el-condorÉrase un niño que vivía en una casa grande de madera junto a la playa en Cartagena. Todos los días el pequeño caminaba por la arena, con un tarro de vidrio grande en sus manos, recogiendo piedras de colores, caracoles y conchitas las cuales juntaba para vender a los turistas. Un día quedó estupefacto porque el mar se había vuelto negro; negro como el betún que mami brilla los zapatos. Sucedió que un enorme barco cargado de petróleo se estrelló contra otro que estaba repleto de animales y el petróleo se derramó, el mar se contaminó y los peces murieron.

El niño siguió caminando por la playa cuando escuchó un perro que ladraba fuerte, fue a investigar los ladridos y vio al animal mostrando sus dientes a una masa negra que tenía patas y pico y que se arrastraba como gusano por la arena. El niño le tiró palos y piedras al perro para correrlo; creyendo que la cosa negra era un cangrejo lo echó en el tarro de vidrio y lo llevó para su casa.

Un vez allí, fue al lavadero y con cepillo y pasta dental lo restregó harto quitándole el petróleo. Se sorprendió cuando vio que la cosa negra con patas y pico no era ningún cangrejo ni tampoco un pez, era un cóndor pequeño que venía en el barco con los otros animales. Luego de mucho cepillarlo vio que el cóndor estaba blanco como hoja de papel.

El cóndor se miró en el agua y se puso triste porque no tenía colores y no quería comer. Al niño le dio mucho pesar y trajo su maletín del colegio, sacó una caja de crayones y se puso a pintarlo, le dibujó muchas rayas y cuadritos de colores como si fuera un ajedrez y los cuadritos los rellenó de diferentes colores.

Para que se secara con la brisa lo puso en la ventana, entonces pasaban los turistas y con los teléfonos celulares le sacaban fotos y dejaban propinas.

Pasaron muchos años y el niño creció y se volvió un pintor muy famoso que se llamó Alejandro Obregón.