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DIVINOS CONSEJOS

  • Posted by on November 11, 2017 at 7:21 PM

DIVINOS CONSEJOS

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No esperen nada de los demás que ustedes mismos no puedan dar.
Acepten cualquier tipo de ayuda, siempre con una sonrisa
sentimiento de gratitud y reverencia.

No critiquen el servicio que otros prestan.

Asumo diferentes formas con el fin de ayudarlos en esta vida.
Ignorar la ayuda de otros es devaluar el amor que les ofrezco.

Ustedes no tienen derecho a etiquetar el amor que la gente siente por ustedes.
Cada persona demuestra amor de forma única. El amor del padre es diferente al amor del marido.

Tener expectativas sobre los demás sólo servirá para hacerles daño.
Los hará personas insatisfechas con la vida.

El tiempo no espera a nadie, y la vida es corta.
Entonces, abandonen las diferencias,
Y únanse en este amor divino único.

PRINCIPIOS-GUÍAS PARA VIVIR EN SABIDURÍA

  • Posted by on May 21, 2016 at 4:23 PM

consejosMi padre, Lubín Lobo Quintero, fue hombre culto; pacífico y buen amigo. Acucioso trabajador, buen esposo y padre de familia ejemplar. Hijo del boticario Marcelino Lobo, quien fue de los pocos hombres cultos en Ocaña del siglo pasado que tuvo una voluminosa biblioteca con libros de variadísimos temas: textos de medicina, literatura, historia, sociales, filosofía, política, agronomía, etc. De ese ámbito, mi padre se hizo un gran lector. Fue el único hijo varón entre seis hermanas. Además, fue criado en la caserón de los abuelos que era casi media cuadra, con cuatro baños y diez piezas, dos huertas, un extenso corredor, árboles frutales, pájaros y animales domésticos. Todo este ambiente ecológico y culto marcó la mente de mi padre como una mente sana y práctica. Cuando terminé el bachillerato en el Colegio Caro de Ocaña en 1965 y me vine a estudiar a Bogotá, fui el primer hijo, en una camada de diez hermanos, en salir de la casa materna y viajar para la capital de la república para ingresar a una universidad. (La universidad Distrital Francisco José de Caldas: facultad de Ingeniería Electrónica).

El primer viaje que hice a Bogotá él me acompañó. Fue un viaje, en esa época, por carretera destapada desde Ocaña hasta Bogotá, en un bus, creo que de Copetrán, de esos viejos que tenían como espaldar un tubo de hierro. Fue en esos viajes polvorientos, calurosos, tomando tinto y comiendo por la carretera cada vez que el bus paraba, que mi padre aprovechaba esos momentos para darme consejos, los cuales aún conservo no sólo en mi mente y en mi corazón, sino que esos consejos se volvieron pensamientos-guías, principios-guías, que me han servido para enfrentar los embates de la vida en el camino de esta irrealidad existencial. Estos consejos, dados por una persona humilde sin mayor preparación académica que la obtenida en los libros que leyó donde el abuelo Marcelino, tienen profundidad psicológica y filosófica muy cercana a filosofías orientales como el hinduismo. Pero mi padre tenía la particularidad especial de decir lo complicado de una manera sencilla y entendible, pero por sobretodo, aplicable a la vida cotidiana para resolver los problemas del diario sufrir.

1—El rayito de luz. “¿Cuál es el punto de mayor oscuridad en la noche?”, me preguntó, una vez tomando tinto en San Alberto, Cesar. “No sé”, le contesté. “El Almanaque Bristol, dice que es a las cuatro de la mañana”, dijo. “Papá, te confieso que no lo sabía”, respondí. Y luego mirándome a los ojos me preguntó: “¿A qué horas sale el sol?”. Al momento contesté: “A las cinco de la mañana”. Sonriendo me dijo: “Es decir, hijo, que la luz ésta a una hora de la oscuridad”. Se tomó el último sorbo del tinto caliente y oloroso y me dijo con acento paternal: “Cuando tengas muchos problemas en la vida sólo tienes que saber esperar, porque a una hora de distancia está la luz, es decir, la solución. Hay problemas en la vida que se resuelven sabiendo esperar, siendo pacientes, siendo tolerantes, Mira que la oscuridad se disipa con el primer rayito de luz que aparece en el horizonte. Igual en tu cabeza aparecerá el pensamiento luminoso que te hará ver la solución a tus problemas, pero para ello debes permanecer tranquilo, no debes angustiarte y menos maldecir”.

2. —Trabajar por aprender. Este consejo me lo dio en Bucaramanga, en el Parque Centenario, al sabor de un delicioso tamal santandereano con arepa. Cuando estábamos tomando el chocolate a sorbos, puso la taza en la mesa y me dijo: “Es muy probable que con el tiempo tengas que trabajar, bien sea si yo me muero o bien sea que lo hagas como profesional”. Yo dejé de tomar el chocolate pues sabía que me iba a decir algo importante, ya conocía bien a mi padre cuando hablaba para darme consejos porque su tono de voz se volvía patriarcal. “Cuando te toque trabajar no mirés tanto cuánto te van a pagar, más bien ten en cuenta cuánto puedes aprende. Y sobre todo trabájale a una persona inteligente de quien puedas aprender. Es mejor trabajar para un Einstein por poca paga que para ricachòn inculto por un buen sueldo. El conocimiento es para toda la vida, en cambio el dinero va y viene. Así, hijo, procura trabajar para una persona inteligente y culta de quien puedas aprender muchas cosas”. Cuando terminamos el desayuno, yo abrí mi cuaderno y anoté: “Trabajar para una persona inteligente de quien pueda aprender”.

