rosa_de_fuego

Rosaígnea

En el basurero municipal vivía Rosaígnea. Sus padres eran campesinos desplazados que sobrevivían del reciclaje de la basura y habían construido una casa con pedazos de madera, cartones y láminas que se encontraban diseminados por el lugar. Rosaígnea era hermosa, de grandes ojos redondos y amarillos. La trenza negra y larga llegaba a la cintura. Su sonrisa encantaba a todos. Tenía seis años y era feliz al lado de sus padres. Como no estudiaba, Rosaígnea pasaba los días ayudando a sus padres, juntaba cartones y latas. En sus ratos libres jugaba con tarros vacíos, botellas, pedazos de vidrios de colores que encontraba en el sitio y los juguetes rotos que los niños ricos botaban.

Al comienzo de la primavera, un hallazgo alegró su vida. En un pedacito de tierra descubierta, adonde todavía no llegaba la basura, la niña encontró un capullo de rosa meciéndose al viento; rebosante de dicha, tomó unos palos y construyó una cerca para protegerlo de los animales que merodeaban el lugar. A partir de ese día, Rosaígnea se levantaba temprano a recoger gotas de rocío en un frasquito de vidrio; con esa agua alimentaba a su amiga y le susurraba canciones. Al paso del tiempo el frágil capullo creció libremente, el tallo se hizo fuerte y salieron las primeras hojas. Una tarde, un suceso la llenó de inmensa felicidad. El capullo abrió sus pétalos y dejó escapar el aroma guardado en su interior. Cuando Rosaígnea inhaló la fragancia, sintió que había recibido el mejor regalo de cumpleaños.

Pero una noche Rosaígnea escuchó el ruido ronco de un carro que penetraba al lugar. Asomó su carita por la ventanilla de cartón. Sus ojos se horrorizaron cuando vieron que una volqueta con desperdicios se disponía a dejar caer la fétida carga sobre el tesoro que ella cuidaba, entonces salió corriendo hasta la flor y se arrodilló al pie de la planta y la protegió con su pecho.

Por la mañana, cuando sus padres se levantaron y vieron que la niña no estaba en la cama, fueron a buscarla. Luego de un tiempo de infructuosos esfuerzos, pidieron ayuda a los vecinos; pensaban que Rosaígnea había sido raptada. El sitio se llenó de gente de toda clase y luego de una búsqueda milimétrica la encontraron sepultada por la basura, abrazada a la rosa que continuaba intacta. El caso salió por la televisión. Días después el basurero fue limpiado por los recicladores y lo sembraron con rosas.

Es el rosal más grande del mundo y se llama Rosaígnea porque las rosas que crecen allí son rojas y brillantes como carbones encendidos.

((MICROCUENTOS DE LOBITO))