LA FELICIDAD ES UN ESTADO DE CONCIENCIA.

descargaCuando el sol mañanero traza sus primeros pincelazos en el lienzo del amanecer, en las tierras altas del Asia Menor, un ciervo macho, pequeño, de pelo áspero y corto, patas altas y finas, sin cuernos, muy parecido a un cabro joven, inicia su recorrido en busca de un olor fuerte y penetrante que lo enloquece y lo hace vibrar con energía positiva. Es una fragancia misteriosa y exquisita que, al inhalarla, siente que lo transporta a dimensiones desconocidas. Es un perfume de dioses, un olor nectarino que lo hace gravitar por encima del suelo. Aturdido por el misterioso olor, inicia su búsqueda desde el mismo amanecer.

No sabe el lugar de dónde viene la penetrante fragancia. Por ello camina oliendo todo lo que encuentra en su recorrido. Olfatea por debajo de las piedras, mete su nariz entre el musgo y los matorrales y por encima del pasto y arbustos. Trepa por las laderas oliendo cada guijarro, cada flor, cada mata, cada bicho que se mueve. En su acuciosa búsqueda sube montañas, atraviesa quebradas, se aventura por riscos y corre por praderas y llanuras que se pierden en el horizonte de montañas. De esta manera transcurren los minutos y las horas.

Por la tarde, cuando los rayos solares se tornan anaranjados detrás de las montañas y las primeras sombras de la noche salen de su escondite, el animal, sudoroso, fatigado y exhausto de tanto indagar por la misteriosa fragancia, decide descansar a la sombra de un árbol frondoso. Se deja caer sobre el pasto tierno y reclina la cabeza sobre su vientre. La nariz queda cerca de su ombligo y… ¡sorpresa!..¡Al fin descubre el origen de la misteriosa fragancia! ¡Viene de su propio ombligo!..¡Increíble! ¡Tanto deambular!.. ¡Tanto caminar!.. ¡El perfume está dentro de su propio cuerpo! Es el Almizcle, sustancia aceitosa, de olor penetrante y perdurable que él mismo segrega por una bolsa o vejiga situada bajo su vientre. Esta bolsa glandular ovalada contiene el oloroso aceite que se utiliza en medicina y en la fabricación de los más caros y finos perfumes. De pronto, el ciervo almizclero alza los ojos al cielo y exclama: ¡Que tonto he sido al buscar afuera lo que estaba dentro de mí!

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Que iluso es el ser humano que busca la felicidad fuera de si, en las posesiones materiales, en el dinero, en la fama, en títulos académicos o en otra persona.

La felicidad puesta en objetos o en personas es una felicidad dependiente. Si las cosas no se dan como queremos, si salen mal,  somos infelices.

Que tonto es el ser humano que busca ser feliz en las cosas efímeras de la vida como lo son las cosas materiales que están en permanente cambio. Todo lo de ayer es viejo hoy.

No se puede negar que el dinero de COMODIDAD al cuerpo, complacencia de deseos a la mente, pero no felicidad interior, ya que la felicidad es un estado de conciencia.

El temor a perder lo que se tiene produce infelicidad, pero no podemos perder lo que realmente somos. Todo lo que se adquiere un día se pierde.

No puedes llenar un cántaro con la fragancia de las flores, tampoco puedes llenarte de felicidad apilando conceptos en tu mente.

Para llegar a la real felicidad tienes que desechar todo tipo de conceptos y de creencias. Las creencia y los conceptos son barrotes psicológicos que te encierran en la celda del temor.

Si ayer no pudiste ser feliz, mañana tampoco lo serás, porque la felicidad sólo se da en el AHORA. El ayer y el mañana son engendros de la mente.

La única carretera que conduce a la felicidad es es EL AUTOCONOCIMIENTO.