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ESCLAVITUD MENTAL

  • Posted by on January 27, 2016 at 9:05 AM

¿ DE QUÉ SOMOS ESCLAVOS ?

(Alfonso Lobo Amaya)

6a019b01a97a40970c019b04b82bf2970d¡Somos esclavos de nuestros conceptos!…!Conceptos de todo tipo: religiosos, culturales, sociales, psicológicos, filosóficos, científicos! Somos esclavos del condicionamiento socio-cultural del lugar donde nacimos, crecimos y nos desarrollamos. Somos esclavos de los miedos y temores que nos inculcaron en casa, en la iglesia y en el colegio. Los conceptos son una prisión mental, una celda, construida con barrotes psicológicos, paradigmas y contradicciones.

Cuando un niño se porta mal, se le mete miedo, se le dice que va a venir el “Coco” (ogro) y se lo va a comer. Con la idea de Dios, las religiones hacen la misma cosa, el mismo condicionamiento, el mismo chantaje, Al niño se le enseña que hay un Dios en el cielo, pero este Dios es como el “Coco”. ¿Va a ir un niño a rezarle al “Coco” para que lo proteja? Somos esclavos a los castigos de Dios en el más acá y en el más allá, porque nos han hecho creer en un Dios, graduado en contaduría, que lleva la estadística de las “malas” y “buenas” obras. La contabilidad de nuestras acciones (karma como lo llama el hinduismo).

Nos rellenaron como una morcilla, no de arroz y cerdo, sino de temores, por lo cual hay tanto miedo y sufrimiento en nuestras vidas. Temor al fracaso, temor a perder lo que tenemos, temor de no alcanzar lo que deseamos, temor a la muerte, temor a que nos desprecien, temor a perder el puesto, temor a que no nos tengan en cuenta, temor a hacer el ridículo, temor a perder el examen, temor a perder el dinero, etc.

Con la esclavitud conceptual pasa lo mismo. Casi nadie ve el sufrimiento en la vida lo originan los conceptos condicionantes que se camuflan como verdades religiosas.” Mientras tenga el concepto: “esto está bien”, “esto está mal”, “hay que hacer esto”, “no hay que hacer eso”, es estar sometido a la esclavitud de una religión, obedeciendo reglas, rituales, mandamientos, preceptos, lo cual todo ello impide llegar a la verdadera esencia o naturaleza de lo que en verdad somos.

Jesús decía que “para entrar al reino de Dios tendríamos que ser como niños”. Esta metáfora señala que la mente de un niño no está llena de conceptos que originan el sufrimiento. Como un niño no tiene la cabeza rellena de conceptos, por eso siempre se le ve contento y feliz. El reino de Dios es la Paz Interior que sólo se puede llegar a ella cuando en la mente está vacía de conceptos condicionantes. Según sean los conceptos que una persona tiene así será su comportamiento.

El concepto “tiempo”, todo el lío y el sufrimiento que genera al ignorante. Así como la sombra no existe sola, así el “tiempo” no existe solo. La sombra es una propiedad de la luz y el tiempo es una propiedad del espacio. Un año de vida es una órbita del planeta tierra (movimiento) alrededor del sol. En el reloj, cuando el minutero da una vuelta completa (movimiento), se dice que ha pasado “un minuto de tiempo”. ¿Cuál tiempo si solo es movimiento de una aguja alrededor del centro? Sin embargo se escuchar decir que “está perdiendo el tiempo” (?) ¡Cómo perder lo que no existe! Igual se escucha la frase: “que el tiempo no me alcanza” (?) ¡Cómo va a alcanzar lo que no existe! El tiempo es un concepto en física, no una realidad física. El tiempo es relativo y es una categoría mental. Por eso se habla de tiempo cronológico o tiempo reloj y de tiempo psicológico.

“Todas las religiones que hay, son sólo un montón de conceptos. A alguien le agrada un concepto en particular y lo pasa a sus discípulos y consigue seguidores. Entonces no pueden obtener la paz o la satisfacción eterna”.

LOBITO

NO TE CREAS NADA HASTA QUE LO VERIFIQUES

  • Posted by on July 19, 2014 at 3:40 PM

 

descarga“Es más fácil destruir el átomo que destruir una creencia a una persona”. (Einstein)

¿Qué ha hecho el hombre con sus enfermizas creencias religiosas? Ha generado muy poca dicha, felicidad o contento en su vida, pero sí vomitado cantidades de odios religiosos, celos, rencores y resentimientos concentrados, desórdenes e injusticias sociales, guerras y muertes a granel, y diferencias entre ellos mismos y en sus propias familias. Las creencias han sido y son fuente de contradicción y sufrimiento en la vida del hombre.

