lo llevó al río y lo bañó con champú; cepilló el pelo con aceite para que brillara y limpió con crema dental los cuatro dientes que le quedaban. Volvió al camino y se paró a la orilla de la carretera con un letrero de venta. Vino una camioneta que se detuvo y descendió un matrimonio.

–Es hermoso mijo, cómprelo para la finca, lo amarramos a la carreta y nos vamos por entre los árboles a dar un romántico paseo. ¡Romántico! –dijo la esposa.

–Está bien mujer. Hágase tu voluntad — y el buey fue comprado.

Ya en la hacienda, uncieron el buey a la carreta y fueron a dar el anhelado paseo, pero… ¡problema!, en el primer árbol que encontró comenzó a dar vueltas. El terco cotral giraba sin hacer caso de los latigazos. Confundidos por el atípico comportamiento, lo llevaron al veterinario quien dictaminó una avitaminosis aguda y falta de fuerzas para caminar en línea recta. El doctor recetó sendos frascos de vitaminas y suero reconstituyente. Unos días después el buey había engordado y se veía fuerte y sano como salido de un Spa. Así que a dar el romántico paseo.

–-¡Arre, bueycito! –le decían, cariñosamente, para que el bruto caminara, pero en el primer árbol que encontró, otra vez el terco cotral… ¡Déle la vuelta al palo!..

–Mi amor, este animal debe estar enfermo de la cabeza, alguna fijación mental. Este castrado lo que necesita es un psicólogo y no un veterinario.

–Pues si viejo, estoy de acuerdo. Hay que llevarlo donde el psicólogo de cuadrúpedos.

El doctor lo sometió a sesiones de terapias mentales, catarsis, transferencias, regresiones a la etapa fetal y vidas anteriores.

–¡Quedó nuevo!, con mente de triunfador –Conceptuó el científico.

–¡A disfrutar nuestro romántico paseo! –exclamó la señora cuando vio al buey con ánimos de luchador y con cara de decano de la universidad….Y en el primer árbol que encontró: ¡Déle la vuelta al palo!..¡Déle la vuelta al palo!..

–Oiga, mija, definitivamente la fuerza de la terquedad es más poderosa que la misma gravedad.