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CUENTOS Y MORALEJAS

  • Posted by on December 26, 2017 at 5:15 PM

1. El anciano y la lámpara

historias inspiradoras

Había una vez, una pequeña aldea perdida en las montañas en la que vivía solo un hombre que no podía ver: era ciego. Sin embargo, llevaba una lámpara encendida con él cada vez que salía de noche.

Una noche, cuando volvía a su casa después de un paseo, se encontró con un grupo de jóvenes viajeros. Vieron que estaba ciego, pero que llevaba una lámpara encendida. Comenzaron a hacer comentarios y se burlaron de él. Uno de ellos le preguntó: "¡oye, viejo! ¡Estás ciego y no puedes ver nada! ¿Por qué llevas esa lámpara ?"

El ciego respondió: "sí, desafortunadamente, soy ciego. Pero si llevo una lámpara encendida es para la gente como tú, que sí puede ver. Así puedes verme llegar y no perderte en la oscuridad".

El grupo de viajeros se sintió avergonzado y se disculpó por su comportamiento.

Moraleja: debemos pensar antes de juzgar a los demás. Sé cortés siempre y aprende a ver las cosas desde el punto de vista de los demás.

CUENTO EN VALORES

  • Posted by on February 3, 2017 at 9:10 AM

CUENTO EN VALORES

baba 53Había un emperador que siempre preguntaba a los sabios que lo visitaban en su palacio : "¿Quién es el mejor entre los hombres ? ¿Qué momento en el tiempo es el más bendecido ? ¿Qué acto es el más beneficioso ?". Durante un largo tiempo no logró obtener respuestas satisfactorias. Eventualmente sus dominios fueron invadidos y debió huír a la jungla. Allí fué capturado por una tribu que lo seleccionó como ofrenda a su diosa. En esta precaria situación, un asceta lo rescató y lo condujo a su ermita, donde fué atendido amorosamente por el asceta y sus estudiantes hasta que recuperó su salud y felicidad. En medio de ese ambiente amoroso y sereno, el monarca descubrió las respuestas a sus preguntas. El mejor entre todos es el que tiene compasión. El tiempo más bendecido es el presente, y la mejor acción es aliviar el dolor y sufrimiento de otro. ¡No pospongas lo que puedes hacer hoy, ahora, en este mismo momento, para una fecha futura! ((SAI BABA))

MINICUENTO

  • Posted by on July 12, 2016 at 6:28 PM

El Comeréditos

(Alfonso LOBITO Amaya)

Dragon[2]Luego de una búsqueda acuciosa lo hallaron engullendo réditos al pie de la montaña de billetes verdes. Había crecido de manera descomunal y tenía el color del alimento que tragaba. Temblando de miedo, los colonos, al unísono le preguntaron:

–¿Qué es lo que deseas?

Él los miró de soslayo y, en medio de una estruendosa carcajada, contestó:

–¡A la doncella!

–¿Cuál? –Preguntaron incrédulos.

–¡La de piel de café, ojos de esmeralda, cabellos de oro, sonrisa de plata y cejas de carbón que vive cerca del pozo de petróleo! –dijo con voz de trueno.

–¿La Latina? –indagaron en coro.

–¡Yes!

–¿La que por la mañana pastorea el ganado y recoge el café?

–¡Good!

–¿La que por la tarde siembra la caña y pesca en dos mares?

–¡Exactly!

–¿La que por la noche junta el cobre, saca el petróleo y brilla el estaño?

–“Yea”, ¡Very Good!

Quedaron atónitos de las pretensiones del gigante verde comeréditos. Entonces corrieron presurosos al oráculo que tenían en el corazón de la montaña. Allí consultaron a Yamurí, el espíritu del futuro:

–¿Qué debemos hacer? ¡Oh, gran sabio del ayer!, ¡Oh, gran vidente del mañana! –imploraron con humildad

–¡Formar otro gigante!

Respondió sin rodeos la voz que luego se diluyó en el silencio de la esperanza.

CUENTO DE NAVIDAD

  • Posted by on December 7, 2014 at 1:19 PM

SUEÑO DE NAVIDAD

Alfonso Lobo Amaya (Premio Nacional de Literatura Infantil)

A las siete de la mañana Lubín llegó al río Algodonal, distante cinco kilómetros de Ocaña. Ascendió por la colina y alcanzó el bosque: árboles frondosos, de variadas formas y tamaños diferentes crecían por todas partes. Era una vegetación refrescante, olorosa y agradable que embriagaba el alma de contento. El muchacho dejó el morral en el suelo y se puso a escudriñar el lugar. Su tío Efraín Amaya le había asegurado que en ese sitio encontraría los mejores árboles de Navidad. Pero eran todos tan hermosos que se le dificultaba escoger el mejor. Después de buscar con acuciosidad, al fin encontró lo que deseaba: de cónica silueta, debía medir dos metros de altura. El musgo verde-amarillo que había crecido en sus ramas los hacía más vistoso.