3. —No competir contra el talento de otro. Caminando por la carrera séptima de Bogotá con mi padre, de pronto se paró frente a la placa conmemorativa en donde mataron a Gaitán; luego de un tiempo de silencio dijo. “Este no era un hombre rico ni un empresario poderoso. Este fue un hombre talentoso. Tenía un talento innato y único para la política. Un líder genuino. Pasarán cien años antes de que vuelva a nacer otro hombre así”. Yo permanecí en silencio. Luego me llevó a tomar tinto a una cafetería donde Gaitán lo hacía con sus amigos. Siempre he tenido la costumbre, y aún la conservo, de andar con una libreta en la mano, para cuando se me ocurran ideas anotalas. Luego de escudriñar con la vista la bulliciosa cafetería me dijo: “Mirá, Alfonso, nunca cometás la estupidez de competir contra el talento de otra persona. Hay personas muy talentosas para una u otra cosa. No compitás con ellas, mas bien háztelos amigos y mirá que les puedes aprender. Diles que te enseñen los secretos para desarrollar un buen talento, pero jamás compitás contra el talento de una persona dotada”. Este consejo me ha servido tanto, que cuando mi hija Urania, que es bailarina de Ballet Clásico se fue a estudiar al Instituto Superior de Ballet en Bordeaux, Francia, yo le anoté el consejo un papelito y le dije que no compitiera contra el talento de la mejor bailarina de la academia, que por el contrario se hiciera amiga y tratara de aprenderle la técnica. Al día de hoy, tanto mi hija como yo, jamás cometemos la burrada de competir contra la gente talentosa, siempre asumimos la actitud del aprendiz. ¡Y vaya que nos ha servido!

4. —La amistad. En unas vacaciones de mitad de año, en Ocaña, mi padre me llevó a un almacén para comprar ropa. El dueño del negocio saludó efusivamente a mi padre; yo imaginé que deberían de ser buenos amigos. Luego de empacar la ropa mi padre se despidió con abrazo del señor. Enseguida fuimos al mercado y mi papá me compró huevos de tortuga, ya cocinados, con pan ocañero. Mientras caminábamos hacia mi casa le pregunté: “¿Papá, el señor del almacén es amigo tuyo?”. Una vez terminé de hablar dejó de caminar, me puso su mano derecha en mi hombro y me dijo: “Mirá, hijo: La amistad es cosa seria y rara. Don Carlos, el dueño del almacén y yo no somos amigos. El sólo saca su rol de amable y simpático para conseguir la venta del producto. ÈL hace bien su juego y yo le sigo la corriente, pero eso no es amistad”. Entonces papá, ¿vos no tenès amigos? Sonriendo, como siempre lo hacía, contestó: “Los compañeros del trajo sólo son eso: ¡compañeros de trabajo! Mi vecino es sólo eso, mi vecino. La gente con la que uno trata en la calle, en el comercio, en las cafeterías, sólo son personas conocidas y amables, pero de ahí a que sean amigos hay mucha distancia.” Yo ingenuamente le dije: “pero vos si sos mi amigo”. Al escuchar esto se puso serio y dijo con tono de voz alta: “Mirá, Alfonso, ¿que esa pendejada? Yo no soy tu amigo. ¡Yo soy tu papá! ¿Cuántas veces te he dado de correazos para corregirte y vos te encerrás en tu pieza a chillar?..¿Te aguantarías que un amigo tuyo te diera correazos? ¿Son tus amigos los que te pagan el estudio en Bogotá y te giran todos los meses para tu mantenimiento? Cuando te enfermás, ¿son tus amigos los que te llevan al hospital y pagan la cuenta y luego te cuidan la enfermedad? ¿Son tus amigos quienes te compran la ropa?…entonces… ¿de dónde sacás esa idea pendeja de que yo soy tu amigo? .Que de una vez te quede claro: ¡Yo soy tu papá y Margarita tu mamá! Ella no es ninguna amiga tuya. Mirá. Alfonso, si llegás a los sesenta años de vida con un sólo amigo date por bien servido. Sino querés tener desencantos a cada rato, dejá la pendejada de ponerle en el pecho la placa de “amigo” con quienes tratás. Cuando trabajés, no olvidés que quienes están contigo son sólo tus compañeros de trabajo y no tus amigos. El vecino es solo eso, el vecino, pero no tu amigo. A tu edad uno cree que todos son amigos, pero tan pronto te hagan una mala jugada viene el desengaño. Así que lo más inteligente es llamar vecino al vecino y no amigo; compañero al compañero de trabajo y no amigo. Los filósofos griegos decían que la amistad era un regalo de los dioses del Olimpo. ¡Hay, hijo del alma! Si supieras lo jodido que es conseguir un amigo de verdad. Es más que una lotería extraordinaria. Mirá lo que dijo Jesús: “No hay amor más grande que quien da la vida por un amigo”. Yo o tu mamá daríamos la vida por salvar la tuya. Decime en las lista de tus “amigos” cuántos están listos para ir al juzgado a declarar a favor tuyo o dispuestos a dar la vida por la tuya? Y lo más importante y esto nunca lo olvides: ¡La amistad sólo puede ser entre iguales! Un pobre jamás podrá ser amigo de un rico, porque mientras el pobre se levanta a fiar, el rico desayuna con ostras, manjares y caviar. Un rey nunca será amigo del humilde campesino. Un ministro nunca será amigo del celador de su casa. Una reina jamás será amiga de la empleada doméstica… ¡PORQUE LA AMISTAD SÓLO PUEDE SER ENTRE IGUALES!