Krishna, en el Bhagavad Gita, nos puso a indagar sobre nuestra verdadera esencia. Buda nos sentó en la posición flor de loto o Padmasana y nos puso a meditar. Jesús nos hizo hincar y nos puso a rezar. Mahoma, espada en la mano, nos puso a pelear. Sai Baba nos puso a cantar.

El dilema con las creencias, sobretodo las religiosas, es que además de confundir y obnubilar a las personas, llegan a la cima de la estupidez humana al convertirlas en fundamentalistas religiosos o fanáticos extremistas, entes irracionales capaces de cometer actos extremistas y acciones autodestructivas como aquellas de amarrarse explosivos al cuerpo y hacerlos detonar en cualquier lugar matando a personas inocentes, ancianos y niños indefensos

El problema álgido del fanático religioso, sea de secta religiosa o de grupo espiritualista, es que asume conductas atípicas, prepotentes y dominantes que destruyen la armonía de las relaciones familiares, deterioran las relaciones laborales y los lazos de amistad, ya que donde llega el fanático religioso asume el rol de predicador, queriendo imponer sus creencias a los demás, convencido hasta los tuétanos que él sólo tiene la razón y que los demás andan equivocados, transitando por el camino del error que conduce al averno, orco, tártaro, báratro o cualquier otro nombre que las religiones dan al infierno.

Permítame ilustrar el texto con situaciones que he vivido en carne propia: Los fines de mes nos reuníamos, en el barrio de Santa Isabel de Bogotá, en casa de una alegre familia santandereana, integrada por hermanos, primos, tíos, padres y amigos. Escuchamos música colombiana, echamos chistes, nos tomábamos del pelo, las chanzas y los abrazos iban y venían por el amplio salón, las anécdotas sazonaban el ambiente, la comilona santandereana, tamales, arepas y demás viandas era opípara; los jugos, gaseosas y cervezas calmaban la sed de todos, en otras palabras la pasábamos delicioso. Era un increíble ambiente de alegría donde todos nos sentíamos como una sola familia…pero sucedió que la hermana mayor se metió a una secta cristiana, se fanatizó a grado sumo y comenzó a utilizar las reuniones para predicar sus creencias, para señalarnos defectos, para acusarnos de ir el camino del mal, a decir que todos estábamos equivocados y que sólo ella tenía la verdad; además comenzó a presionar para meternos en sus estúpidas creencias, y de tanto dale que dale a la cantaleta religiosa terminó acabando con esas maravillosos reuniones de fin de mes. Hizo dividir el grupo en dos bandos, y entre los mismos hermanos terminaron enemistados y se acabaron las reuniones de integración familiar hasta el sol de hoy.

El otro caso me sucedió con unas excelentes vecinas con las que compartíamos Navidades, celebrábamos cumpleaños, puentes de fines de semana, grados académicos, etc. Solíamos salir fuera de Bogotá, a visitar pueblos y saborear deliciosas comidas típicas colombianos, mejor dicho las pasábamos de lo lindo… hasta que estas queridas personas se metieron al veganismo (práctica de abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal) tan estricto y extremo, a punto tal, que se compraron una balanza para pesar las cantidades exactas de legumbres, frutas y verduras que consumían en sus comidas diarias. Entonces se acabaron las reuniones porque cuando salíamos a pasear era un complique para comer lo que ellas querían y no hacían más que criticar porque no éramos vegetarianos, y con la cantaleta del daño que hace comer carnes de animales muertos y beber cerveza y dale con la criticadera de que todo era malo, hasta que optamos por no volver a visitarlas y negarnos a sus invitaciones.

Las creencias separan, distancian, enemistan, degradan, confunden. Son generadoras de enfrentamientos, fuente de sufrimiento, alimentadoras del odio, fortalecedoras de la ignorancia. Igual causan injusticias, separan parejas, fomentan las divisiones y originan guerras.

Cada quien tiene la libertad de creer en lo que se le venga en gana, pero ninguna constitución o código da derecho a nadie de imponer, a la fuerza, sus creencias, sus fanatismo queriendo meter a los demás en el mismo tarro de las creencias enfermizas.

El respeto al derecho ajeno es la paz, decía el benemérito de las Américas, Benito Juárez.

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