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RESPETAR LAS CREENCIAS

  • Posted by on June 27, 2017 at 8:33 PM

RESPETAR LAS CREENCIAS

Las-religiones-y-sus-simbolos_articleimage

“NO QUIERAS IMPONER TUS CREENCIAS A LOS DEMÁS,

SÓLO CONSEGUIRÁS HACERTE ANTIPÁTICO Y GENERAR ENEMISTADES.

NO DEGRADES LAS CREENCIAS DE OTROS.

NO CRITIQUES NI COMBATAS LAS OTRAS RELIGIONES.

NO PERTUBES LA FE DE LOS DEMÁS.

SI  ELLOS TIENEN UNA CREENCIA Y OBTIENEN AYUDA DE ELLA,

DÉJALOS EN PAZ Y QUE CADA QUIEN CREA EN LO QUE QUIERA”.

LA PRUDENCIA HACE HOMBRES SABIOS

LOBITO

EL CONDICIONAMIENTO

  • Posted by on September 13, 2016 at 1:34 PM

El Condicionamiento

(Alfonso Lobo Amaya)

psicoEl ser humano deambula por la superficie del planeta completamente condicionado. Está condicionado por el medio social donde ha nacido y ha crecido. Está condicionado por la cultura ancestral heredada de su medio ambiente. Está condicionado por las creencias religiosas de la iglesia, secta o grupo al que pertenece. Está condicionado políticamente por la tradición familiar que viene desde el abuelo, el bisabuelo, el tatarabuelo. Su mente, si la comparamos con el disco duro de un moderno computador, está repleta de una variadísima información: creencias religiosas, filosofías de todo tipo, datos científicos, miedos infundados, temores injustificados, falsas ideas; mejor dicho, este disco duro está lleno de “lo que han dicho” los demás. repite y defiende lo que han dicho los demás y hasta se hace matar por esos “ideales de vida”, bien sean éstos políticos, religiosos, culturales, esotéricos o de cualquier otra índole. Está condicionado por las opiniones que dan los medios de comunicación. Ve con los ojos de la televisión todo lo que sucede en el mundo. Cree lo que dicen los noticieros de televisión; la opinión que se forma de los conflictos sociales, religiosos, militares, étnicos, raciales, culturales, etc. mayoritariamente es una opinión prestada tomada de los análisis de los comentaristas de los noticieros, de los invitados “especiales” a los programas televisados o de los columnistas de periódicos y de revistas. En otras palabras, se la pasa repitiendo “lo que dicen los demás”. Tenemos el disco duro repleto de “lo que dicen los otros”. Como consecuencia el hombre se ha llenado de miedo y se ha vuelto cobarde, se asusta por todo.

Los golpes de la vida no los podemos eludir, nos toca afrontarlos queramos a no. No podemos impedir que un niño crezca. Nada podemos hacer para lograrlo. El niño crecerá por encima de todas las opiniones porque está en su naturaleza humana el desarrollo y el crecimiento. Igual que el árbol da la semilla y ésta al caer a tierra fructifica como un nuevo árbol, así los embates de la existencia humana son inherentes a esa misma existencia, luego no hay modo de evadirlos, sólo enfrentarlos. No queda otra alternativa que retarlos. Pero el éxito o el fracaso de este enfrentamiento es proporcional al condicionamiento cultural, político, religioso al que haya sido sometido esta persona. Es decir, sufro de acuerdo a como pienso. Dime cómo piensas y te diré cómo sufres. Esta forma de pensar está enmarcada a los contenidos mentales o elementos que constituyen el condicionamiento.