Terminado decir esto, mi padre se silenció y cariñosamente me dijo. “Hijo, comete los huevitos de tortuga antes de que se enfríen”.

5. —La Oruga. Disfrutaba con mi padre de un paseo a orillas del río Algodonal, donde hoy está asentado el batallón Militar, sentados sobre las piedras y mientras se cocinaba el sancocho de gallina criolla, a la sombra de un árbol, charlábamos amenamente cuando de pronto se quedó mirando hacia un arbusto y me dijo: “Mirá, hijo, lo que hace esa oruga”. Yo dirigí la vista a donde mi padre señalaba con su dedo índice y vi un gusano, verde y largo en una rama.“Obsérvalo bien: tiene medio cuerpo agarrado de la rama y el otro medio se balancea en el aire buscado la siguiente rama para pasarse”. Efectivamente, miré al gusano y eso hacía. Tan pronto pudo cogerse de la otra rama se soltó de la otra mitad. Por la mirada de mi padre intuí que me iba a dar un consejo y paré la oreja. “Alfonso: no debes soltar lo que tienes hasta no estar seguro. Si estás empleado y te ofrecen otro trabajo, no sueltas el que tienes hasta tanto no sea seguro el otro que te ofrecen. Así debes ser con todas las cosas en la vida. No te dejes llevar por el entusiasmo.” Tan pronto terminó de hablar, me paré, fui al morral, saqué mi libreta y anoté: “El consejo del gusano”. Cuando mi padre murió no dejó herencia para repartir, pero los consejos de mi padre han sido para mi la más grande heredad. Dios bendiga siempre su alma.

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  • Posted by on September 28, 2014 at 10:11 AM

LOS CONSEJOS DE MI PADRE LUBÍN LOBO QUINTERO

Por: Alfonso Lobo Amaya…LOBITO

Profe Lobo 21—El rayito de luz. “¿Cuál es el punto de mayor oscuridad en la noche?”, me preguntó, una vez tomando tinto en San Alberto, Cesar. “No sé”, le contesté. “El Almanaque Bristol, dice que es a las cuatro de la mañana”, dijo. “Papá, te confieso que no lo sabía”, respondí. Y luego mirándome a los ojos me preguntó:“¿A qué horas sale el sol?”. Al momento contesté: “A las cinco de la mañana”. Sonriendo me dijo: “Es decir, hijo, que la luz ésta a una hora de la oscuridad”. Se tomó el último sorbo del tinto caliente y oloroso y me dijo con acento paternal:“Cuando tengas muchos problemas en la vida sólo tienes que saber esperar, porque a una hora de distancia está la luz, es decir, la solución. Hay problemas en la vida que se resuelven sabiendo esperar, siendo pacientes, siendo tolerantes, Mira que la oscuridad se disipa con el primer rayito de luz que aparece en el horizonte. Igual en tu cabeza aparecerá el pensamiento luminoso que te hará ver la solución a tus problemas, pero para ello debes permanecer tranquilo, no debes angustiarte y menos maldecir”.

2. —Trabajar por aprender. Este consejo me lo dio en Bucaramanga, en el Parque Centenario, al sabor de un delicioso tamal santandereano con arepa. Cuando estábamos tomando el chocolate a sorbos, puso la taza en la mesa y me dijo: “Es muy probable que con el tiempo tengas que trabajar, bien sea si yo me muero o bien sea que lo hagas como profesional”. Yo dejé de tomar el chocolate pues sabía que me iba a decir algo importante, ya conocía bien a mi padre cuando hablaba para darme consejos porque su tono de voz se volvía patriarcal. “Cuando te toque trabajar no mirés tanto cuánto te van a pagar, más bien ten en cuenta cuánto puedes aprende. Y sobre todo trabájale a una persona inteligente de quien puedas aprender. Es mejor trabajar para un Einstein por poca paga que para ricachòn inculto por un buen sueldo. El conocimiento es para toda la vida, en cambio el dinero va y viene. Así, hijo, procura trabajar para una persona inteligente y culta de quien puedas aprender muchas cosas”. Cuando terminamos el desayuno, yo abrí mi cuaderno y anoté: “Trabajar para una persona inteligente de quien pueda aprender”.

