Sexta charla con ROBERTO PINZÓN G. (Un Maestro del Advaita)

6.—LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL

1450152_10151993342158570_157401685_nEmpatía: capacidad innata para reconocer y comprender las experiencias de otras personas y comunicarse en un mismo nivel de conciencia. Roberto Pinzón y yo teníamos similar empatía espiritual. Antes de comenzar el satsang me preguntó:

–Querido, Lobito; ¿Cómo es tu historia de la búsqueda espiritual?

–Mira, Roberto: En mi casa, murió una tía que tenía una niña pequeña; antes de fallecer de cáncer, dijo que al mes volvería para llevarse a su hija. Le suplicamos que dejara la niña con nosotros, la cual sería una hija más en nuestro hogar. No aceptó. Días después murió y al cumplirse el mes de su fallecimiento, la niña amaneció muerta. El médico conceptuó muerte natural. Ese evento marcó mi vida y me di a buscar repuesta a tan inaudito suceso. Me metí a la parasicología y practiqué las cartas Zener, para comunicarme con mi tía a través de la percepción extrasensorial, cómo no funcionó, me fui a la Rosacruz AMORC de Max Heindel. Luego, en la universidad, me enganché con el espiritismo, pero me salí y me fui a la Gnosis de Samael, donde hice limpiezas de auras, exorcismo y rituales con los elementales. Me salí y entré al Humanismo de Mario Rodríguez Cobo (Silo), y estuve unos años con él. Me retiré y me fui para “El Cuarto Camino de Gurdieff” y de ahí pasé a grupos de Krishnamurti, luego a la Hatha Yoga, Kundalini y Bakthi, pero como no encontraba lo que buscaba, finalmente terminé donde Sai Baba.

–¿Y al fin encontraste las repuestas a tus inquietudes? –me preguntó sonriendo

–Mi querido Roberto: Las encontré con Sai Baba y contigo. Más que repuestas intelectuales fueron experiencias espirituales y metafísicas las que disiparon mis dudas. De las experiencias con Sai Baba escribí el libro “Trece experiencias con el Avatar””, el cuál Baba firmó. ¿Y cuál ha sido tu camino espiritual hasta hoy, Roberto?

–Igual que tú, querido Lobito. Viví muchos años en Venezuela y por mi profesión de médico hice de médium espiritual de José Gregorio Hernández Cisneros, médico, venezolano reconocido por su solidaridad con los más necesitados y recordado por su caridad, generosidad, rectitud y servicio a los pobres. Después pasé a la Rosacruz antigua y luego a la Francmasonería. También pasé por La Sociedad Teosofía de Helena Blavatsky y más tarde en la Escuela Arcana con Alice Bailey. También estudié la obra de Lafayette Ronald Hubbard, fundador de la Cienciología. En fin, mi querido Lobito, igual que tú, fue un camino largo, de muchos años, para también terminar donde Sai Baba y el Advaita Vedanta o Jana Yoga. Se acabó el camino y larga búsqueda termina cuando se llega conocimiento de sí mismo o último conocimiento.

–Roberto: ¿Se puede llegar a lo mismo sin necesidad de tanta trocha y de tanto andar?

–Mi querido Lobito, para subir a Monserrate hay dos formas; por el sendero, a pie; caminata de más de una hora, llegas a la cima sudoroso y cansado o puedes tomar el teleférico, desde donde se aprecia el paisaje y llegas en cinco minutos. Para llegar a la comprensión última el teleférico es el Jnana yoga o Advaita Vedanta. Los otros caminos también sirven, pero son senderos largos y sudorosos. A nosotros, por destino, nos tocó el camino a pie. Hay casos, por ejemplo, como el de Ramana Maharshi, NIsargadatta Maharaj, Shankara que usaron el teleférico. Podíamos comparar el Jana yoga como quien tiene una sola novia por un tiempo, se casa con ella y forma un buen hogar, pero hay otros que para llegar a lo mismo tienen muchas novias y amantes para finalmente dar con la mujer que van a formar un buen hogar.

–Después de tantas novias (senderos) ¿cómo hiciste para finalmente tomar el teleférico’ ¿Qué pasó?

–Mi querido Lobito. Ese baloto me lo gané en India, luego de una entrevista con Sai Baba, me llamó aparte del grupo, a un pequeño salón, me preguntó, mirándome a los ojos, que, si él era mi Sadgurú… con certeza le respondía ¡Yes! Fue cuando puso su mano sobre mi cabeza. Salí de ahí totalmente cambiado, en un estado de conciencia de unidad con todo, me sentí extraño y esta sensación me duró varios días.

–Roberto: ¿Tú eres mi Sadgurú?

Roberto, me miró a los ojos y soltó una sonora carcajada como si hubiera escuchado un buen chiste. Se paró de la silla y vino a mi lado, yo estaba sentado. En vez de ponerme la mano en mi cabeza me clavó una aguja de acupuntura en el Brahma-randhra (centro de la mollera). Me sentí liviano como pluma.

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