PERFIL PSICOLÓGICO DEL CORRUPTO

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¿Qué lleva a un profesional con un alto cargo, buen sueldo y reconocimiento público al soborno o la ‘mordida’?

Esta pregunta se planteó el psiquiatra colombiano Guillermo Acosta: "¿Qué induce a la persona a trocar los comportamientos éticos por acciones perversas y corruptas?".

La respuesta puede estar en la cabeza. No es que la corrupción sea un trastorno mental, sino que existen personas predispuestas a ella.

Según Acosta -que basa sus teorías, principalmente, en lo dicho por el psicólogo estadounidense Theodore Millon-, los corruptos son personas con alguno de estos dos tipos de trastorno: narcisista -definido como egoísta- o antisocial -definido como fanfarrón-. Ambos, identificados por la inclinación a centrarse en sí mismos como fuente para satisfacer sus necesidades. Los primeros, convencidos de que son superiores a los demás; los segundos, guiados por la necesidad de mostrar esa superioridad.