3. —No competir contra el talento de otro. Caminando por la carrera séptima de Bogotá con mi padre, de pronto se paró frente a la placa conmemorativa en donde mataron a Gaitán; luego de un tiempo de silencio dijo. “Este no era un hombre rico ni un empresario poderoso. Este fue un hombre talentoso. Tenía un talento innato y único para la política. Un líder genuino. Pasarán cien años antes de que vuelva a nacer otro hombre así”. Yo permanecí en silencio. Luego me llevó a tomar tinto a una cafetería donde Gaitán lo hacía con sus amigos. Siempre he tenido la costumbre, y aún la conservo, de andar con una libreta en la mano, para cuando se me ocurran ideas anotalas. Luego de escudriñar con la vista la bulliciosa cafetería me dijo: “Mirá, Alfonso, nunca cometás la estupidez de competir contra el talento de otra persona. Hay personas muy talentosas para una u otra cosa. No compitás con ellas, mas bien háztelos amigos y mirá que les puedes aprender. Diles que te enseñen los secretos para desarrollar un buen talento, pero jamás compitás contra el talento de una persona dotada”. Este consejo me ha servido tanto, que cuando mi hija Urania, que es bailarina de Ballet Clásico se fue a estudiar al Instituto Superior de Ballet en Bordeaux, Francia, yo le anoté el consejo un papelito y le dije que no compitiera contra el talento de la mejor bailarina de la academia, que por el contrario se hiciera amiga y tratara de aprenderle la técnica. Al día de hoy, tanto mi hija como yo, jamás cometemos la burrada de competir contra la gente talentosa, siempre asumimos la actitud del aprendiz. ¡Y vaya que nos ha servido!

4. —La amistad. En unas vacaciones de mitad de año, en Ocaña, mi padre me llevó a un almacén para comprar ropa. El dueño del negocio saludó efusivamente a mi padre; yo imaginé que deberían de ser buenos amigos. Luego de empacar la ropa mi padre se despidió con abrazo del señor. Enseguida fuimos al mercado y mi papá me compró huevos de tortuga, ya cocinados, con pan ocañero. Mientras caminábamos hacia mi casa le pregunté:“¿Papá, el señor del almacén es amigo tuyo?”. Una vez terminé de hablar dejó de caminar, me puso su mano derecha en mi hombro y me dijo: “Mirá, hijo: La amistad es cosa seria y rara. Don Carlos, el dueño del almacén y yo no somos amigos. El sólo saca su rol de amable y simpático para conseguir la venta del producto. ÈL hace bien su juego y yo le sigo la corriente, pero eso no es amistad”. Entonces papá, ¿vos no tenès amigos? Sonriendo, como siempre lo hacía, contestó: “Los compañeros del trajo sólo son eso: ¡compañeros de trabajo! Mi vecino es sólo eso, mi vecino. La gente con la que uno trata en la calle, en el comercio, en las cafeterías, sólo son personas conocidas y amables, pero de ahí a que sean amigos hay mucha distancia.” Yo ingenuamente le dije:“pero vos si sos mi amigo”. Al escuchar esto se puso serio y dijo con tono de voz alta: “Mirá, Alfonso, ¿que esa pendejada? Yo no soy tu amigo. ¡Yo soy tu papá! ¿Cuántas veces te he dado de correazos para corregirte y vos te encerrás en tu pieza a chillar?..¿Te aguantarías que un amigo tuyo te diera correazos? ¿Son tus amigos los que te pagan el estudio en Bogotá y te giran todos los meses para tu mantenimiento? Cuando te enfermás, ¿son tus amigos los que te llevan al hospital y pagan la cuenta y luego te cuidan la enfermedad? ¿Son tus amigos quienes te compran la ropa?…entonces… ¿de dónde sacás esa idea pendeja de que yo soy tu amigo? .Que de una vez te quede claro: ¡Yo soy tu papá y Margarita tu mamá! Ella no es ninguna amiga tuya. Mirá. Alfonso, si llegás a los sesenta años de vida con un sólo amigo date por bien servido. Sino querés tener desencantos a cada rato, dejá la pendejada de ponerle en el pecho la placa de “amigo” con quienes tratás. Cuando trabajés, no olvidés que quienes están contigo son sólo tus compañeros de trabajo y no tus amigos. El vecino es solo eso, el vecino, pero no tu amigo. A tu edad uno cree que todos son amigos, pero tan pronto te hagan una mala jugada viene el desengaño. Así que lo más inteligente es llamar vecino al vecino y no amigo; compañero al compañero de trabajo y no amigo. Los filósofos griegos decían que la amistad era un regalo de los dioses del Olimpo. ¡Hay, hijo del alma! Si supieras lo jodido que es conseguir un amigo de verdad. Es más que una lotería extraordinaria. Mirá lo que dijo Jesús: “No hay amor más grande que quien da la vida por un amigo”. Yo o tu mamá daríamos la vida por salvar la tuya. Decime en las lista de tus “amigos” cuántos están listos para ir al juzgado a declarar a favor tuyo o dispuestos a dar la vida por la tuya? Y lo más importante y esto nunca lo olvides: ¡La amistad sólo puede ser entre iguales! Un pobre jamás podrá ser amigo de un rico, porque mientras el pobre se levanta a fiar, el rico desayuna con ostras, manjares y caviar. Un rey nunca será amigo del humilde campesino. Un ministro nunca será amigo del celador de su casa. Una reina jamás será amiga de la empleada doméstica… ¡PORQUE LA AMISTAD SÓLO PUEDE SER ENTRE IGUALES!

