CHARLAS SOBRE ESPIRITUALIDAD

Satsang No. 11//// con ROBERTO PINZÓN G. (Maestro del Advaita)

11.— LOS SUPUESTOS MENTALES

13934701_10154505860394073_1946573408710187365_nLa palabra “aura” es utilizada para referirse a una aureola luminosa y polícroma que rodea al ser humano, animales y plantas. En diferentes culturas, el ser humano ha sido consciente de la existencia de esta "nube de luz". En la prehistoria hicieron en cuevas dibujos de figuras rodeadas de una especie de halo; los jefes indios americanos y chamanes simbolizan el aura en sus tocados de plumas, los faraones egipcios en sus tiaras, las representaciones religiosas sobre las cabezas de ángeles. Tal vez las aureolas que rodean el cuerpo o la cabeza de los santos y grandes iluminados, aluden al fenómeno de esta misteriosa energía espiritual.

Galeno y Paracelso, señalaron la existencia de una sustancia luminosa que impregna el universo y cuyo desequilibrio podría dar origen a numerosas alteraciones. Más tarde, a partir del siglo XVII, cualquier intento de demostrar esta teoría sería ridiculizado o destruido, y no sería hasta principios del siglo XX con el descubrimiento de la fotografía Schlieren y más tarde con la fotografía Kirlian, cuando pudo verse que, en efecto, tal y como aseguran las numerosas tradiciones, los organismo vivos poseen un campo electromagnético (doble energético) que irradia una luminiscencia imperceptible a simple vista y que varía dependiendo de nuestro estado físico y emocional..

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Miguel Ángel fue un paciente beneficiado por el Dr. Roberto Pinzón G. Miguel sufrió un accidente en un Transmilenio lo cual le generó una severa patología neuromuscular. Miguel gastó millones de pesos en un tour por las EPS y los consultorios médicos privados de Bogotá sin conseguir mejoría. Roberto lo sanó casi en un 90%. Ayer, hablando con Miguel me confesó que tenía la extraña sensación de ver y sentir dos personalidades de Roberto cada vez que iba a consulta. Una, era un Roberto Pinzón amable y humorista, cuando abría la puerta de la casa y otro, el Roberto Pinzón sentado en la silla del consultorio donde sufría una inexplicable metamorfosis de personalidad pues parecía un patriarca bíblico, envuelto en un halo invisible, en un aura de sabiduría con una mirada infinita, perdida en el Sí mismo. Esta revelación de Miguel no me sorprendió porque desde hacía tiempo yo venía experimentando esa misma situación cada vez que iba a los satsang. Pensaba que eran cosas de mi imaginación. Uno era el Roberto Pinzón, jovial, cariñoso, que saludaba con abrazo al abrir la puerta y otro, el que se hacía en la silla del consultorio para hablar de Advaita. Yo percibía, claramente, el cambio en su rostro, el brillo en sus ojos bondadosos, en sus ademanes pausados y en su voz cargada con la seguridad de un matemático explicando una compleja ecuación, con la cual aclaraba los conceptos del Advaita. Fue un hombre sabio envuelto en un halo misterioso de luz espiritual, que dedicó su vida a ayudar a los demás, practicando al pie de la letra el lema de Sai Baba: AMA A TODOS SIRVE A TODOS.

–Roberto. Mi querido Lobito, ¿cómo vas con el Autoconocimiento en la universidad? ¿Qué tema estás trabajando con los estudiantes?

–Lobito. Los supuesto mentales. Les enseño, a través de experiencias significativas, que la mente es una voz en la cabeza, muy mala consejera.

–Roberto. ¿Tienes anécdotas para ilustrar y clarificar ese tema?

–Lobito. Sí. Antier tomé un taxi para la universidad ECCI y el conductor quiso saber si era profesor allí y le dije que si, en la facultad de ingeniería mecánica. Luego manifestó que él quería estudiar esa ingeniería, pero que ya era muy viejo. Le insinué que lo hiciera de noche. Me respondió así:” Mire profesor, tengo 35 años y cuando termine la carrera, en el 2024, tendría 42, para entonces no conseguiría trabajo. Si hoy un profesional joven no consigue trabajo, menor lo haría yo con 42”. Esa experiencia la cuento a los estudiantes para que comprendan el daño psicológico que hacen los supuestos mentales. entonces les pregunto, ¿por qué el taxista no procede a estudiar?, ¿Qué se lo impide?

