LA VOLUNTAD DE DIOS

(Bhagavad Gita, pp. 58-62)

1978613_10205650990895620_7067416750954261695_n“Paramahamsa dice: "Quien llega a conocer que sólo es un instrumento en las manos del Señor, no tiene sentimientos egoístas. Es consciente de que sólo es una herramienta con la que Dios hace Su trabajo". El hombre no hace daño a nadie. El veneno del egoísmo ya no está en él. El cuchillo de acero se convierte en un cuchillo de oro cuando toca la piedra filosofal. Aunque la forma de cuchillo sigue estando presente, ya no se usa para cortar. Asimismo, el Sabio iluminado retiene una individualidad aparente, pero ninguna actividad nacida de la ignorancia ocurre en y a través de él.

El Señor Omnipresente no toma nota del mérito o demérito de nadie. Lo-Que-Es es siempre perfecto. La luz de la Conciencia Universal queda ocultada por la oscuridad de la ilusión, y así es como los seres humanos son engañados.

Este verso destruye firmemente el concepto de un Dios sentado en algún lugar sobre las nubes, mirando y llevando la cuenta detallada de cada pecado y de cada buena acción realizada por el ser humano, para que el individuo pueda ser premiado o castigado a su debido tiempo. Debe quedar claro que tal concepto está empapado de ignorancia. Tal concepto no puede prevalecer si uno está convencido de que ninguna acción puede ocurrir excepto por la voluntad de Dios. Si aceptamos totalmente la voluntad de Dios, la voluntad personal no puede existir, y, por lo tanto, no puede surgir la cuestión del pecado o del mérito.

Este concepto evocará inmediatamente un argumento del tipo: "Si es la voluntad de Dios que cometa un asesinato, ¿por qué debería ser castigado por ello?" La respuesta es asombrosamente simple: no hay ningún "tú" que sea castigado o recompensado; ha sido la voluntad de Dios, y el destino de ese organismo humano, que se cometiera el asesinato, también es la voluntad de Dios, y el destino de ese organismo, ser castigado por ese acto.

La única voluntad que puede prevalecer en cualquier momento es la voluntad de Dios (“Hágase tu voluntad “, dice El Padre Nuestro), y ha de verse que él mismo (el individuo) no es sino un instrumento en manos de Dios. Es cuestión de, o bien una rendición completa a Dios, o un fuerte sentido de elección personal, autoría personal de la acción y responsabilidad personal: lo uno es conocimiento, lo otro es ignorancia.”