Noveno satsang con ROBERTO PINZÓN G. (Maestro del Advaita)

270064_214406835272621_3291487_n9.—MAYA O ILUSIÓN

–Lobito. Querido Roberto: Según la doctrina Advaita, la multiplicidad de este mundo fenoménico es solo “Maya” o irrealidad. La realidad es que solo hay Dios y lo demás es “Maya”. Según la doctrina Vedanta, “Maya” se identifica con ‘materia’, como la fuente del universo visible. En la religión de los shivaístas “Maya” es uno de los tres nudos que atan al alma a este universo material junto con el karma y el ego. Según los budistas, “Maya” es la duplicidad. Según la tradición, y en el marco de la mitología hindú, “Maya” es la personificación de la energía ilusoria: ‘ilusión’, materia, en contraposición con el espíritu y etc., etc., etc.

–Roberto. Mi querido Lobito, parece que estás bien documentado. ¿Cuál es tu inquietud?

–Lobito. Me gustaría que hoy tratáramos este concepto “Maya” de forma más comprensible. Pienso que el término se presta a malos entendidos en algunos y confusión para otros. Así escucho que alguien dice a otro: “despréndete del carro que es solo Maya”, dando a entender que “Maya” es apego a las cosas materiales porque todo eso es sólo ilusión, dando a entender que este mundo material, en el cual vivimos, es solo “Maya”. ¿Tú qué opinas al respecto?

–Roberto. Mira Lobito. Si “Maya” fuera sólo apego a las cosas materiales, entonces un hombre rico, en un solo día, podría regalar todos sus bienes materiales y quedar liberado de “Maya”, alcanzando la iluminación. Mira, así como el sueño sucede, igual la vida sucede. Todo sucede. No hay “alguien”, “un hacedor”, haciendo que todo suceda. Cuando estás dormido te olvidas de ti mismo, y mientras duermes el mundo sigue andando sin tu participación, o sea que no haces nada para que el mundo funcione porque eso no depende de ti, depende de un Poder Superior que popularmente llaman “Dios”, otros “Conciencia”.

–Lobito. Mira, Roberto, es el caso del glóbulo rojo en el cuerpo. Es tan diminuto que en la cabeza de un alfiler caben unos cinco millones, pero él no sabe que está dentro de una enorme estructura llamada cuerpo. Y lo que hace toda su vida, distribuir la sangre y el colesterol, son funciones dirigidas por las leyes de la fisiología del cuerpo humano, pero él piensa que él hace eso. ¿Es Maya?

–Roberto. Sí, “Maya”. Creerte hacedor, que tienes libre albedrío para decidir hacer esto o aquello, creerte autor de lo que hace, es “Maya”. Una botella, con agua de mar, sumergida en el fondo del mar, mira a través del vidrio y se ve separada del mar. No acepta que ella es el mismo mar que la rodea. “Maya”, es cuando la conciencia encapsulada en el cuerpo se cree diferente de la Conciencia Universal y se cree un cuerpo-mente.

–Lobito. Como el caso del actor en una obra de teatro, que hace el papel de rey, vestido con ropas de rey y viviendo en un palacio y mientras dura la obra se cree rey, pero cuando se acaba la obra se pone la ropa de diario y se va para su humilde vivienda. Aquí “Maya” sería creerse el rol o papel que nos toca desempeñar en esta corta obra de teatro que es la vida de todos los días, ¿cierto, Roberto?

–Roberto. Así es, mi querido Lobito. “Maya” o la ilusión es creerse hacedor de lo que se hace y que uno tiene libre albedrío para decidir sobre las cosas.

–Lobito. O sea, Roberto, que el mal entendido de que “Maya” son solo los apegos a las cosas o las personas, ¿no es del todo cierto?

–Roberto. De acuerdo. El apego a las cosas materiales y a la familia no es tan dañino como si lo es creerte un cuerpo-mente, autor de todo lo que haces. Observa que cuando la basura en la calle tapa la alcantarilla el agua de lluvia no puede fluir, entonces se estanca y se pudre produciendo malos olores. De la misma manera, la basura mental, creencias falsas y conceptos estúpidos, como creerte que solo sos un cuerpo-mente y hacedor de todo lo que sucede, tapona el crecimiento interno y no deja fluir las energías espirituales que fluyen hacia el despertar del conocimiento de sí mismo o iluminación.

–Lobito. En los Vedas se lee que “Maya” es esta manifestación. ¿Cómo interpretas esto?

–Roberto. Si el sol está en el cielo, los rayos de luz existen, pero si no hay sol no hay rayos. Si el presenciador de la vida (Yo soy) no está presente, como en el sueño profundo, “Maya” o la manifestación tampoco existe. Todo lo que se ve en un sueño o en vigilia es “Maya”. Cuando sales del sueño y pasa a vigilia dices que todo lo soñado no era real, eso es “Maya”, y cuando te vas a dormir desaparece la manifestación de la vigilia que considerabas real.

–Lobito. Te entiendo. Dios existe porque el ser humano afirma su existencia, pero si el ser humano desaparece de la tierra, ¿quién afirma la existencia de Dios? La duda es que cuando estoy en vigilia o despierto todo lo que me sucede es real. Tú preguntarías: ¿real para quién? … ¡Para mí!, responderías, y ¿quién ese “mí”? Te diría que ese “mí” es el presenciador de la vida que desaparece en el sueño profundo. Roberto: En este momento que hablamos, tú estás enfermo. Entonces, como la enfermedad es “Maya” ¿no sufres?

–Roberto. Sufre el cuerpo, pero no yo. La enfermedad es para el cuerpo no para mi ser real. El presenciador de la vida no se enferma nunca, ni tampoco muere. “Maya”, igual que el destino, es para el ego.

–Lobito. Me alegra saber que podrías morir pronto y que ese evento tan traumático no te afectaría.

–Roberto: Ja-ja-ja, mi querido Lobito. Yo ya estoy muerto para el mundo. Cero deseos, cero expectativas, cero resentimientos, cero culpabilidades, la aguja está en cero para todo. Maya=Cero.

–Lobito. Si un chico o un adulto joven lee esto que dices, ¿no estarías induciendo a que ellos no tengas metas o propósitos de vida?

–Roberto. Los muchachos y los adultos jóvenes, por supuesto, deben hacer planes, tener metas y propósitos de vida y luchar por sacarlos adelante, ya que están vivos. Cuando afirmo que estoy muerto para el mundo, lo estoy afirmando a los ochenta años, cuando tenía veinte o treinta años no pensaba así. Mi querido, Lobito, este “Conocimiento” es para nosotros los viejecitos.

–Lobito. Ja-ja-ja…

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Alfonso LOBITO Amaya. Enero 11/2017