papaAmar a quien te ama, es fácil; odiar a quien te odia, también es fácil, esto lo hace casi todo el mundo en todas partes, lo divino es amar a quien te odia. Esta es la verdadera práctica espiritual que conduce a Dios. En la aritmética de la Biblia por cada millón de personas “uno llega a mí”.

Si fuéramos capaces de perdonar el daño que nos hacen los demás, la mayoría de los problemas que tenemos con otros se resolverían al momento, El perdón es una formula mágica que tiene el inmenso poder de resolver conflictos y hacer desaparecer resentimientos enfermizos anidados en el corazón humano por mucho tiempo. Un persona resentida es una persona enferma.

El perdón es un acto de heroísmo y un acto divino. Amas a Dios cuando perdonas el daño que te hacen los demás. El perdón lleva a la reconciliación interna, a la paz con uno mismo, a la paz mental y a la paz con el otro. Es como el encanto de la plata cuando se regala a quien la necesita, produce un registro interno muy agradable; tal vez más agradable que quien la recibe. Porque el dar es superior que el recibir. La mano que da va arriba y la mano que reciba va abajo.

Perdonar es un acto de grandeza espiritual. De este tamaño es la ganancia interna cuando se perdona. Además, al no perdonar, está en juego, nada más y nada menos, que nuestro crecimiento interior, quedando estancado. El crecimiento espiritual es lo único en la vida del hombre que crece y no decrece, mientras que todo lo demás en la vida del hombre sube y baja con el tiempo. Al no perdonar nos estamos deteriorando internamente. Nuestro crecimiento espiritual queda estancado.

El perdón es un acto de amor divino; lo otro, los besos, las caricias, el sexo, es amor humano. Pero quede claro que este perdón no se refiere a ir y arrodillarse ante el otro y pedirle perdón. Aquí estamos hablando de reconciliación interna, de sacar del corazón esos kilotes de odio, resentimiento, ira, venganza, etc.

Y cuando el corazón esté vacío de toda esa basura psicológica, entonces será fácil abrazarnos quienes estábamos resentidos. Uno primero limpia la casa de la suciedad antes de traer a los invitados.

“PERDÓNALOS SEÑOR, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”, Enseñó Jesús.

Si en verdad la persona resentida supiera el enorme daño que se hace a si misma al no perdonar, téngalo por seguro que rápidamente perdonaría. Cuando usted coge el perro a palos y luego lo llama, el animalito, al instante, se te acerca batiendo la cola y te acaricia. Es increíble que un animal pueda perdonar al momento y el ser humano requiera de años para hacerlo.

“En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello, y casi lo estrangulaba, mientras le decía: “Págame lo que me debes”. El compañero se le arrodilló y le rogaba: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el Señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.”