Un hindú ha sido condicionado por su religión o sistema filosófico a creer que la vacas son sagradas. Desde niño estos valores religiosos constituyen el marco de su condicionamiento. El va a crecer y regir su vida por estos valores. Su sufrimiento estará limitado por estas creencias. El día que, accidentalmente, mate a una vaca, él se va a sentir culpable y temeroso del castigo divino por esta mala acción. Entonces irá al sagrado río Ganges, hará abluciones, repetirá mantras, ayunará y hará otras prácticas para expiar su pecado. Y en ese preciso momento, mientras esta persona perteneciente a una cultura oriental, trata de sacarse la culpabilidad de su mente, en Argentina, en Estados Unidos o en Inglaterra, un cristiano mata la vaca y se prepara sin ningún sentimiento de culpabilidad, pues basado en la premisa bíblica del Génesis que le dice que Dios creó las plantas y los animales para que se alimentara con ellos, se prepara, con la carne de la vaca, sus buenos filetes al horno, frita las vísceras y hace suculentas longanizas con la humanidad del animal. Y el dueño de la fama subsiste con el dinero la venta de las carnes y con las ganancias cuida a su familia, educa a sus hijos, vive en una buena casa, tiene un buen carro, sale a vacaciones, envejece tranquilamente y muere sin sentimiento de culpa por haber matado a centenares de animales durante su existencia terrena. Entonces lo que para un ser humano es sufrimiento para el otro es placer. Todo está determinado por el tipo de condicionamiento al que hayamos sido sometidos.

No afirmamos que todos los condicionamientos son malos, lo que estamos diciendo es que cada ser humano está completamente condicionado por una multitud de conceptos que, al final, son quienes están dirigiendo la vida hacia el sufrimiento o hacia el placer o la alegría. Dicho en otras palabras, sufrimos y gozamos de acuerdo a los contenidos mentales archivados en el disco duro de la memoria. La memoria ens la base de datos de donde la mente toma los ingredientes para fabricar los pensamientos y las emociones.

Si a un niño, desde muy pequeño, su padre comienza a decirle que las sombras no hablan, que el día que una sombra le hable eso es pura brujería. Que, si escucha que una sombra le habla, se trata del espíritu de algún difunto que viene para llevárselo al otro mundo y que por lo tanto debe huir del lugar inmediatamente. Además, le asegura que los cementerios son lugares llenos de sombras de muertos. ¿Qué creen que va a pasar con este chico el día que le hable una sombra? Sencillamente va salir corriendo como alma que ha visto al diablo.

¡Estoy viviendo mi propia vida! o ¿Estoy haciendo lo que me han dicho los demás? Yo creo que estamos viviendo una vida sólo conceptual, es decir, actuamos de acuerdo a los conceptos y a las conclusiones que nos han metido en el cerebro.

FUENTES DE SUFRIMIENTO

  • Posted by on March 31, 2016 at 2:24 PM

EL SUFRIMIENTO PISCOLÓGICO

imagesLOBITO: Una pulga es el ser vivo que más brinca, puede saltar hasta trescientas cincuenta veces la longitud de su cuerpo. Además, puede saltar centenares de veces por día. ¿Saben ustedes cómo se condiciona una pulga? Se mete la pulga en un tarrito de diez centímetros de altura. La tapa superior del tarrito es de vidrio para que ella vea por donde puede escapar. La pulga brinca y… ¡zas!, se pega en la cabeza… ¡ayayay!… Brinca de nuevo y otra vez… y… ¡ayayay! Durante todo el día trata de salir del tarrito, pero cada vez que lo intenta se pega contra el vidrio. En un solo día se da en la cabeza centenares de veces. La pulga permanece diez días en el tarrito, de modo que en todo ese tiempo miles de veces se estrella contra el vidrio. A los diez días se saca la pulga del tarrito y para sorpresa de todos… ¡sólo brinca la altura del tarrito!… ¡sólo salta diez centímetros! La pregunta aquí es: ¿perdió la pulga la capacidad de saltar trescientas cincuenta veces su tamaño?

ESTUDIANTES: No, por supuesto que no. Es como si uno por estrellarse en la carretera perdiera la capacidad de conducir autos.

LOBITO. ¡Correcto!. Entonces, ¿qué le sucedió a la pulga?

