LA ENCERRONA MENTAL

puerta_a_la_sabiduriaEn muchos lugares de la tierra hay cantidad de personas que se encuentran encarceladas, amarradas a una cadena de hierro, pero hay mucha más gente, en todos los países, que están encerradas en una cárcel psicológica, amarradas a una cadena mental, elaborada con conceptos. Los conceptos son los mismos pensamientos o formas mentales. De todo lo que lee, de todo lo que ve y de todo lo que oye la mente se nutre y saca conclusiones con las que construye su propia prisión conceptual, su celda psicológica.

Así como la naturaleza del agua es fluir, la naturaleza de la mente es divagar. La filosofía hindú compara la mente con un mico que salta de árbol en árbol, de rama en rama, sin quedarse quieto, muerde todos los frutos y los tira sin comerse uno completo. Igual la mente salta sobre los mismos recuerdos, placenteros o dolorosos, sobre los mismos ayeres repletos de sufrimiento y se llena de miedo al pensar que se pueden repetir. ¡Jamás un evento de destino en la vida de una persona se repite igual dos veces!

Como las lunas de los planetas que siempre dan las mismas vueltas, todos los días la gente divaga sobre los mismos pensamientos y las mismas situaciones y se llenan de los mismos temores y los mismos miedos por las expectativas negativas sobre un futuro incierto; y como los recuerdos no envejecen, ni los resentimientos se marchitan, se meten en una encerrona mental que, al que igual que un pez en pecera, un pájaro en jaula, o alguien sobre una bicicleta estática, se esfuerzan, pero no van a ninguna parte. En palabras de Einstein: “No hay nada más estúpido que el estar haciendo lo mismo todos los días y esperar resultados diferentes”.

En esta encerrona mental, elaborada con falsos conceptos, conclusiones erradas, creencias condicionantes, miedos futuristas, puntos de vistas distorsionados y, lo mismo que un perro amarrado a un poste que sólo avanza hasta donde le permita la longitud del laso, finalmente la encerrona mental permite pensar hasta la longitud de los conceptos, terminando cercenando la creatividad, la naturalidad y la espontaneidad de la persona para convertirse en un repetidor de todo lo que ve, oye o lee. Pero lo más conflictivo es que el ego, engendrado por la encerrona mental, se molesta y se vuelve agresivo con todo aquel que no comparta con él las mismas estupideces.

Así como las nubes no dejan ver el sol, aunque el sol está al otro lado, la encerrona mental no deja ver la vida como realmente es, no deja ver la indescriptible realidad interior, mucho menos deja ver la verdad de lo que realmente somos, la conciencia divina que va más allá del plano físico perceptual, desconociendo de esta manera la maravillosa dimensión espiritual que jamás la mente brillante del mejor escritor pudiera imaginar. Porque lo que hay más allá de la física, lo metafísico, no se puede encasillar en simples palabras gramaticales.

Limitar lo ilimitado (Dios) a unas simples leyes físicas o encasillarlo en una definición gramatical es como pretender meter un hipopótamo en una caja de cerillas.

La verdadera esclavitud es la encerrona mental.