¡ ESTOY CUMPLIENDO 447 AÑOS !

(Por: Alfonso  Lobo Amaya. “Lobito”))

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¡Para participarles a todos que hoy 14 de diciembre estoy cumpliendo años!

He envejecido, alegremente, al unísono con el eco de las oraciones a la virgen del madero, allá en el frondoso bosque de La Torcoroma.

He encanecido al compás de los cánticos devocionales matutinos a Jesús Cautivo, en la piedra, en su iglesia en el barrio El Carretero.

He marchitado al tañido de las promesas incumplidas del jinete fantasma, Antón García de Bonilla, en la iglesia de Santa Rita.

Me he añejado con el olor de las fragancias del incienso de las procesiones de Semana Santa,

y he dormido plácida bajo las silentes y  auspiciosas sombras del Cristo Rey y de la Santa Cruz en los cerros tutelares.

Nací de una aventura de mi fundador Francisco Fernández de Contreras,

quien vino desde España para bautizarme en las aguas cristalinas y refrescantes del río Catatumbo, que zigzaguea alegre y cantarín,

como ondulante serpiente de cristal por el Valle de los Hacaritamas,

tierra de Leonelda Hernández, la hermosa y valiente Búrbura que enfrentó a la Inquisición Española.

Mis coordenadas son:

por el Norte: 180 grados de poseía,

por el Sur: 90 grados en las artes bellas,

por el Oriente: 90 arpegios musicales

y por el Occidente: 360 grados de talento.

Fui hechizada por tres poetas conocidos como LOS FELIBRES:

Adolfo Milanés (Euquerio Amaya), encontró el alma del agua “sobre el lecho arenoso de las fuentes exhaustas” y rezó por ella! Quién lo creyera!

Luis Tablanca (Enrique Pardo Farelo) Con  su “Tierra Encantada” y  “Una derrota sin batalla”.

Edmundo Velásquez (Santiago Rizo Rodríguez) con “Sus cabellos eran como románticas espigas batidas por el viento”

Cuando Simón Bolívar se enfermó vino a mi regazo para que lo curara con los veinte grados de mi respiración cálida,

con las agüitas aromatizadas de barbatuscas, con las tortas elaboradas con ciruelas Cocotas,

con las apetitosas arepas rellenas de aguacate y cebollas rojas cabezonas, pero por sobretodo, con la cautivante sonrisa de una de mis hijas: Bernardina Ibáñez

Soy madre, abuela, bisabuela y tatarabuela, y cual viejecita de cabellos de nieve,

tengo hijos, nietos y bisnietos, todos agradecidos que suspiran por mí,

como José Eusebio caro quien se ufanaba de que yo fuera su madre,

Cada vez que cumplo años llegan de todas partes a consentirme, pero también están los hijos desagradecidos

que con su mal comportamiento me hacen sufrir.

Bueno, pero lo importante es que sigo viva en el corazón de todos que me recuerdan siempre con nostalgia y alegría,

y a quienes yo también quiero con el mismo amor del pájaro por el viento, de la abeja por la flor o del río por el mar

¡”Ah! Que un recuerdo me ahoga y me sofoca la entraña”…!

Cordialmente: OCAÑA

OCAÑA