a-la-sombra-de-su-luzDios y la sombra

(Alfonso Lobo Amaya. Autoconocimiento)

 

La sombra no tiene vida propia y carece de atributos. No es fea ni bonita, ni buena ni mala, ni vieja ni joven, ni gorda ni delgada porque es bidimensional. No tiene ningún atributo porque no existe independientemente y al no existir no tiene libre albedrío ni destino ni liberación ni realización ni nada. Tampoco nace ni muere porque no tiene nacimiento y, por lo tanto, lo que no nace no puede morir. No existe separada porque siempre está unida a la fuente que la proyecta.

Sin luz no puede haber sombra y en la oscuridad no tiene existencia, no porque se mimetice con la oscuridad sino porque no existe, es decir, no existe por sí misma. No puede hacer lo que le plazca porque no tiene vida propia y, al no tener vida propia, no tiene libre albedrío o la capacidad de decidir, de escoger de seleccionar esto o aquello.

No se le puede matar porque no es real, no existe. Las balas, el fuego o las bombas no la afectan. Camina sobre el agua y no se moja, pasa por entre el fuego y no se quema, anda entre la basura y no se contamina. Todo lo que la sombra aparenta hacer es llevado a cabo por la fuente que la origina. Ella no hace absolutamente nada. No hace su voluntad porque no la tiene.

La fuente que la proyecta y la sombra son una y no se pueden separar, como no se pueden separar la humedad del agua, ni la inhalación de la exhalación en la respiración ni la diástole de la sístole en el latido del corazón.

¡Sorpresa!.. ! Dios es la fuente y el ser humano es su sombra!…!Nunca existen separados! por eso Jesús afirmaba: “Mi Padre y yo somos uno”. Igualmente decía: “Hágase tu voluntad más no la mía”. Todos los seres vivos sobre la tierra son sombras de Dios, por lo tanto no hay nacimiento, ni muerte, ni libre albedrío ni destino.

Pero el ego humano, en su colosal ignorancia y soberbia, se cree hacedor de todo lo que hace y de todo lo que le sucede y, con este falso condicionamiento, se atribuye el mérito de los triunfos y la culpabilidad por lo “mal hecho”.

Creerse el hacedor es el más grande impedimento para alcanzar la iluminación o comprensión de cómo son en realidad las cosas y, así, el hombre vive engañado, crece engañado, sufre y muere engañado, desconociendo que Dios es la fuente única de todo este mundo visible e invisible al ojo humano. Todo lo que el hombre percibe por sus sentidos sólo son reflejos o sombras de Dios y, por ende, no existe nada en este universo que no sea una proyección de Dios.

Lo que lleva el hombre a sostener esta falsa idea de creerse hacedor de todo lo que hace, es el arraigado condicionamiento religioso y conceptual que va desde la cuna hasta la vejez.

Cuando un niño nace, crece y se desarrolla en una familia de ladrones termina creyendo que robar no es malo. Se le vuelve normal el robo y lo justifica con mil argumentos.

¿Qué pensaría usted si una sombra hablara y le afirmara que tiene libre albedrío y es dueña de su destino?

Esta gigantesca estupidez es la misma cuando el ego del hombre afirma que él es el hacedor de todo lo que hace.

LOBITO