ESTUDIANTES: Quedó condicionada. Algo así como el perro de Pávlov, quien observó que a los perros que tenía en su laboratorio, les bastaba oír los pasos de la persona que les traía la comida para comenzar a salivar y a segregar jugos gástricos; parecía que los perros habían aprendido a anticipar la comida. De alguna manera, la pulga sabe que si brinca más allá de la altura del tarrito se da en la cabeza y le duele.

LOBITO: De acuerdo, es condicionamiento. La pulga quedó condicionada a brincar sólo la altura del tarrito. Eso mismo les pasa a las personas condicionadas por sus creencias. ¡No pueden ir más allá de sus creencias! Piensan que si van contra sus creencias pecan, o se van para el infierno, o se echan karma y cosas por el estilo. Cuando una persona está llena de creencias no puede ir más allá de ellas; es decir, está metida en el tarrito de las creencias, lo cual sólo le permite saltar esa altura: la altura de sus creencias. Alguien, por ejemplo, cree que pasar por debajo de una escalera le puede traer mala suerte. Esta persona camina por una calle solitaria y encuentra de pronto una escalera sobre el andén en ángulo con la pared. Al llegar donde está la escalera hace un semicírculo para evitar pasar por debajo de ella. El condicionamiento de “la mala suerte” le impide pasar tranquilamente por debajo de la escalera, así nadie lo esté viendo. Alguien más tiene la creencia de que si entra una mosca o una mariposa negra a su casa es portadora de funestas noticias, entonces se apresura a abrir ventanas para que el insecto se vaya. Un futbolista piensa que si se santigua, haciendo la señal de la cruz antes de comenzar el partido, le va bien. Todos los jugadores de ambos equipos se santiguan al ingresar al campo de fútbol. La pregunta aquí es: ¿al equipo perdedor no le funcionó la santiguada, en cambio al equipo ganador sí? De acuerdo con la religión donde cada cual se mete (el tarrito de las creencias religiosas) va actuar en la vida en concordancia con estas creencias y no podrá ir más allá de ellas, porque piensa que va a ser castigado o que le va a ir mal. El tarrito de las creencias impide que cada cual pueda saltar más arriba de ellas, y ese es la caja mortuoria donde vivirá metido toda su vida.

ESTUDIANTE: Tiene usted razón, Lobito. Tengo amigos que creen en cualquiera cantidad de vainas y tienen amuletos para toda ocasión.

LOBITO: Si eres cristiano tus creencias no te permiten escupir un crucifijo. Aun si estás solo en el baño de tu casa no te atreverías a hacerlo, y si lo hicieres te sentirías mal, culpable, pecador y la conciencia te molestaría, pero si le damos el crucifijo a un niño pequeño, aun no condicionado por las creencias religiosas, no tiene ningún reparo en jugar con él como si fuera un juguete y orinarse sobre él en dado caso. El niño no se sentiría culpable de nada porque todavía no lo han metido en el tarrito de las creencias. Así sucede con las demás creencias religiosas. Un hindú ve las vacas como sagradas, le hace rituales de adoración y no las mata, pero un occidental católico no tiene ningún problema en matar la vaca y hacer deliciosas hamburguesas con la carne. Si el hindú, por accidente, mata una vaca se sentiría culpable y haría rituales de purificación para expiar el pecado cometido. El católico que tiene la venta de carnes vive de esa actividad comercial, sostiene la familia y educa a los hijos con las ganancias de matar vacas y vender sus carnes. Le quiero hacer esta pregunta: Si a Jesucristo lo hubieran ahorcado, ¿cómo se santiguarían los cristianos? ¿Haciendo la señal de la horca sobre sus pechos? Entonces adorarían una horca y celebrarían la Semana Santa como la Semana Mayor de la Santa Horca, y le rezarían y prenderían veladoras a una horca, y se venderían horcas de oro y de plata y los futbolistas, para que les fuera bien en el partido, harían la señal de la horca.

ESTUDIANTES: Lobito, pero hablando familiarmente lo que entiendo es que las creencias nos tienen en la olla.