5. —La Oruga. Disfrutaba con mi padre de un paseo a orillas del río Algodonal, donde hoy está asentado el batallón Militar, sentados sobre las piedras y mientras se cocinaba el sancocho de gallina criolla, a la sombra de un árbol, charlábamos amenamente cuando de pronto se quedó mirando hacia un arbusto y me dijo: “Mirá, hijo, lo que hace esa oruga”. Yo dirigí la vista a donde mi padre señalaba con su dedo índice y vi un gusano, verde y largo en una rama.“Obsérvalo bien: tiene medio cuerpo agarrado de la rama y el otro medio se balancea en el aire buscado la siguiente rama para pasarse”. Efectivamente, miré al gusano y eso hacía. Tan pronto pudo cogerse de la otra rama se soltó de la otra mitad. Por la mirada de mi padre intuí que me iba a dar un consejo y paré la oreja. “Alfonso: no debes soltar lo que tienes hasta no estar seguro. Si estás empleado y te ofrecen otro trabajo, no sueltas el que tienes hasta tanto no sea seguro el otro que te ofrecen. Así debes ser con todas las cosas en la vida. No te dejes llevar por el entusiasmo.” Tan pronto terminó de hablar, me paré, fui al morral, saqué mi libreta y anoté: “El consejo del gusano”. Cuando mi padre murió no dejó herencia para repartir, pero los consejos de mi padre han sido para mi la más grande heredad. Dios bendiga siempre su alma.

LOS CONSEJOS DE MI PADRE

  • Posted by on March 12, 2014 at 10:27 AM

P10402011—El rayito de luz. “¿Cuál es el punto de mayor oscuridad en la noche?”, me preguntó, una vez tomando tinto en San Alberto, Cesar. “No sé”, le contesté. “El Almanaque Bristol, dice que es a las cuatro de la mañana”, dijo. “Papá, te confieso que no lo sabía”, respondí. Y luego mirándome a los ojos me preguntó: “¿A qué horas sale el sol?”. Al momento contesté: “A las cinco de la mañana”. Sonriendo me dijo: “Es decir, hijo, que la luz ésta a una hora de la oscuridad”. Se tomó el último sorbo del tinto caliente y oloroso y me dijo con acento paternal: “Cuando tengas muchos problemas en la vida sólo tienes que saber esperar, porque a una hora de distancia está la luz, es decir, la solución. Hay problemas en la vida que se resuelven sabiendo esperar, siendo pacientes, siendo tolerantes, Mira que la oscuridad se disipa con el primer rayito de luz que aparece en el horizonte. Igual en tu cabeza aparecerá el pensamiento luminoso que te hará ver la solución a tus problemas, pero para ello debes permanecer tranquilo, no debes angustiarte y menos maldecir”.

2. —Trabajar por aprender. Este consejo me lo dio en Bucaramanga, en el Parque Centenario, al sabor de un delicioso tamal santandereano con arepa. Cuando estábamos tomando el chocolate a sorbos, puso la taza en la mesa y me dijo: “Es muy probable que con el tiempo tengas que trabajar, bien sea si yo me muero o bien sea que lo hagas como profesional”. Yo dejé de tomar el chocolate pues sabía que me iba a decir algo importante, ya conocía bien a mi padre cuando hablaba para darme consejos porque su tono de voz se volvía patriarcal. “Cuando te toque trabajar no mirés tanto cuánto te van a pagar, más bien ten en cuenta cuánto puedes aprende. Y sobre todo trabájale a una persona inteligente de quien puedas aprender. Es mejor trabajar para un Einstein por poca paga que para ricachòn inculto por un buen sueldo. El conocimiento es para toda la vida, en cambio el dinero va y viene. Así, hijo, procura trabajar para una persona inteligente y culta de quien puedas aprender muchas cosas”. Cuando terminamos el desayuno, yo abrí mi cuaderno y anoté: “Trabajar para una persona inteligente de quien pueda aprender”.

3. —No competir contra el talento de otro. Caminando por la carrera séptima de Bogotá con mi padre, de pronto se paró frente a la placa conmemorativa en donde mataron a Gaitán; luego de un tiempo de silencio dijo. “Este no era un hombre rico ni un empresario poderoso. Este fue un hombre talentoso. Tenía un talento innato y único para la política. Un líder genuino. Pasarán cien años antes de que vuelva a nacer otro hombre así”. Yo permanecí en silencio. Luego me llevó a tomar tinto a una cafetería donde Gaitán lo hacía con sus amigos. Siempre he tenido la costumbre, y aún la conservo, de andar con una libreta en la mano, para cuando se me ocurran ideas anotalas. Luego de escudriñar con la vista la bulliciosa cafetería me dijo: “Mirá, Alfonso, nunca cometás la estupidez de competir contra el talento de otra persona. Hay personas muy talentosas para una u otra cosa. No compitás con ellas, mas bien háztelos amigos y mirá que les puedes aprender. Diles que te enseñen los secretos para desarrollar un buen talento, pero jamás compitás contra el talento de una persona dotada”. Este consejo me ha servido tanto, que cuando mi hija Urania, que es bailarina de Ballet Clásico se fue a estudiar al Instituto Superior de Ballet en Bordeaux, Francia, yo le anoté el consejo un papelito y le dije que no compitiera contra el talento de la mejor bailarina de la academia, que por el contrario se hiciera amiga y tratara de aprenderle la técnica. Al día de hoy, tanto mi hija como yo, jamás cometemos la burrada de competir contra la gente talentosa, siempre asumimos la actitud del aprendiz. ¡Y vaya que nos ha servido!

