Cuento: El Soldadito Valiente.

(Alfonso Lobo Amaya)

7e183f0d7ebe0320bf249989499ea7db_lEn la época de la colonia, año de 1810, Colombia no era un país libre como tal vez lo es hoy en día; eran los tiempos de la colonia, donde los españoles nos gobernaban y explotaban, aunque hoy en día lo siguen haciendo de una forma más sutil mimetizados como bancos y empresas. Para alcanzar la independencia hubo muchas batallas entre los españoles o Realistas como los llamaban y los Criollos o colombianos, éstos últimos guiados por el Libertador Simón Bolívar.

El ejército Realista era comandado por el despótico y arrogante coronel José María Barreiro, hombre de unos veintiséis años de edad, formado en la escuela de Artillería de Segovia, España. Oficial fornido y diestro en el manejo de las armas. Los dos ejércitos, Realistas y Criollos, se enfrentaron en una voraz batalla en la región de Tunja, en el departamento de Boyacá.

Bolívar había llevado al campo de guerra a Pedro Pascasio Martínez, un muchacho campesino, de escasos trece años, nacido en Belén de Cerinza (Boyacá) el 20 de octubre de 1807, al cual había sido nombrado como Ordenanza con la misión de cuidar sus caballos, entre ellos el famoso Palomo. El mozalbete había sido reclutado por Bolívar allá en Belén de Cerinza cuando el Libertador venía de atravesar la cordillera de los Andes desde Venezuela.

Pedro Pascasio Martínez era un muchacho humilde y pobre. Debido a la rudeza de los oficios del campo se le veía fuerte, sano y alegre. El poco dinero que le daba el Libertador lo enviaba a sus padres.

Entonces llegó el día de la batalla final, siete de Agosto de 1819. Era de noche en los campos de Boyacá, donde El Libertador Simón Bolívar obtuvo la gran victoria sobre el ejército Realista, en menos de dos horas, asegurando de esta forma la independencia de Colombia. La astucia y la táctica del Libertador, junto a la gran arremetida de Santander en el puente sobre Teatinos, lograron la victoria republicana.

El coronel Barreiro, viendo que había perdido la confrontación en donde cayó prisionera la tercera parte de su ejército, con excepción de ciento cincuenta soldados realistas que huyeron despavoridos, resolvió huir del terreno. Pensaba escapar y pedir refuerzos a España para conformar un nuevo ejército. Pedro Pascasio Martínez se dio cuenta del acontecimiento, que había pasado inadvertido para los demás.

El soldadito valiente, armado con una lanza, alcanzó al fornido coronel español que se había escondido detrás de unos barrancos que bordeaban el río. Cuando el militar vio que el muchacho se le venía encima, acosándole con terribles lanzadas que chocaban contra su coraza de hierro, metió las manos en su cinturón y sacó una faja repleta de oro. Al tiempo que se las ofrecía le dijo:

–Mira, muchacho, son todas para ti si me dejas escapar.

El soldadito miraba la cara del oficial sin dejar de amenazarlo con su lanza.

–Aquí tengo más oro, observa. –metió de nuevo la mano al bolso y sacó una cantidad aún mayor. También se quitó los valiosos anillos que tenía en ambas manos y se los ofreció.

–Usted está detenido, señor. Si trata de escapar lo mato –amenazó con pulso firme el soldadito del campo.

–No seas estúpido, muchacho. Déjame ir. Con todo este oro podrás vivir el resto de tu vida sin trabajar. Además, tu familia lo necesita. Bolívar te paga unas cuantas monedas que no alcanzan ni para comprarte un par de botas.

Barreiro continuó sacando oro y joyas de sus bolsillos, pero el soldadito no aceptó nada.

El libertador Simón Bolívar quedó estupefacto cuando vio que el máximo comandante del ejército Realista había sido capturado por el mozalbete que cuidaba sus caballos. Abrazó fuertemente al chico y le dijo:

–Muchacho: eres el soldado más valiente que ha estado en mi ejército. El hombre que acabas de capturar es el enemigo más peligroso que ha tenido la patria.

El gobierno central condecoró al soldadito valiente con el máximo honor: La Orden de Boyacá. Por la heroica acción fue ascendido a sargento y recompensado con cien pesos y cuando llegó a la vejez el Congreso le asignó una pensión de veinticinco pesos.

FIN

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NOTA: Cualquier parecido con la conducta de los militares de hoy en día es pura coincidencia.