LOBITO: En la olla no, en el tarrito de las creencias. Par un niño hindú o budista no existe papá Noel ni el Niño Dios. Pare él hindú existe el águila mítica Garuda, rey de los pájaros, quien lleva las almas al cielo. Las creencias de un indígena difieren muchísimo de las de un hombre de ciudad, y las de un esquimal de las de un caribeño.

ESTUDIANTE: ¿Cómo hacer para des-condicionarnos? ¿Qué hacer para salir del tarrito de las creencias y vivir sin tantos miedos y temores en esta vida?

LOBITO. Es muy buena pregunta. esto se consigue con el AUTOCONOCIMIENTO o conocimiento de sí mismo.

NO TE CREAS NADA HASTA QUE LO VERIFIQUES

  • Posted by on July 19, 2014 at 3:40 PM

 

descarga“Es más fácil destruir el átomo que destruir una creencia a una persona”. (Einstein)

¿Qué ha hecho el hombre con sus enfermizas creencias religiosas? Ha generado muy poca dicha, felicidad o contento en su vida, pero sí vomitado cantidades de odios religiosos, celos, rencores y resentimientos concentrados, desórdenes e injusticias sociales, guerras y muertes a granel, y diferencias entre ellos mismos y en sus propias familias. Las creencias han sido y son fuente de contradicción y sufrimiento en la vida del hombre.

Krishna, en el Bhagavad Gita, nos puso a indagar sobre nuestra verdadera esencia. Buda nos sentó en la posición flor de loto o Padmasana y nos puso a meditar. Jesús nos hizo hincar y nos puso a rezar. Mahoma, espada en la mano, nos puso a pelear. Sai Baba nos puso a cantar.

El dilema con las creencias, sobretodo las religiosas, es que además de confundir y obnubilar a las personas, llegan a la cima de la estupidez humana al convertirlas en fundamentalistas religiosos o fanáticos extremistas, entes irracionales capaces de cometer actos extremistas y acciones autodestructivas como aquellas de amarrarse explosivos al cuerpo y hacerlos detonar en cualquier lugar matando a personas inocentes, ancianos y niños indefensos

El problema álgido del fanático religioso, sea de secta religiosa o de grupo espiritualista, es que asume conductas atípicas, prepotentes y dominantes que destruyen la armonía de las relaciones familiares, deterioran las relaciones laborales y los lazos de amistad, ya que donde llega el fanático religioso asume el rol de predicador, queriendo imponer sus creencias a los demás, convencido hasta los tuétanos que él sólo tiene la razón y que los demás andan equivocados, transitando por el camino del error que conduce al averno, orco, tártaro, báratro o cualquier otro nombre que las religiones dan al infierno.

Permítame ilustrar el texto con situaciones que he vivido en carne propia: Los fines de mes nos reuníamos, en el barrio de Santa Isabel de Bogotá, en casa de una alegre familia santandereana, integrada por hermanos, primos, tíos, padres y amigos. Escuchamos música colombiana, echamos chistes, nos tomábamos del pelo, las chanzas y los abrazos iban y venían por el amplio salón, las anécdotas sazonaban el ambiente, la comilona santandereana, tamales, arepas y demás viandas era opípara; los jugos, gaseosas y cervezas calmaban la sed de todos, en otras palabras la pasábamos delicioso. Era un increíble ambiente de alegría donde todos nos sentíamos como una sola familia…pero sucedió que la hermana mayor se metió a una secta cristiana, se fanatizó a grado sumo y comenzó a utilizar las reuniones para predicar sus creencias, para señalarnos defectos, para acusarnos de ir el camino del mal, a decir que todos estábamos equivocados y que sólo ella tenía la verdad; además comenzó a presionar para meternos en sus estúpidas creencias, y de tanto dale que dale a la cantaleta religiosa terminó acabando con esas maravillosos reuniones de fin de mes. Hizo dividir el grupo en dos bandos, y entre los mismos hermanos terminaron enemistados y se acabaron las reuniones de integración familiar hasta el sol de hoy.

