1904197_10205615206241026_3166400857805598286_nFluye la historia del ser humano, sobre la faz de la tierra, en el tiempo y el espacio, desde la ameba aferrada al acantilado al homo sapiens trepando a los árboles, en milenios de imperios y reinados, guerras y esclavitudes, odios y amores, venganzas y perdones, heroísmos y cobardías. En centurias de tristezas y alegrías, fracasos y victorias, llantos y sonrisas, dolor y sufrimiento, ciencia y religión.

Fluye la evolución sobre la faz de la tierra, en el espacio y en el tiempo, en cambios y mutaciones: de la potente mandíbula del dinosaurio Rex a la caja de dientes del hombre en la vejez, del inofensivo pececillo en el recodo del río al temible tiburón en los mares fríos, de la inofensiva paloma en lo alto de la cornisa a la veloz águila real en la cima del risco, de la rana saltarín en el sendero campestre al canguro de saltos longitudinales en las arenas calientes, del escurridizo ratón en las granjas de heno al pesado elefante en las selvas de cieno, de la hormiga laboriosa en el termitero de barro al despreocupado perezoso en las ramas del árbol.

Fluye la historia del ser humano, sobre la faz de la tierra, en el tiempo y en el espacio, en milenios de inventos: de la lanza de piedra de punta lítica al misil teledirigido de cabeza nuclear, de la rueda de madera en la carreta de bueyes a la estación espacial en el cenit de las estrellas, de la romántica fogata en el patio de la casa a la terrorífica bomba nuclear en el suelo de Nagasaki, del avión de papel en manos del infante al transbordador espacial en manos del comandante, del ábaco de madera de barras paralelas a la computadora digital de circuitos integrados, de las señales de humo en la cúspide del cerro a la comunicación satelital en la cima de la gravedad, de la canoa de juncos sobre el río de aguas tranquilas al lujoso transatlántico sobre mares agitados, del trencito de madera en noche de Navidad al supersónico monorriel electromagnético en el Japón oriental, de la jeringa de plástico en la droguería de la esquina al quirófano de rayos láser en hospitales de majestuosidad, del trasplante de plantas en los jardines de mamá a los trasplantes de corazones en clínicas de alta complejidad.

Fluye la imaginación del ser humano, sobre la faz de la tierra, en el tiempo y en el espacio, en centenares de innovaciones y creaciones: del papiro de los sumerios allá en la antigüedad al libro electrónico en la época actual, de las pictografías primitivas en las cuevas a los frescos de la Capilla Sixtina, de la danza indígena al ballet clásico, del grito desgañitado al pie del balcón a la Traviata de Verdi, del eco de tambores tribales a los arpegios de las sinfónicas de Beethoven en el teatro de la Scala de Milán, de la ropa elaborada con pieles de animales a las finas telas de las pasarelas internacionales, de la cabaña de bareque al pie de los ríos a los rascacielos de Dubái al pie del puerto, de los cuentos de espanto en las cocinas caseras a las películas en tercera dimensión en las modernas salas de cine, de las competencias pueblerinas en los potreros del vecino a las modernas olimpiadas en escenarios de sueño.

Todo en este mundo es un eterno fluir de inventos y creaciones, de formas y sonidos, de cambios y transformaciones, de ficciones y realidades, porque la única constante universal es la evolución. Nada existe inmutable en el universo.

Alfonso Lobo Amaya