A las siete de la mañana Lubín llegó al río Algodonal, distante cinco
kilómetros de Ocaña. Ascendió por la colina y alcanzó el bosque:
árboles frondosos, de variadas formas y tamaños diferentes crecían por
todas partes. Era una vegetación refrescante, olorosa y agradable que
embriagaba el alma de contento.
El muchacho dejó el morral en el suelo y se puso a escudriñar el lugar.
Su tío Efraín Amaya le había asegurado que en ese sitio encontraría los
mejores árboles de Navidad. Pero ……………….

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