UNA BELLA MUERTE

734639_372475219517884_1677667526_nNos conocimos cuando estuvimos en las filas de la Gnosis, para entonces Esther era sacerdotisa del templo y yo sacerdote. Al paso de los años me salí de esa hermandad espiritual y ella permaneció allí; dejamos de vernos por mucho tiempo. Varios años después, nos volvimos a encontrar en Bogotá, para ese momento ella vivía con su madre, con su esposo, con una hermana, un cuñado, cuatro perros y un pájaro. El pájaro, un hermoso cardenal guajiro, después de su muerte sería la mascota de mi casa por quince años.

Una vez reiniciada las relaciones de amistad la visitaba los fines de semana, en su apartamento que quedaba cerca de mi trabajo: Eran charlas amenas sobre filosofía espiritual, esoterismo, metafísica y experiencias internas. Fueron pasando los años y se fueron muriendo todos. Primero murió su madre, luego su hermana, más tarde su cuñado y finalmente su esposo y quedó sola con sus perros y el pájaro.

Era una mujer maravillosa, espiritual, bondadosa, tierna, alegre, que amaba con el alma a los animales y a las aves. Una persona recta en todo el sentido de la palabra. Pero todos cometemos errores. En vida de su esposo tuvo todo el dinero del mundo, viajó a otros países, compró lo que quiso, pero no ahorró. A pesar de que siempre le insistía que ahorrara para la vejez, no tomó mi consejo creyendo que los buenos momentos de dinero son por siempre. Los últimos años de su vida quedó sola; derivó el ingreso económico de dar masajes corporales a algunas actrices de televisión con unas excelentes cremas faciales que ella misma creó con productos naturales, pero su salud se deterioró y la artritis no le permitió seguir en esa actividad y los ingresos llegaron a cero. Escasamente podía alimentar a los perros. La gran falla fue que no cotizó pensión ni se afilió a ningún sistema de salud.

Una tarde llegué a visitarla y casi no podía hablar por culpa de una persistente y estruendosa tos. Pálida, escuálida y ojerosa, lloraba por sus perros a los cuales no podía alimentar. Procedí a llevarla donde un médico amigo en la clínica del Country (Dr. Carlos Cuellar) quien luego de examinarla y sacarle radiografías de los pulmones, el médico me llamó para decirme, en voz baja, que Esther tenía un avanzado cáncer pulmonar, y que por mucho viviría unos meses. En ese momento, Esther era una mujer sola, sin dinero y enferma. Y para completar el doloroso cuadro, el único hijo que tuvo en vida, estaba en otro país en una cárcel. Son estas situaciones cuando se pone en duda la misericordia de Dios.

Llegamos a su apartamento y una vez controlada la tos por la medicina, con los cuatro perritos en su regazo, le conté lo que pasaba. Quedó impactada por la noticia y calló. De sus ojos tristes rodaron lágrimas silentes que los cariñosos animales lamieron de sus mejillas. Entonces le conté la historia del libro del Bhagavata-purana donde el rey Parikshit, quedándole siete días para morir, consigue la iluminación con la guía del vidente Sukadeva.

Se quedó por un rato en silencio, y con ojos húmedos, me pidió que, antes de morir, le ayudara con tres cosas: ver a su hijo, que le enseñara a llegar a la experiencia espiritual y que cuidara a sus perros y al pájaro. ¡Le cumplí las tres!

Averigüé la dirección de su hijo y le escribí una extensa carta relatándole la situación de su madre enferma. Por los siguientes tres meses, por las tardes le enseñé Advaita, vimos videos del maestro espiritual Sathya Sai Baba y le di a tomar Vibhuti (ceniza). Le enseñé meditación en la luz, la practica de la Presencia en el Ser y el desapego por lo material. Y su aura tomó el brillo de luz blanca Led.

Y el último día antes de morir, al lado de su hijo…!Tuvo una maravillosa experiencia espiritual!

Esa mañana me dio un abrazo fuerte y cariñoso y, con ojos brillantes de luz espiritual, me dijo que iba a morir al día siguiente.

— “¿Cómo sabes que morirás mañana?”, –le pregunté asombrado, respondió:

–“Esta mañana, al amanecer, escuché ruidos en la sala, bajé de la cama y fui a verificar…¡Quedé atónita cuando vi la sala llena de palomas blancas…!palomas de luz blanca!…!que hacían ruido al volar¡ Estaban por todas partes e inundaron el apartamento. Sentí una Presencia Divina, como viento cálido, acariciando mi rostro.

–“¿Pero cómo sabes que morirás mañana?” –le pregunté de nuevo

–“”Anoche soñé contigo y con Sai Baba. Tú estabas vestido con una túnica blanca y Sai Baba con su túnica naranja. Cada uno al lado de mi cama donde yacía acostada, limpiaban mi cuerpo astral con algodones blancos que luego se volvían negros y los tiraban a la basura. Fue cuando intuí que iba a morir, porque Sai Baba dijo que ya estaba lista para partir””

Al día siguiente, Esther amaneció muerta en su cama. “Murió dormida”, conceptuó el médico. Subí a Monserrate, con su hijo, y tiré sus cenizas sobre los lirios blancos, en una bella mañana de sol y canto de pájaros.