–Roberto. Indudablemente lo que impide al taxista estudiar son los supuestos mentales. Los supuestos mentales generan estrés mental: preocupación, inseguridad, incertidumbre y miedos que paralizan la iniciativa de las personas. Un supuesto mental es una conclusión estúpida de la mente para no dejar actuar. Este es el problema con los supuestos mentales que inactivan a la persona no dejándola llevar a cabo los planes. El taxista, aunque tiene los recursos de tiempo y dinero, no procede a estudiar y hacer una carrera profesional porque sus conceptos mentales, sus supuestos mentales, lo bloquean. Mira que no es el dinero ni la falta de tiempo lo que no lo deja ir a la universidad sino lo que el taxista supone que va a suceder siete años después. Uno se pregunta: ¿cómo carajo sabe el taxista que en el 2024 no conseguiría empleo? Se necesita ser vidente para afirmar una cosa así. Esto es lo que él supone, y lo grave es que está dando por hecho un supuesto mental, es decir, dio por verdadero que esa situación, siete años después va a hacer cómo él la supuso. El segundo supuesto mental es que el hombre piensa que los tiempos no cambian, que las situaciones se quedarán como están todo el tiempo, desconociendo que la única constante universal es el cambio. Todo en el universo está, a cada momento, cambiando. Entonces, ¿cómo pretende el taxista que la situación de hoy permanezca igual hasta el 2014? Esto es absurdo ya que nada puede permanecer estático. Definitivamente, mi querido Lobito, se necesita ser vidente para saber de antemano los sucesos que se van a dar en el futuro. Tamaña estupidez esto de estar suponiendo cosas y dando por hecho que así van a suceder. ¿Tienes más anécdotas?

–Lobito. Si. Esta fue en casa con mi esposa, mientras desayunábamos. Como era fin de mes y estábamos sin dinero, dije a mi esposa que llamara a Gloria, una amiga que nos debía un dinero. Mirándome a los ojos me respondió: “Mira, Lobito, es fin de mes y Gloria no tiene dinero; además, son las siete de la mañana y ella no está en la empresa”. Cuando me dijo eso, supe que estaba utilizando dos supuestos mentales; uno, que Gloria no tenía dinero y el otro que no estaba en la empresa. Intencionalmente, por segunda vez, mirándola a los ojos, le dije de nuevo lo mismo: que llamara a Gloria, su amiga, a ver si nos pagaba el dinero. Dejó de comer y con ojos de Leo (los Leos son explosivos) me respondió: ““Mira, Lobito, es fin de mes y Gloria no tiene dinero; además, son las siete de la mañana y ella no está en la empresa”. Y agregó: “¿No entiendes lo que te he dicho?”, y volvió a meter la cuchara en el plato y siguió comiendo.

–Roberto. Ja-ja-ja. ¿Entonces? …¿Qué hiciste?…

–Lobito. Entonces, mi querido Roberto. Como sabía que era víctima de dos supuestos mentales, por tercera vez le repetí: “Porque no llama a Gloria a ver si nos paga el dinero…”. ¡Ah!, y ahí fue Troya, pues tiró la cuchara y, con ojos explosivos, me gritó. ¡Qué no me va a dejar desayunar ¡…

–Roberto. Ja.ja.ja. Eres muy valiente, mi querido Lobito, enfrentar a un Leo malgeniado. Luego, ¿cómo terminó eso?

–Lobito. Entonces le respondí. “Tengo muchos años de vivir con usted y hasta hoy me entero que usted es vidente. Vaya sorpresa, no sabía que tenía una esposa vidente”. Al momento me refunfuñó: “¡Por qué me dice eso!”. Ahí mismo le respondí: “Cómo diablos sabe usted que Gloria no tiene dinero y que no está en la empresa? No se da cuenta que lo que afirma son dos supuestos mentales que usted toma como verdades y entonces usted no actúa.” Me miró a los ojos, pero no me respondió. Se había quedado sin argumentos. Enseguida tomé el teléfono, marqué el número de Gloria, y se lo puse en la oreja. Quedó muda cuando oyó la voz de Gloria, desde la empresa, diciéndole que pasara por el dinero que se lo tenía listo. La estocada final a esos supuestos mentales fue cuando le dije: ¡Gloria si está en la empresa y si tiene el dinero!

–Roberto. Qué buena anécdota.

–Lobito. Sí, pero me costó el desayuno.

–Roberto. Ja.ja.ja. Nada es gratis en esta vida, mi querido Lobito.

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