4. —La amistad. En unas vacaciones de mitad de año, en Ocaña, mi padre me llevó a un almacén para comprar ropa. El dueño del negocio saludó efusivamente a mi padre; yo imaginé que deberían de ser buenos amigos. Luego de empacar la ropa mi padre se despidió con abrazo del señor. Enseguida fuimos al mercado y mi papá me compró huevos de tortuga, ya cocinados, con pan ocañero. Mientras caminábamos hacia mi casa le pregunté: “¿Papá, el señor del almacén es amigo tuyo?”. Una vez terminé de hablar dejó de caminar, me puso su mano derecha en mi hombro y me dijo: “Mirá, hijo: La amistad es cosa seria y rara. Don Carlos, el dueño del almacén y yo no somos amigos. El sólo saca su rol de amable y simpático para conseguir la venta del producto. ÈL hace bien su juego y yo le sigo la corriente, pero eso no es amistad”. Entonces papá, ¿vos no tenès amigos? Sonriendo, como siempre lo hacía, contestó: “Los compañeros del trajo sólo son eso: ¡compañeros de trabajo! Mi vecino es sólo eso, mi vecino. La gente con la que uno trata en la calle, en el comercio, en las cafeterías, sólo son personas conocidas y amables, pero de ahí a que sean amigos hay mucha distancia.” Yo ingenuamente le dije: “pero vos si sos mi amigo”. Al escuchar esto se puso serio y dijo con tono de voz alta: “Mirá, Alfonso, ¿que esa pendejada? Yo no soy tu amigo. ¡Yo soy tu papá! ¿Cuántas veces te he dado de correazos para corregirte y vos te encerrás en tu pieza a chillar?..¿Te aguantarías que un amigo tuyo te diera correazos? ¿Son tus amigos los que te pagan el estudio en Bogotá y te giran todos los meses para tu mantenimiento? Cuando te enfermás, ¿son tus amigos los que te llevan al hospital y pagan la cuenta y luego te cuidan la enfermedad? ¿Son tus amigos quienes te compran la ropa?…entonces… ¿de dónde sacás esa idea pendeja de que yo soy tu amigo? .Que de una vez te quede claro: ¡Yo soy tu papá y Margarita tu mamá! Ella no es ninguna amiga tuya. Mirá. Alfonso, si llegás a los sesenta años de vida con un sólo amigo date por bien servido. Sino querés tener desencantos a cada rato, dejá la pendejada de ponerle en el pecho la placa de “amigo” con quienes tratás. Cuando trabajés, no olvidés que quienes están contigo son sólo tus compañeros de trabajo y no tus amigos. El vecino es solo eso, el vecino, pero no tu amigo. A tu edad uno cree que todos son amigos, pero tan pronto te hagan una mala jugada viene el desengaño. Así que lo más inteligente es llamar vecino al vecino y no amigo; compañero al compañero de trabajo y no amigo. Los filósofos griegos decían que la amistad era un regalo de los dioses del Olimpo. ¡Hay, hijo del alma! Si supieras lo jodido que es conseguir un amigo de verdad. Es más que una lotería extraordinaria. Mirá lo que dijo Jesús: “No hay amor más grande que quien da la vida por un amigo”. Yo o tu mamá daríamos la vida por salvar la tuya. Decime en las lista de tus “amigos” cuántos están listos para ir al juzgado a declarar a favor tuyo o dispuestos a dar la vida por la tuya? Y lo más importante y esto nunca lo olvides: ¡La amistad sólo puede ser entre iguales! Un pobre jamás podrá ser amigo de un rico, porque mientras el pobre se levanta a fiar, el rico desayuna con ostras, manjares y caviar. Un rey nunca será amigo del humilde campesino. Un ministro nunca será amigo del celador de su casa. Una reina jamás será amiga de la empleada doméstica… ¡PORQUE LA AMISTAD SÓLO PUEDE SER ENTRE IGUALES!

5. —La Oruga. Disfrutaba con mi padre de un paseo a orillas del río Algodonal, donde hoy está asentado el batallón Militar, sentados sobre las piedras y mientras se cocinaba el sancocho de gallina criolla, a la sombra de un árbol, charlábamos amenamente cuando de pronto se quedó mirando hacia un arbusto y me dijo: “Mirá, hijo, lo que hace esa oruga”. Yo dirigí la vista a donde mi padre señalaba con su dedo índice y vi un gusano, verde y largo en una rama.“Obsérvalo bien: tiene medio cuerpo agarrado de la rama y el otro medio se balancea en el aire buscado la siguiente rama para pasarse”. Efectivamente, miré al gusano y eso hacía. Tan pronto pudo cogerse de la otra rama se soltó de la otra mitad. Por la mirada de mi padre intuí que me iba a dar un consejo y paré la oreja. “Alfonso: no debes soltar lo que tienes hasta no estar seguro. Si estás empleado y te ofrecen otro trabajo, no sueltas el que tienes hasta tanto no sea seguro el otro que te ofrecen. Así debes ser con todas las cosas en la vida. No te dejes llevar por el entusiasmo.” Tan pronto terminó de hablar, me paré, fui al morral, saqué mi libreta y anoté: “El consejo del gusano”. Cuando mi padre murió no dejó herencia para repartir, pero los consejos de mi padre han sido para mi la más grande heredad. Dios bendiga siempre su alma.

