UN SABIO CONSEJO A LOS 105 AÑOS DE EDAD.

 

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A este queridísimo familiar, por parte de mi padre, le decíamos “La tía Elvira”. 

Elvira Quintero murió este año, a unos meses de cumplir 105 años de edad.

Tuve la buena fortuna de charlar con ella, a solas, este año, en la Clínica Marly de Bogotá.

–Lobito: Tía Elvira: ¿me puedes dar un consejo para vivir tranquilo y tener una vida larga?

No quiero que me de varios consejos, pues pasa lo de los mandamientos que son tantos que uno termina no practicando ninguno.

Así que me gustaría me bendijera con un solo consejo para el día a día.  

Cuando terminé de formular la pregunta, ella, con el tubo de oxígeno en la nariz, sonriendo, me tomó de la mano y me miró directo a los ojos.

En el brillo de esos grandes ojos se reflejaba la sabiduría que se obtiene de las experiencias de una vida centenaria. La sabiduría viene de la vida y no de leer libros.

–Tía Elvira: Querido sobrino, “!No vale la pena preocuparse por nada!”—y recalcó con energía— !Por nada de nada!

Luego de decir eso se quedó en silencio, pero sin dejar de mirarme. Entonces le dije:

–Lobito: Pero tía,  usted a los 30, 40, 50 o más años, ¿no se preocupa por nada de nada ?

Con una mirada suspicaz y palmeándome la mano asida a su mano respondió:

–Tía Elvira: !Por supuesto que me preocupaba por todo¡ –dijo con énfasis y agregó— !Pero el método no funcionó, nunca me sirvió para un carajo! Solo desvelarme como una pendeja. Mira; esto es como la cicatrices que una vez te cortas no sanan al día siguiente. Se necesita tiempo para cicatrizar. Fue con el paso del tiempo que entendí que por haberme preocuparme tanto nunca solucioné un solo problema, así, querido sobrino, te estoy diciendo que el método no sirve y ahórrate el desgate emocional que lo único que conseguirás es enfermarte.

Me puse de pie, la abracé con ternura y besando su mano centenaria me despedí. Un poco tiempo después murió en la paz de Dios.