Lubín sacó del bolsillo del pantalón un pedazo de tiza blanca y marcó el árbol sobre la corteza. Luego volvió hasta donde había dejado el morral y se arrodilló para abrirlo. En ese momento escuchó una singular vocecilla sobre sus espaldas. Se volvió y quedó estupefacto ante la diminuta presencia. Una niña, del tamaño de una muñeca Barbie, le sonreía amistosamente.

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— ¡Hola! –dijo la pequeña aparición sin dejar de sonreír—Luego se trepó a un arbusto y quedó frente a Lubín.

— ¡Hola! –contestó el muchacho sin salir del asombro por el portento–, ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres tú?

–Un Kala –respondió–.Soy una Kala

–¡Qué nombre tan raro tiene! ¿Te llamas así?… ¿Kala?

–No. Mi nombre es Devi; pero soy una Kala—respondió–¿Nunca habías visto una Kala?

–NO. Nunca. No sabía que existían. Sólo he visto iguanas y perezosos. ¿Tú dónde vives?

–Yo vivo acá en el bosque. El árbol es mi hogar. Por eso cuando tumban los árboles me quedo sin donde vivir y me muero de frío

–¿Y qué haces aquí en el bosque? ¿A qué te dedicas?

— Cuido los árboles para que crezcan sin dificultad.

— ¿Los cuidas para que no los tumben?

–No. No quise decir eso. Yo desenredo las raíces para que se puedan extender por debajo de la tierra y mezclo los colores para las flores.

— ¿Sólo haces eso?

— No. También distribuyo las ramas y estoy pendiente de los frutos que no se dañen, además pinto las hojas de verde.

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— ¿Y haces eso todo el año?

— Sí, pero cuando llega la primavera me toca hacer fragancias y los aromas de las flores y distribuir simétricamente los pétalos de cada flor. ¡Ah! También cuido y curo las heridas.

— ¿Cuáles heridas? –inquirió Lubín extrañado.

–Las que hacen los hombres con sus machetes y con sus sierras.

Ante la respuesta de la Kala, Lubín se sonrojó y trató de cambiar el tema de la conversación. ¿Tú también celebras la Navidad?, le preguntó.

— No puedo –dijo la Kala lacónicamente.

–¿No puedes?..¿Por qué?

clip_image028–Porque todos los diciembre, los hombres de la ciudad vienen a cortar los árboles, y tengo que estar atenta para que no me sorprendan. –al decir esto su rostro se entristeció y dejó de sonreír.

Al momento la conversación entre Lubín y la Kala del árbol se interrumpió. Un ruido quebradizo se escuchó de pronto. La kala completamente asustada, comenzó a gritar: ¡Escóndete! ¡Rápido, escóndete!.

El muchacho corrió y se ocultó en la maleza. De pronto aparecieron tres corpulentos leñadores. Pusieron sus herramientas en el suelo y comenzaron a medir el árbol que iban a derribar. Era el árbol donde vivía Devi, la Kala del bosque. Lubín, al adivinar las intenciones de los tres hombres, salió del escondite gritándoles que no cortaran ese árbol.

–¡Fuera de aquí, mocoso! –le contestaron los leñadores cuando lo vieron acercarse–¡Largo! ¿No escuchaste? ¿O quieres que te amarremos a uno de estos pinos hasta que te pudras?

De inmediato, el golpe del hacha sobre el árbol se escuchó por todo el Valle de los Hacaritamas. Lubín sintió que el golpe le partía el alma. Dos lágrimas escaparon tímidamente de sus ojos.

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..Bueno, muchachos, a trabajar! –Ordenó el más fornido de los leñadores que parecía ser el jefe–. Hoy tenemos que tumbar por lo menos cuatro docenas de árboles para venderlos en Ocaña. Esta vez si vamos a tener una Navidad bien jugosa.

En ese instante una idea acudió en ayuda de Lubín. Se acordó de haber visto un enorme panal de avispas negras en un arbusto cerca del río. Sin pensarlo más. Corrió al lugar. Una vez allí, se quitó la camisa y, con sumo cuidado, lo atrapó.

Regresó con la explosiva carga en las manos hasta donde estaban los leñadores. Estos completamente absortos en su trabajo, no se percataron de la presencia del muchacho a sus espaldas. Con todas sus fuerzas Lubín estrelló el panal contra las cabezas de los tres hombres quienes, hinchados por las picaduras, salieron corriendo despavoridos monte abajo.

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Lubín alzó las hachas y los machetes y fue hasta el río y las tiró en la parte más profunda. Cuando volvió, todas las kalas del valle lo estaban esperando. Un sonoro aplauso, acompañado de vivas y hurras, se escuchó durante largo rato. Lubín no se pudo contener y lloró de emoción. Entonces sintió que era levantado por los aires.