El otro caso me sucedió con unas excelentes vecinas con las que compartíamos Navidades, celebrábamos cumpleaños, puentes de fines de semana, grados académicos, etc. Solíamos salir fuera de Bogotá, a visitar pueblos y saborear deliciosas comidas típicas colombianos, mejor dicho las pasábamos de lo lindo… hasta que estas queridas personas se metieron al veganismo (práctica de abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal) tan estricto y extremo, a punto tal, que se compraron una balanza para pesar las cantidades exactas de legumbres, frutas y verduras que consumían en sus comidas diarias. Entonces se acabaron las reuniones porque cuando salíamos a pasear era un complique para comer lo que ellas querían y no hacían más que criticar porque no éramos vegetarianos, y con la cantaleta del daño que hace comer carnes de animales muertos y beber cerveza y dale con la criticadera de que todo era malo, hasta que optamos por no volver a visitarlas y negarnos a sus invitaciones.

Las creencias separan, distancian, enemistan, degradan, confunden. Son generadoras de enfrentamientos, fuente de sufrimiento, alimentadoras del odio, fortalecedoras de la ignorancia. Igual causan injusticias, separan parejas, fomentan las divisiones y originan guerras.

Cada quien tiene la libertad de creer en lo que se le venga en gana, pero ninguna constitución o código da derecho a nadie de imponer, a la fuerza, sus creencias, sus fanatismo queriendo meter a los demás en el mismo tarro de las creencias enfermizas.

El respeto al derecho ajeno es la paz, decía el benemérito de las Américas, Benito Juárez.

EL CONDICIONAMIENTO ENFERMIZO

  • Posted by on May 3, 2013 at 2:06 PM

El TARRITO DE LAS CREENCIAS

CONDICIONAMIENTOLOBITO: Una pulga es el ser vivo que más brinca, puede saltar hasta trescientas cincuenta veces la longitud de su cuerpo. Además, puede saltar centenares de veces por día. ¿Saben ustedes cómo se condiciona una pulga? Se mete la pulga en un tarrito de diez centímetros de altura. La tapa superior del tarrito es de vidrio para que ella vea por donde puede escapar. La pulga brinca y… ¡zas!, se pega en la cabeza… ¡ayayay!… Brinca de nuevo y otra vez… y… ¡ayayay! Durante todo el día trata de salir del tarrito, pero cada vez que lo intenta se pega contra el vidrio. En un solo día se da en la cabeza centenares de veces. La pulga permanece diez días en el tarrito, de modo que en todo ese tiempo miles de veces se estrella contra el vidrio. A los diez días se saca la pulga del tarrito y para sorpresa de todos… ¡sólo brinca la altura del tarrito!… ¡sólo salta diez centímetros! La pregunta aquí es: ¿perdió la pulga la capacidad de saltar trescientas cincuenta veces su tamaño?

ESTUDIANTES: No, por supuesto que no. Es como si uno por estrellarse en la carretera perdiera la capacidad de conducir autos.

LOBITO. ¡Correcto!. Entonces, ¿qué le sucedió a la pulga?

ESTUDIANTES: Quedó condicionada. Algo así como el perro de Pávlov, quien observó que a los perros que tenía en su laboratorio, les bastaba oír los pasos de la persona que les traía la comida para comenzar a salivar y a segregar jugos gástricos; parecía que los perros habían aprendido a anticipar la comida. De alguna manera, la pulga sabe que si brinca más allá de la altura del tarrito se da en la cabeza y le duele.

