EL PODER CURATIVO DE LA ORACIÓN

PlegariaCuando usted dice “hola”, para saludar, un tren de ondas sonoras sale de su boca, atraviesa el espacio y llega al oído de la otra persona. Por física elemental sabemos la voz humana son vibraciones: dilatación y contracción del aire. El sonido para transmitirse necesita de un medio de transmisión como lo es el aire, el agua o un metal. El canto de la ballena son ondas sonoras que viajan por el agua y se escuchan a kilómetros de distancia. Cuando goleamos un metal con una varilla el sonido se transmite por el metal. La voz humana no se transmite en el espacio sideral o en lugares, como la Luna, donde no hay atmósfera.

Las vibraciones que produce la voz humana, a veces son tan fuertes que pueden romper el cristal. Es muy conocido que el gran tenor Enrico Caruso rompía copas de vidrio con el sonido de su voz. Según un documental del canal "Discovery", para hacer esto se necesita no sólo cantar con la nota de resonancia de la copa, sino además tener en la voz una intensidad sonora de por lo menos 140 decibelios.

El Dr. Masaru Emoto, (japonés), en su libro “Los mensajes del Agua”, ha verificado, que al someter el agua estructurada al ARM (Analizador de Resonancia Magnética) se forman bellísimos cristales hexagonales y que esta agua estructurada ha curado a más de 10.000 personas con muchos síntomas de enfermedades de diferentes tipos. Entre los experimentos que hizo el Dr. Emoto, se llenan dos vasos iguales con agua del grifo. El primer vaso se somete a las vibraciones de la Suite de Bach para violonchelo y luego se forman bellísimos cristales hexagonales. El otro vaso se somete a la vibración de palabras humanas ofensivas como “estúpida agua” y los cristales se deforman. Las palabras construyen o destruyen.

La física cuántica actualmente sostiene la teoría de que todo en el universo son vibraciones. Y si todo son vibraciones las palabras humanas igualmente son vibraciones que pueden alterar tanto la anatomía esotérica (chacras) del ser humano como la fisiología corporal con todos sus sistemas de glandular, nervios, cerebro, líquidos etc.

Aunque usted no lo crea, las palabras respiran vida, las palabras tienen un poder oculto, las palabras poseen un poder místico, las palabras tienen el inmenso poder de alterar las cosas tanto mental como fisiológicamente ya que son vibraciones y todo en el universo son vibraciones. Somos matrices de vibraciones, y estas vibraciones cuando están en armonía o en resonancia con las de otra persona, animal o cualquier cosa producen bienestar interior, calma mental, paz interior.

Cuando usted le dice una palabra ofensiva a otra persona está reacciona con violencia, pero si usted le dice palabras amorosas, la otra persona se siente agradada y se calma. Sus vibraciones se reducen, se equilibran a su estado natural.

Las oraciones, los mantras (OM), los gayatris (Vedas: Gayatri Mantra), son trenes de vibraciones, tan armoniosas, que hacen resonancia con la mente y el cuerpo de los enfermos, movilizando las energías espirituales ocultas en sus chacras, y que al ponerlos en resonancia, producen el mismo efecto curativo que las agujas de los acupunturistas, al crear puentes vibracionales por donde se restablece la circulación de las energías estancadas en los lugares del cuerpo donde hay enfermedades. Hay una resonancia natural que se llama “salud”.

Los Chacras son centros de energía localizados en nuestro cuerpo, desde el cóccix hasta la coronilla. Tenemos siete puntos energéticos o vórtices de energía y cada uno controla diversos aspectos de nuestra vida, pasando por lo material, espiritual, físico y mental.

Cuando el pastor en un culto pone a rezar, en voz alta, a centenares de feligreses se forma un tren de vibraciones de alta resonancia que moviliza las energías de la chacra anahata o chacra del corazón produciendo milagrosas curaciones.

Este es el poder curativo de las oraciones: Movilizaciones de energías espirituales curativas. Vibraciones armónicas que hacen resonancia con la salud del cuerpo.