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–Lubín! ¡Lubín!, despierta ¡Despierta, muchacho!

Aún somnoliento, el chico se sentó en la cama.

–¿No habíamos quedado en que hoy iríamos a la montaña a cortar el árbol de Navidad?

Lubín miró a su padre con cara de asombro.

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–Mira, papá –dijo el muchacho lleno de sentimiento–, quiero que nunca volvamos a cortar los árboles. Más bien compremos un árbol de metal o de plástico de esos que venden en los supermercados o hagamos uno con materiales reciclables..

El padre se quedó mirando a su hijo en silencio y pensó: “Definitivamente, a los chicos de hoy no los entiende nadie. Ayer me tenia loco que fuéramos a la montaña a cortar el árbol de Navidad”.

–Si eso es lo que deseas, ese será tu regalo de Navidad –le dijo, abandonando la habitación.

Lubín se metió rápido debajo de las sábanas y quiso seguir soñando, pero el sueño se había escapado por la ventana que había dejado abierta. Fue cuando sintió que la fragancia de los pinos inundaba su habitación.

FIN

CÓMO ESCRIBIR UN CUENTO

  • Posted by on June 26, 2014 at 9:05 PM

GUÍA PARA ESCRIBIR UN CUENTO

(Alfonso Lobo Amaya. Premio Nacional “Susaeta” de Literatura Infantil)

alfonso1.— Fluir de ideas. Una vez seleccionado el tema del cuento, dejar fluir las ideas y escribir todo lo que la mente dicte sin detenerse a pensar si está bien o mal escrito; luego hacer una selección de las mejores ideas, echando mano de la elipsis para mandar a la papelera lo que se considere ladrillado, repetido, incoherente o sin sentido.

2.— Exactitud. Leer en voz alta, para sí mismo y para otros el cuento escrito; esto permite una evaluación auditiva, rítmica, y una concatenación lógica de la estructura conceptual del cuento, del buen uso del idioma y la eliminación de palabras repetidas o innecesarias. En la expresión: “Desde el río soplaba un viento frío”, en el decir del cuentista Horacio Quiroga, están las palabras exactas para expresar una idea. Cualquier otra palabra que se adicione a esta frase sobraría no daría más sentido a la idea expresada en ella.

3.—Sencillez. Es un arte difícil escribir sencillo”, decía Hemingway, premio Nobel de literatura. Apreciación evidente en el caso de escribir literatura para niños. Nadie aprende literatura de un vademécum literario; se es escritor por sí mismo, sin tomar ningún curso (que es lo que está de moda hoy en día, cursos y diplomados en Literatura). “Hay escritores interesados más en el estilo que en los personajes”.

4.—Sensiblería. No excederse en el empleo de sustantivos y adjetivos que representen realidades afectivas. Expresiones como: “infinita ternura”, “inmenso amor”, etc., le dan un tono sensiblero al discurso.

5.–Personajes. Además de la entrada y salida, la elección de los personajes es clave para escribir un buen cuento. El perfil psicológico de cada uno de ellos: bondadoso, hiriente, hipócrita, malvado, tonto, hábil, egoísta, etc., es definitivo para conseguir una sólida concatenación de ideas en la trama, estructura y desarrollo del cuento.

6. —¡No al didactismo! Lo importante es contar una buena historia y dejar que el mismo lector deduzca el mensaje. Las enseñanzas van implícitas en los acontecimientos y, sobretodo, en los diálogos. Si la historia es interesante cumple, al menos, con uno de los objetivos de la literatura: ¡divertir al lector!, y esto enriquece emocionalmente.

7.— Congruencia de los tiempos verbales. Los relatos van en pretérito indefinido, mezclado con pretérito imperfecto. Ejemplo: Cuando Cabeto tenía (pretérito indefinido) once años, descubrió (pretérito imperfecto) las cavernas de la Montaña de los Cristales allá en Ocaña.

8. — Repeticiones. No adjetivar el texto ni abusar del símil o comparación como recursos estilísticos, tampoco hacer afirmaciones absolutas, ni enfatizar sin necesidad. Si se expone una idea no hay que estarla repicando. Una vez que un mensaje se ha dado bien a través del diálogo o expresado por narración, no hay que repetirlo a lo largo del texto.

9. — Mal uso de signos. No abusar de los signos exclamativos, interrogativos y suspensivos como actualmente se hace en las redes sociales, donde cualquier expresión va seguida, varias veces, del mismo signo al comienzo y al final de la frase.

10. — Seguridad. Es definitivo tener confianza total en lo que se hace, igual que un chef tiene seguridad en el producto que elabora. Hay que ponerle entusiasmo y amor a las ideas, a los personajes, puliendo cada frase con paciencia y discernimiento, igual que el artista talla con pasión en el frío mármol un majestuoso David.

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