LOS CONSEJOS DE MI PADRE

  • Posted by on March 13, 2013 at 11:29 AM

Por: Alfonso Lobo Amaya…LOBITO

 

ScannedImage-71—El rayito de luz. “¿Cuál es el punto de mayor oscuridad en la noche?”, me preguntó, una vez tomando tinto en San Alberto, Cesar. “No sé”, le contesté. “El Almanaque Bristol, dice que es a las cuatro de la mañana”, dijo. “Papá, te confieso que no lo sabía”, respondí. Y luego mirándome a los ojos me preguntó: “¿A qué horas sale el sol?”. Al momento contesté: “A las cinco de la mañana”. Sonriendo me dijo: “Es decir, hijo, que la luz ésta a una hora de la oscuridad”. Se tomó el último sorbo del tinto caliente y oloroso y me dijo con acento paternal: “Cuando tengas muchos problemas en la vida sólo tienes que saber esperar, porque a una hora de distancia está la luz, es decir, la solución. Hay problemas en la vida que se resuelven sabiendo esperar, siendo pacientes, siendo tolerantes, Mira que la oscuridad se disipa con el primer rayito de luz que aparece en el horizonte. Igual en tu cabeza aparecerá el pensamiento luminoso que te hará ver la solución a tus problemas, pero para ello debes permanecer tranquilo, no debes angustiarte y menos maldecir”.

2. —Trabajar por aprender. Este consejo me lo dio en Bucaramanga, en el Parque Centenario, al sabor de un delicioso tamal santandereano con arepa. Cuando estábamos tomando el chocolate a sorbos, puso la taza en la mesa y me dijo: “Es muy probable que con el tiempo tengas que trabajar, bien sea si yo me muero o bien sea que lo hagas como profesional”. Yo dejé de tomar el chocolate pues sabía que me iba a decir algo importante, ya conocía bien a mi padre cuando hablaba para darme consejos porque su tono de voz se volvía patriarcal. “Cuando te toque trabajar no mirés tanto cuánto te van a pagar, más bien ten en cuenta cuánto puedes aprende. Y sobre todo trabájale a una persona inteligente de quien puedas aprender. Es mejor trabajar para un Einstein por poca paga que para ricachòn inculto por un buen sueldo. El conocimiento es para toda la vida, en cambio el dinero va y viene. Así, hijo, procura trabajar para una persona inteligente y culta de quien puedas aprender muchas cosas”. Cuando terminamos el desayuno, yo abrí mi cuaderno y anoté: “Trabajar para una persona inteligente de quien pueda aprender”.

3. —No competir contra el talento de otro. Caminando por la carrera séptima de Bogotá con mi padre, de pronto se paró frente a la placa conmemorativa en donde mataron a Gaitán; luego de un tiempo de silencio dijo. “Este no era un hombre rico ni un empresario poderoso. Este fue un hombre talentoso. Tenía un talento innato y único para la política. Un líder genuino. Pasarán cien años antes de que vuelva a nacer otro hombre así”. Yo permanecí en silencio. Luego me llevó a tomar tinto a una cafetería donde Gaitán lo hacía con sus amigos. Siempre he tenido la costumbre, y aún la conservo, de andar con una libreta en la mano, para cuando se me ocurran ideas anotalas. Luego de escudriñar con la vista la bulliciosa cafetería me dijo: “Mirá, Alfonso, nunca cometás la estupidez de competir contra el talento de otra persona. Hay personas muy talentosas para una u otra cosa. No compitás con ellas, mas bien háztelos amigos y mirá que les puedes aprender. Diles que te enseñen los secretos para desarrollar un buen talento, pero jamás compitás contra el talento de una persona dotada”. Este consejo me ha servido tanto, que cuando mi hija Urania, que es bailarina de Ballet Clásico se fue a estudiar al Instituto Superior de Ballet en Bordeaux, Francia, yo le anoté el consejo un papelito y le dije que no compitiera contra el talento de la mejor bailarina de la academia, que por el contrario se hiciera amiga y tratara de aprenderle la técnica. Al día de hoy, tanto mi hija como yo, jamás cometemos la burrada de competir contra la gente talentosa, siempre asumimos la actitud del aprendiz. ¡Y vaya que nos ha servido!