LOBITO

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HABLAN LOS MÉDICOS

¿Tiene la oración -orar- poder para curar? La ciencia está descubriendo lo que los creyentes siempre supieron. (James R. Yates)

Lo que voy a relatar ocurrió cuando trabajaba en el Hospital Parkland en Dallas, Texas durante mi residencia. Mi primer paciente sufría de cáncer en fase terminal y la dolencia le afectaba gravemente los dos pulmones. Le aconsejé respecto a la terapia que se le podía administrar, y le expliqué lo poco que le serviría. Al final escogió por no seguir el tratamiento. Cuando pasaba junto a su cama, siempre lo veía rodeado de personas de su iglesia que lo visitaban, a cantarle y rezar con él. -Qué bien -pensé-, pronto estarán cantando y rezando en su funeral.

Transcurrió un año y yo trabajaba en otro centro médico. Entonces, un colega del hospital Parkland me llamó para preguntarme si estaba interesado en ver a aquel paciente. ¿Verlo? Ni siquiera podía creer que todavía estuviera con vida. Estudié su radiografía y me quedé boquiabierto. El paciente tenía los pulmones limpios, sin ningún indicio de cáncer.

-La terapia a la que se sometió le dio excelentes resultados -comentó el radiólogo, que miraba por encima de mi hombro, refiriéndose al paciente. -¿Terapia? -pensé-. Si no se sometió a ninguna… a menos que la oración se considere una terapia.

Conté lo sucedido a dos de mis profesores de la facultad de medicina. Ninguno de los dos reconoció que había sido una curación milagrosa.

-Es el curso natural de la enfermedad -opinó uno.

Yo había perdido hacía mucho la fe de mi niñez. En aquel momento creía en la eficacia de la medicina moderna. Diríase que consideraba la oración algo superfluo. Así que no pensé más en ello.

El experimento de la oración como Director del Hospital

Mi trabajo como director del hospital Transcurrieron varios años más. Llegué a ser director de un importante hospital. Estaba al tanto de que muchos de mis pacientes rezaban, pero confiaba muy poco en la eficacia de sus plegarias. Terminaba la década de los ochenta, y de casualidad llegaron a mis manos unos estudios. Muchos de ellos se habían realizado en condiciones muy estrictas de laboratorio, y revelaban que la oración influye de manera decisiva en diversas dolencias.

Tal vez el estudio más convincente sea el que publicó en 1988 el cardiólogo Randolph Byrd. Una computadora extrajo los nombres de 393 pacientes de una unidad coronaria del Hospital General de San Francisco. Seguidamente, repartió los nombres en dos listas. Una de ellas se entregó a grupos de oración, mientras que nadie rezó por las personas cuyos nombres figuraban en la otra. Nadie sabía en qué lista estaba ninguno de los enfermos. A los grupos de oración solo se les proporcionó el nombre de pila de los pacientes, junto con una breve descripción de las dolencias que los aquejaban. Se pidió que rogaran por esos pacientes todos los días hasta fueran dados de alta, pero no se les dieron instrucciones de cómo rezar ni qué decir. El estudio terminó al cabo de diez meses y los pacientes por los que se rezó se beneficiaron en varios aspectos importantes:

Tenían CINCO veces menos probabilidades de necesitar antibióticos, en comparación con los enfermos por los que no se rezó.

Tenían DOS menos probabilidades de sufrir de insuficiencia cardiaca congestiva.

Tenían menos probabilidades de sufrir un paro cardíaco.

Si la técnica médica estudiada hubiese sido un nuevo medicamento o procedimiento quirúrgico en vez de la oración, probablemente se habría proclamado como un gran avance de la medicina.

Incluso escépticos recalcitrantes como el Dr. William Nolen, que escribió un libro cuestionando la validez de la fe para sanar, reconoció:

"Si este estudio es fidedigno, los médicos deberíamos escribir en las recetas: "oración tres veces al día". Si el método surte efecto, utilicémoslo."