QUINTA ENTREGA

5.– LA MENTE Y LOS PROBLEMAS

(Experiencias espirituales con un Maestro del Advaita)

roberto y lobitoCometí el error de no gravar estos satsang con el maestro ROBERTO PINZÓN. Fueron charlas espontáneas, matizadas de anécdotas, símiles y enseñanzas de otros sabios del Advaita. Nunca teníamos temas fijos a dilucidar, sólo tratábamos sucesos personales, cosas de familia y del trabajo, experiencias metafísicas con Sai Baba, anécdotas significativas de sus pacientes o de mis estudiantes en el curso de Autoconocimiento que dicto a ingenieros en la U. Nunca pensé en grabar porque supuse que Roberto viviría más de noventa años, como insinuaban las líneas de sus manos. Las citas para los satsang eran en su consultorio médico, de tres a seis de la tarde. Roberto tenía un aura que irradiaba paz y serenidad, algo así como el fresco que se siente cuando hace calor intenso y uno se refugia debajo de un árbol frondoso. Un día en un satsang, yo sabía que Roberto pasaba por difíciles problemas económicos y de salud, pero a pesar de la delicada situación, lucía relajado, fresco y sonriente; no dejaba su buen humor; todo lo volvía broma. ¡El buen humor es un síntoma inequívoco de personas inteligentes! Entonces le pregunté:

— Roberto: ¿Cómo puedes estar tranquilo con tan duros problemas que enfrentas?

— ¿Cuál problema?, mi querido Lobito. El problema no existe –dijo sonriendo.

— Cualquier persona con esos problemas no podría dormir –respondí

— Mi querido Lobito, yo duermo muy bien porque el problema no existe.

— ¿Cómo que el problema no existe? ¿Cómo niegas un problema que está frente a tus narices? ¿Me puedes explicar?

— Mi querido Lobito: El problema existe porque piensas en él, pero si no piensas en él el problema no existe.

— ¡Ah!, me huele al “Pienso, luego existo”, de Descartes, el filósofo francés –acoté.

— ¡Exacto!, Lobito. La física cuántica dice lo mismo; que las cosas existen porque las veo; lo que no veo no existe para mí, así exista para otro. Si pienso en el problema, luego existe, pero si mi mente no está allí, el problema no existe y no me afecta. Y como tú dices, es el “Pienso, luego existo” de Descartes. Si no pienso en el problema, luego no existe, entonces sería: “No pienso, luego no existe”. En el sueño profundo los problemas, las angustias y las expectativas no existen porque la mente no está allí para registrar y evaluar problemas. Si alguien con una enfermedad va a la cama y queda en sueño profundo, la enfermedad no existe, pero se levanta, inmediatamente la mente se activa el problema existe de nuevo. Cuando un recuerdo llega a tu mente, él existe para ti en ese momento, pero si el recuerdo no afluye a tu mente no existe. Como yo no pienso en el problema económico ni en mi enfermedad, ellos no existen. Existen para el observador, como dice la física cuántica.

— Me puede ilustrar con un ejemplo real lo que dices.

— Mi querido Lobito, aquí va uno de tantos. Una vez tuve sentado aquí un paciente de nombre Raúl, cuando entró al consultorio cojeaba de una pierna, quejándose de un fuerte dolor de ciática. Con dificultad se sentó en la silla y comenzó a describirme el fuerte dolor en la pierna que no lo dejaba ni dormir y las dificultades en el trabajo, pues era ingeniero de sistemas y permanecía horas sentado frente al computador. Había pasado casi media hora cuando de pronto sonó su celular y se puso a hablar agitado, de pronto se le subió la bilirrubina a la cabeza y se dio a gesticular con las manos y a responder con palabras soeces, entonces se puso de pie y salió del consultorio a la sala, luego vino a mí se excusó y se despidió. Dijo que iba a su oficina a solucionar un problema y regresaba. Se fue caminando rápido. Dos horas después volvió. Ya no cojeaba y se sentó en la silla con las piernas cruzadas. Le pregunté qué había pasado con el dolor en la pierna, no respondió, estaba sorprendido porque el dolor de la ciática había desaparecido por todo el tiempo que su mente se había desconectado de él y se había conectado con el problema de la oficina Así mi querido, Lobito, cuando la mente está presente el problema existe. El truco es llevarse la mente para otra parte. Como siempre tengo mi mente en el “Yo soy”, el problema no existe para mí y, por tanto, no hay afectación. Dios Inventó el hambre, pero también la comida; inventó la sed, pero también el agua; inventó la enfermedad, pero también la medicina e igualmente el problema con la solución. Dios inventó el problema y también la solución, ambos vienen juntos El problema y la solución son siameses, nacen juntos.

Estas maravillosas enseñanzas, a las que llamo “Principios-guías” para u vivir en sabiduría” me servirían enormemente, más tarde, para superar un cáncer que me tocó afrontar.

((Alfonso Lobito Amaya)