4. —La amistad. En unas vacaciones de mitad de año, en Ocaña, mi padre me llevó a un almacén para comprar ropa. El dueño del negocio saludó efusivamente a mi padre; yo imaginé que deberían de ser buenos amigos. Luego de empacar la ropa mi padre se despidió con abrazo del señor. Enseguida fuimos al mercado y mi papá me compró huevos de tortuga, ya cocinados, con pan ocañero. Mientras caminábamos hacia mi casa le pregunté: “¿Papá, el señor del almacén es amigo tuyo?”. Una vez terminé de hablar dejó de caminar, me puso su mano derecha en mi hombro y me dijo: “Mirá, hijo: La amistad es cosa seria y rara. Don Carlos, el dueño del almacén y yo no somos amigos. El sólo saca su rol de amable y simpático para conseguir la venta del producto. ÈL hace bien su juego y yo le sigo la corriente, pero eso no es amistad”. Entonces papá, ¿vos no tenès amigos? Sonriendo, como siempre lo hacía, contestó: “Los compañeros del trajo sólo son eso: ¡compañeros de trabajo! Mi vecino es sólo eso, mi vecino. La gente con la que uno trata en la calle, en el comercio, en las cafeterías, sólo son personas conocidas y amables, pero de ahí a que sean amigos hay mucha distancia.” Yo ingenuamente le dije: “pero vos si sos mi amigo”. Al escuchar esto se puso serio y dijo con tono de voz alta: “Mirá, Alfonso, ¿que esa pendejada? Yo no soy tu amigo. ¡Yo soy tu papá! ¿Cuántas veces te he dado de correazos para corregirte y vos te encerrás en tu pieza a chillar?..¿Te aguantarías que un amigo tuyo te diera correazos? ¿Son tus amigos los que te pagan el estudio en Bogotá y te giran todos los meses para tu mantenimiento? Cuando te enfermás, ¿son tus amigos los que te llevan al hospital y pagan la cuenta y luego te cuidan la enfermedad? ¿Son tus amigos quienes te compran la ropa?…entonces… ¿de dónde sacás esa idea pendeja de que yo soy tu amigo? .Que de una vez te quede claro: ¡Yo soy tu papá y Margarita tu mamá! Ella no es ninguna amiga tuya. Mirá. Alfonso, si llegás a los sesenta años de vida con un sólo amigo date por bien servido. Sino querés tener desencantos a cada rato, dejá la pendejada de ponerle en el pecho la placa de “amigo” con quienes tratás. Cuando trabajés, no olvidés que quienes están contigo son sólo tus compañeros de trabajo y no tus amigos. El vecino es solo eso, el vecino, pero no tu amigo. A tu edad uno cree que todos son amigos, pero tan pronto te hagan una mala jugada viene el desengaño. Así que lo más inteligente es llamar vecino al vecino y no amigo; compañero al compañero de trabajo y no amigo. Los filósofos griegos decían que la amistad era un regalo de los dioses del Olimpo. ¡Hay, hijo del alma! Si supieras lo jodido que es conseguir un amigo de verdad. Es más que una lotería extraordinaria. Mirá lo que dijo Jesús: “No hay amor más grande que quien da la vida por un amigo”. Yo o tu mamá daríamos la vida por salvar la tuya. Decime en las lista de tus “amigos” cuántos están listos para ir al juzgado a declarar a favor tuyo o dispuestos a dar la vida por la tuya? Y lo más importante y esto nunca lo olvides: ¡La amistad sólo puede ser entre iguales! Un pobre jamás podrá ser amigo de un rico, porque mientras el pobre se levanta a fiar, el rico desayuna con ostras, manjares y caviar. Un rey nunca será amigo del humilde campesino. Un ministro nunca será amigo del celador de su casa. Una reina jamás será amiga de la empleada doméstica… ¡PORQUE LA AMISTAD SÓLO PUEDE SER ENTRE IGUALES!

5. —La Oruga. Disfrutaba con mi padre de un paseo a orillas del río Algodonal, donde hoy está asentado el batallón Militar, sentados sobre las piedras y mientras se cocinaba el sancocho de gallina criolla, a la sombra de un árbol, charlábamos amenamente cuando de pronto se quedó mirando hacia un arbusto y me dijo: “Mirá, hijo, lo que hace esa oruga”. Yo dirigí la vista a donde mi padre señalaba con su dedo índice y vi un gusano, verde y largo en una rama.“Obsérvalo bien: tiene medio cuerpo agarrado de la rama y el otro medio se balancea en el aire buscado la siguiente rama para pasarse”. Efectivamente, miré al gusano y eso hacía. Tan pronto pudo cogerse de la otra rama se soltó de la otra mitad. Por la mirada de mi padre intuí que me iba a dar un consejo y paré la oreja. “Alfonso: no debes soltar lo que tienes hasta no estar seguro. Si estás empleado y te ofrecen otro trabajo, no sueltas el que tienes hasta tanto no sea seguro el otro que te ofrecen. Así debes ser con todas las cosas en la vida. No te dejes llevar por el entusiasmo.” Tan pronto terminó de hablar, me paré, fui al morral, saqué mi libreta y anoté: “El consejo del gusano”. Cuando mi padre murió no dejó herencia para repartir, pero los consejos de mi padre han sido para mi la más grande heredad. Dios bendiga siempre su alma.

NO TE APEGUES A NADA

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Todo es un eterno fluir. Fluye la historia del ser humano, sobre la faz de la tierra, en el tiempo-espacio, desde la ameba aferrada al acantilado al homo sapiens trepando a los árboles, en milenios de imperios y reinados, guerras y esclavitudes, odios y amores, venganzas y perdones, heroísmos y co...

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