ciegoCuento No. 12—EL CIEGO Y LOS SOLDADOS. En un pueblo, cerca de la gran ciudad donde el rey tenía su palacio, vivía un hombre ciego que era conocido por todos. La fama del invidente se debía a que era capaz de distinguir el ruido de las pisadas de una vaca a las de un toro. A falta del sentido de la vista, el hombre había agudizado el oído al punto de describir el carácter, la personalidad y el aspecto físico de quienes le hablaban. Una vez estaba sentado sobre una piedra, a la orilla de un camino, cuando oyó una voz que le preguntó:

–¡Hey, tú, pelmazo! ¿Has estado sentado aquí toda la mañana?

–Así es, señor –respondió lacónicamente.

–¿No oíste a un escuadrón de soldados trotar por este camino?

–No señor, no escuché nada.

Luego de este corto diálogo se presentó un segundo hombre quien lo indagó:

–¡Ciego, idiota, dime! ¿Escuchaste ruido de soldados marchar por este camino?

— No señor, no escuché nada. Sólo el trino de pájaros.

–¡Hey, tú, pelmazo! ¿Has estado sentado aquí toda la mañana?

–Así es, señor –respondió lacónicamente.

–¿No oíste a un escuadrón de soldados trotar por este camino?

–No señor, no escuché nada.

Luego de este corto diálogo se presentó un segundo hombre quien lo indagó:

–¡Ciego, idiota, dime! ¿Escuchaste ruido de soldados marchar por este camino?

— No señor, no escuché nada. Sólo el trino de pájaros.

Un rato después, el ciego escuchó una tercera voz que le preguntó:

–Señor: ¿Escuchó usted a unos soldados marchar por este camino?

–Así es, señor. Hace media hora que pasaron.

Finalmente, otro desconocido se paró frente a él y, colocando una de sus manos sobre el hombro, le dijo en tono cortés:

–Mi estimado hombre, por favor, agradecería muchísimo me informara si escuchó hombres marchando a lo largo de este camino.

El ciego tomó la mano del amable caballero y contestó:

–Así es, apreciado rey. Antes de usted, esa misma pregunta me la hizo un soldado, luego la repitió un capitán y, por último, uno de sus ministros.

El monarca quedó maravillado de la habilidad del ciego para distinguir las personas. Indagó al hombre a que le enseñara el secreto.

–Respetadísimo re, el habla es la prueba de la verdadera crianza. La lengua es un fiel reflejo de la personalidad.

El rey se despidió del ciego al cual premió con una bolsa de monedas de oro.

________________________________________________________________

LOBITO—¿ Les gustó el cuento ?

ESTUDIANTES—Es un cuento cheverísimo

ESTUDIANTES. — Uno debe hablar amablemente a todos, esa es la valiosa enseñanza de este cuento.

LOBITO—Asi es, Ser amable con todos. Hablar amablemente a todos…es actitud propia hombres sabios