LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL

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Los tigres no cazan ratones, son los gatos.

Los gatos trepan a los tejados, pero no escalan montañas majestuosas, son los tigres quienes logran esta hazaña.

Las águilas no cazan lombrices, son las gallinas.

Las gallinas caminan escarbando el suelo, tienen alas, pero sólo vuelan unos pocos metros.

Las águilas vuelan miles de kilómetros por el cielo y alcanzan lugares inhóspitos.

Los murciélagos chupan sangre y viven cabeza abajo, con la vista en el suelo.

Si chuparan la grasa del cuerpo humano valdrían su peso en oro.

El hombre moderno, en todas partes, persigue cosas materiales (ratones)

y camina con la vista en el suelo buscando encontrar cachivaches (lombrices).

Y chupan la sangre de los ignorantes (murciélagos), explotándolos sin consideración.

El buscador de lo espiritual trepa montañas de dificultades, elevándose por alcanzar la visión de lo Supremo.

Dirige su vista a su interior (mirada interna) anhelando hallar en su Si Mismo la Herencia Divina latente en su corazón.

El buscador de lo spiritual, extrae el néctar divino de los textos sagrados, de las enseñanzas de los santos y de los seres realizados.

Sabe que la odisea de la vida humana termina en la fusión de lo individual con lo universal;

como una estatua de sal que echada al mar se vuele océano.

En palabras de Jesús: “Mi Padre y Yo somos uno”.

ALFONSO LOBO AMAYA (“Lobito”)