LOS ESTORAQUES 

estorauqes_p_1Allá en la población de La Playa de Belén, en el departamento Norte de Santander, República de Colombia, Suramérica, se alzan silenciosas, enigmáticas, majestuosas, unas formaciones naturales, siluetas erosionadas, pero altivas cual iglesias góticas, como trazadas por la mano invisible de un escultor renacentista. Los lugareños les dieron el nombre de “Estoraques”, en alusión al árbol estiracáceo de flores blancas y resina olorosa que se usa en la elaboración de perfumes y medicinas. Estas formaciones naturales, talladas por la caricia del viento en eones de silencio, no son simplemente unos cerros erosionados, son en verdad un mensaje secreto del poder divino, una enseñanza esotérica, arcanos de misterio: ¡perfume para la inspiración y medicina para el espíritu abatido!

Los mármoles de la ciudad de Ática y La Acrópolis de Atenas, en Grecia, fueron talladas por la mano prodigiosa del escultor Fidias, pero para lograr esas construcciones, el artista usó martillos y cinceles, cosa que no hizo el Poder Supremo para esculpir los Estoraques de La Playa de Belén, un arquitectura típicamente antrópica, donde la mano del hombre estuvo ausente, pero presente el aliento divino.

Los Estoraques de La Playa de Belén son el mensaje del viento para recordarle al hombre que hasta la piel de la tierra se curte con el paso del tiempo. Es la enseñanza de lo efímero, es el misterio vedántico para que el observador caiga en la cuenta de que todo en la naturaleza y en el cosmos es la obra de Dios y que lo maravilloso de la vida es producto del poder invisible a los ojos humanos y no de la arrogancia del ego humano. Los Estoraques no son el alma del agua, sino el alma del viento y el susurro del tiempo.

Cuando se camina entre ellos, cuando se acaricia su piel de tierra y cuando el murmullo del viento se desliza por los zigzagueantes senderos y recovecos jugueteando con los cabellos de las hermosas colegiales, en ese instante, el alma humana intuye, sin que la razón comprenda, el secreto de la vida sobre la tierra: Que todo es efímero, que todo es vanidad, que la vida sobre la tierra se erosiona lenta pero inexorable y que el dragón del tiempo todo lo engulle.

Los Estoraques de La Playa de Belén son más que tierra, piedra y vegetación: ¡Es una meditación permanente sobre el vivir humano!..¡Una reflexión sobre el sin-sentido de la vida! Una invitación para que el espíritu del hombre tenga siempre presente que todo es obra de un poder cósmico, de una energía misteriosa que aún los mismos científicos no comprenden. ¡La energía creadora!, que todo lo transforma y que todo lo perfuma con el aroma de la resina del estoraque.

Un cielo teñido azul marino, nubes blancas que juguetean con el viento silbador, una vegetación refrescante donde serpentean las lagartijas de colores, estrellas titilantes en noches encantadas y el aroma del café recién hervido, son las lentejuelas que adornan esa estancia tranquila, alegre y soñadora, como la frente del poeta,… ¡Los Estoraques de La Playa de Belén!, allá en la República de Colombia, departamento Norte de Santander.

((ALFONSO LOBO AMAYA)