CUASICuento No 9. —POR EL CUERO SE CONOCEN LOS ZAPATOS. Hace mucho tiempo, en India, vivió un rey noble y sabio que se llamaba Janaka. Fue un gobernante excepcional que amaba las artes, la vida espiritual y la sabiduría divina. Pasaba tiempo meditando y leyendo textos sagrados, además, le encantaba reunirse y charlar con las personas estudiosas de temas trascendentales. El rey decía que una de las formas de acercarse a Dios era estar en compañía de gente santa y buena. Una vez al año, el rey Janaka acostumbraba celebrar un festival sobre temas espirituales adonde asistían muchas personas doctas en textos sagrados. En esta ocasión, como todos los años, llegaron al palacio los ilustres invitados en vistosas carrozas tiradas por briosos corceles. Había príncipes, yoguis, sacerdotes, eruditos y una gran variedad de personas importantes. Sucedió que quiso ingresar al salón real un hombre vestido pobremente con una túnica de tela y sandalias de cuero. Era el sabio Ashtavakra, el cual no había sido favorecido por Dios en su presencia física, ya que era de baja estatura, encorvado y de cuerpo esquelético, algo así como el jorobado de Notre-Damme. Tan pronto el hombre hizo presencia en el reluciente salón en donde estaban los distinguidos invitados, éstos comenzaron a señalarlo y a reírse de la escuálida presencia. El rey Janaka se percató del suceso y ordenó a todos que se callaran. A la orden del monarca, el auditorio quedó en total silencio, entonces  Ashtavakra caminó pausadamente, apoyado en su bastón y, bajo la mirada escudriñadora de los invitados, se paró en la mitad del elegante recinto. Con mirada circular revisó uno por uno a los que estaban sentados. De pronto soltó una estruendosa carcajada que retumbó como trueno por toda la sala. Así lo hizo por tres veces. El rey Janaka, extrañado por el inusual comportamiento del ermitaño, le preguntó:  ¿Por qué te ríes de esa manera? ¿Podrías explicarme que te causa tanta gracia?

Ashtavakra hizo la venia real para saludar al monarca y respondió: Excelencia, cuando me invitaste a esta magna reunión me aseguraste que a ella vendrían hombres sabios y eruditos en las sagradas escrituras, pero lo que mis ojos ven es a un montón de ignorantes con visión de zapateros remendones

Al escuchar el insulto, los asistentes se pusieron de pie y comenzaron a vociferar improperios contra Ashtavakra. El rey Janaka ordenó que se hiciera silencio e hizo que todos regresaran a sus asientos.

–Ashtavakra, ¿podrías explicarme por qué ofendes a mis invitados llamándolos “ignorantes con visión de zapateros remendones”?

–Te complaceré con mucho gusto, honorable rey –contestó el hombre encorvado, y señalando a los asistentes dijo:

–Tú sabes que los zapateros evalúan la calidad y el precio de los zapatos por el cuero del que están hechos. Ellos sólo tienen “visión de lo exterior”. Tus invitados, que se vanaglorian de ser sabios y eruditos, me han juzgado y valorado por mi cuero; es decir, por mi aspecto físico externo, desconociendo por completo mi interioridad. No saben de mi desarrollo espiritual. No captan la evolución de mi alma. Desconocen mi esencia divina y la paz de mi mente. Ignoran mis experiencias místicas y mis investigaciones metafísicas. No tienen idea de cuánto me he acercado a Dios en todos los años que llevo en la disciplina espiritual. Hombres así jamás serán sabios. Sólo son bolsas de cuero repletas de egos.

Después de estas palabras, los asistentes, avergonzados, inclinaron la cabeza.

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¿Qué enseñanza podemos deducir de este cuento?

Estudiante.  Que en esta sociedad de metas materialistas y vacía en valores sólo miramos el aspecto físico de las personas y juzgamos por ello.

Estudiante. Vivimos una época de un enfermizo culto al cuerpo incentivado por la televisión, los reinados de belleza, la propaganda, las revistas. Estamos interesados por lucir físicamente bien así en lo interior esté vacío de virtudes y desarrollo espiritual.

Estudiante. Si vamos a juzgar por lo físico a la gente, entonces personas como la Madre Teresa, Gandhi y Mandela sería gente fea, igual que le pasó al sabio Ashtvakra en el cuento.

LOBITO. De acuerdo. Y como dice el libro de El principito, lo esencial sólo se puede ver con el corazón. Quien juzga sólo el aspecto exterior de las personas está en camino de ser idiota.

Estudiante. Vivimos encarretados por tener un cuerpo físico bello y bien cuidado con dietas y spa que por un desarrollo interior, consecuencia de una educación fundamentada en enseñar los valores materiales, dónde el éxito se mide sólo por logros como un buen puesto, un sueldazo, una tremendo apartamento, un carrazo y un cuerpo de fisicoculturista para impresionar a las chicas.

Estudiante. Eso nos ha llevado a mirar únicamente el aspecto material en una persona. A juzgarla por la ropa de marca que usa, el cuerpo atlético, el carro lujoso, el reloj, el IPod o el celular.

Estudiante. El sistema educativo y los medios de comunicación nos tienen como caballos de los zorreros: ¡mirando al frente nada más!  Y en esta sociedad de pasarelas, modelos, reinas de bellezas y hombres lindos, sólo tenemos ojos para apreciar la belleza física. ¡Nos tienen jodidos! (Risas en el salón)

LOBITO. El premio Nobel de literatura,  Mario Vargas Llosa, dice que vivimos en la “Sociedad de la Farándula”, donde es más importante una reina de belleza que un científico,  un chef que un intelectual o un mafioso que un profesor universitario. Tenemos ojos para ver lo superficial. Lo superficial sólo lleva a lo superficial a la mediocridad. Lo superficial jamás puede llevar a lo profundo del ser, a la trascendencia a la conciencia universal. Las olas en la superficie desconocen los misterios y la belleza de las profundidades abismales.