¿Por qué duele la muerte de la mascota?

mascotasNo podemos saber cuánto apego afectivo produce la relación con una mascota, cómo tampoco podemos cuantificar la falta que hace cuando muere. Este lazo afectivo que se teje con la mascota es muy fuerte y profundo porque se hila de una relación donde la mascota está siempre dispuesta a complacernos con su presencia y con sus caricias; y como no puede hablar se hace entender con el idioma de las miradas tiernas, de los sonidos ininteligibles, de las volteretas de circo y de los movimientos espontáneos.

La mascota no exige nada a cambio del afecto que da ni de la compañía que brinda. No se queja del mal trato, devolviendo ojo por ojo, al contrario devuelve alegría por dolor y, lo más increíble, ¡jamás se resiente por lo que le hacen ni anda en el plan del desquite! Tienen la maravillosa capacidad de perdonar al instante, no necesitan el paso del tiempo para que les baje el resentimiento generado por el mal trato, que es lo que hacen los humanos.

Una mascota da lo mejor de sí para complacernos, lo que hace que se establezcan vínculos muy sólidos, sentimientos muy fuertes que pocas veces se da entre los mismos humanos. La mascota “huele” nuestros miedos y nuestros temores con tal grado de comprensión que es capaz también de olfatear nuestras tristezas.

A la mascota siempre se le ve alegre, nunca hace mala cara, igual que nunca reclama el desprecio recibido de parte del dueño. Es fiel hasta la muerte, es expresiva todo el tiempo, es cariñosa de manera espontánea porque no finge los sentimientos. Responden al afecto con afecto, a los mimos con mimos, a las órdenes con ruidos y miradas, obedeciendo lo que se les dice o lo que se les ordena.

Por todo esto, y porque una mascota en ningún momento es fuente de sufrimiento para el dueño, es que duele tanto su muerte dejando un vacío interno difícil de llenar.

En el amor a la mascota se cumple el principio divino que dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Alfonso LOBITO Amaya