MAYIJosé Antonio tenía muchos problemas y estaba deprimido, entonces decidió hablar con su mejor amigo a quien le contó todas sus tragedias. Éste, luego de escuchar atentamente los infortunios de su compañero, le dijo:

–Mira, José Antonio, en la vida hay que tener fe en algo, así sea en uno mismo o en una piedra, de lo contrario la vida se vuelva una carga muy pesada de llevar. Mi consejo es que te apoyes en Dios, no importa la forma que escojas para adorarlo. Si haces esto, te aseguro que una nueva energía te iluminará a buscar soluciones inteligentes a tus problemas.

A José Antonio le pareció razonable el consejo de su amigo, de modo que resolvió ponerlo en práctica. Fue a un almacén de artesanías y se compró una estatua de Jesús, labrada en madera de cedro. Llegó a su casa entusiasmado y colocó la imagen sobre una mesa. Allí elaboró un altar con flores, espermas e incienso. Durante un mes rezó a Jesús pidiéndole solución a los problemas que lo martirizaban, pero el tiempo pasaba y la situación continuaba igual. Entonces comenzó a dudar. Llegó a pensar que Jesús no lo escuchaba y de nuevo se deprimió. Optó por volver a hablar con su amigo.

–Escucha, José Antonio –le dijo el amigo– La fe hay que construirla poco a poco. Es como levantar un edificio. Nadie hace un rascacielos en solo día. Es un proceso lento de ladrillo sobre ladrillo, piso por piso, pared por pared, hasta que la edificación se termina. La fe se construye con ayuda de la razón. Además de rezar debes leer textos sagrados que te llenen de devoción. Debes rodearte de gente buena. Todo eso alimenta la semilla divina que vive dentro de ti.

–¿Tú a que santo o qué Dios le rezas que te ha ido tan bien? –le preguntó José Antonio a su amigo.

–Yo tengo mi fe puesta en el Buda –contestó él con sinceridad.

José Antonio se despidió de su compañero, pero mientras caminaba para su casa un extraño pensamiento salió a flote: Buda debería ser un Dios más poderoso que Jesús, pues su amigo no tenía problemas y siempre se veía alegre. Así que fue al almacén y se compró una estatua del Buda. Llegó feliz a su habitación dispuesto a cambiar de fe. Tomó la estatua de Jesús y la metió en el guardarropa y en su lugar colocó la imagen del Buda. Trajo barras de incienso aromático y las prendió poniéndolas a los pies del iluminado. El agradable olor se esparció por todo el cuarto, pero notó que el viento llevaba la columna de humo hasta el ropero y se incrustaba en él por una rendija. Abrió el closet y comprobó que la fragancia refrescaba el rostro de Jesús. Cosa que no le gustó. Sacó el pañuelo del bolsillo de su pantalón y le tapó la nariz al Nazareno para que no oliera el delicioso perfume.  Cerró el guardarropa y volvió a su postura de meditación frente a la imagen del Buda.

Al rato escuchó un ruido en el ropero, como si alguien estuviera encerrado en él, se puso de pie y fue a buscar el origen del extraño sonido. Abrió la puerta del guardarropas y…

¡Sorpresa!.. Jesús, esbozando una angelical sonrisa y amorosa mirada. le dijo:

–Durante un tiempo me trataste como un pedazo de madera sin vida, pero cuando me tapaste la nariz con la tela, me diste la vida que me negaste como estatua.

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—LOBITO: Apreciados estudiantes: ¿ Qué comentarios le merece este cuento?

—Devi: Cambiar de fe no soluciona el problema. Dios es uno y el mismo, lo que cambia con el tiempo es la imagen o el personaje. No hay necesidad de salirse de acá para pasarse para otro credo.

—Leonardo: La gravedad es la misma en todo el planeta y cambiar de lugar para una mejor afectación me parece absurdo. La gravedad nos afecta a todos por igual.

—LOBITO. El oro es un solo y las joyas muchas. Un anillo, una cadena, un reloj, unos  aretes, un collar, son formas diferentes que el artesano hace con el oro, pero el oro es el mismo en todas esas formas. La divinidad, en diferentes épocas de la historia del hombre, se ha manifestado como Rama, Krishna, Buda, Jesús, Jehová, etc. Las formas corporales han sido diferentes pero Dios en ellos es el mismo.  No importa la forma que una persona elija para practicar su fe, lo esencial es el sentimiento con que se hace la práctica devocional.

–Catherine. El amor es un sentimiento que tiene la magia de hacer que todo el tiempo se esté pensando en el ser amado y cuando uno le pide algo lo obtiene. El amor a Dios no debe ser  algo pasajero, debe ser permanente día y noche. Si uno hiciera lo mismo con Dios, pienso que siempre sería escuchado. Tratar a Dios no como una imagen en un papel, un foto o una estatua, no creo que sirva de nada porque no hay vida en eso.

—LOBITO. Si Dios hace un milagro de sanación a un cristiano, éste dice que fue Jesús quien lo curó. Si el mismo milagro sucede a una persona de fe budista, afirma que el Buda lo curó, y si ese mismo milagro sucede en una persona de fe en Krishna, asegura que Krishna fue quién lo sanó. Así va con todas las diferentes fes. Lo increíble es que quien hace el milagro de la sanación es el mismo Principio Divino que está en todos los seres humanos. Quien finalmente cura son las energía divinas presentes en todos las personas. Jesús, Buda, Krishna, o cualquier otro Dios sólo son MOVILIZADORES DE LAS ENERGÍAS ESPIRITUALES QUE HAY EN TODOS. Esto es lo que sucede cuando en las iglesias suceden sanaciones por montones. La desnudez de una mujer moviliza la energía sexual que está en todos los hombres. No importa de que nacionalidad es la mujer.

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NOTA…Todos estos cuentos se encuentran en el libro de LOBITO….”LA VIDA ES COMO ES”