“…El miedo me había paralizado. De pronto escuché el grito de mi compadre Pedro Julio
advirtiéndome que no me moviera. El animal siguió avanzando por la mitad del puente.
Tomé aire y aguanté la respiración. Una serpiente de dos cabezas llegó hasta donde yo
estaba parado y se detuvo a mis pies; pensé que se iba a trepar por mi pierna izquierda, pero
siguió derecho; pasó por sobre mis zapatos y continuó arrastrándose en dirección adonde
aguardaba Pedro Julio. Enseguida el disparo certero le voló las dos cabezas; el cuerpo
quedó retorciéndose en forma repulsiva. Pedro Julio sacó la navaja para despellejar el
animal, pero éste, en nuestros propios ojos, se convirtió en un pez con patas que se fue
corriendo y se sumergió en el río. Desconcertados por lo que nos acababa de pasar …..

 

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