LOBITO: De acuerdo. es condicionamiento. La pulga quedó condicionada a brincar sólo la altura del tarrito. Eso mismo les pasa a las personas condicionadas por sus creencias. ¡No pueden ir más allá de sus creencias! Piensan que si van contra sus creencias pecan, o se van para el infierno, o se echan karma y cosas por el estilo. Cuando una persona está llena de creencias no puede ir más allá de ellas; es decir, está metida en el tarrito de las creencias, lo cual sólo le permite saltar esa altura: la altura de sus creencias. Alguien, por ejemplo, cree que pasar por debajo de una escalera le puede traer mala suerte. Esta persona camina por una calle solitaria y encuentra de pronto una escalera sobre el andén en ángulo con la pared. Al llegar donde está la escalera hace un semicírculo para evitar pasar por debajo de ella. El condicionamiento de “la mala suerte” le impide pasar tranquilamente por debajo de la escalera, así nadie lo esté viendo. Alguien más tiene la creencia de que si entra una mosca o una mariposa negra a su casa es portadora de funestas noticias, entonces se apresura a abrir ventanas para que el insecto se vaya. Un futbolista piensa que si se santigua, haciendo la señal de la cruz antes de comenzar el partido, le va bien. Todos los jugadores de ambos equipos se santiguan al ingresar al campo de fútbol. La pregunta aquí es: ¿al equipo perdedor no le funcionó la santiguada, en cambio al equipo ganador sí? De acuerdo con la religión donde cada cual se mete (el tarrito de las creencias religiosas) va actuar en la vida en concordancia con estas creencias y no podrá ir más allá de ellas, porque piensa que va a ser castigado o que le va a ir mal. El tarrito de las creencias impide que cada cual pueda saltar más arriba de ellas, y ese es la caja mortuoria donde vivirá metido toda su vida.

ESTUDIANTE: Tiene usted razón, Lobito. Tengo amigos que creen en cualquiera cantidad de vainas y tienen amuletos para toda ocasión.

LOBITO: Si eres cristiano tus creencias no te permiten escupir un crucifijo. Aun si estás solo en el baño de tu casa no te atreverías a hacerlo, y si lo hicieres te sentirías mal, culpable, pecador y la conciencia te molestaría, pero si le damos el crucifijo a un niño pequeño, aun no condicionado por las creencias religiosas, no tiene ningún reparo en jugar con él como si fuera un juguete y orinarse sobre él en dado caso. El niño no se sentiría culpable de nada porque todavía no lo han metido en el tarrito de las creencias. Así sucede con las demás creencias religiosas. Un hindú ve las vacas como sagradas, le hace rituales de adoración y no las mata, pero un occidental católico no tiene ningún problema en matar la vaca y hacer deliciosas hamburguesas con la carne. Si el hindú, por accidente, mata una vaca se sentiría culpable y haría rituales de purificación para expiar el pecado cometido. El católico que tiene la venta de carnes vive de esa actividad comercial, sostiene la familia y educa a los hijos con las ganancias de matar vacas y vender sus carnes. Le quiero hacer esta pregunta: Si a Jesucristo lo hubieran ahorcado, ¿cómo se santiguarían los cristianos? ¿Haciendo la señal de la horca sobre sus pechos? Entonces adorarían una horca y celebrarían la Semana Santa como la Semana Mayor de la Santa Horca, y le rezarían y prenderían veladoras a una horca, y se venderían horcas de oro y de plata y los futbolistas, para que les fuera bien en el partido, harían la señal de la horca.

ESTUDIANTES: Lobito, pero hablando familiarmente lo que entiendo es que las creencias nos tienen en la olla.

LOBITO: En la olla no, en el tarrito de las creencias. Par un niño hindú o budista no existe papá Noel ni el Niño Dios. Pare él hindú existe el águila mítica Garuda, rey de los pájaros, quien lleva las almas al cielo. Las creencias de un indígena difieren muchísimo de las de un hombre de ciudad, y las de un esquimal de las de un caribeo.

ESTUDIANTE: ¿Cómo hacer para des-condicionarnos? ¿Qué hacer para salir del tarrito de las creencias y vivir sin tantos temores en esta vida?

LOBITO. Es muy buena pregunta. El tema lo trataremos en otra reunión, porque el tiempo de esta charla ha llegado a su fin.

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