LOS BUENOS HÁBITOS

((Alfonso LOBITO AMAYA))

 

Niña India rezando antes de comerLos padres son quienes deben impulsar los buenos hábitos en los niños. Los padres de familia son responsables de los buenos o malos hábitos de los pequeños. Si el hábito está formado, el colegio, allá en el aula de clase, sólo lo refuerza. Hoy en día en los colegios los chicos sólo aprenden malos hábitos.

El buen hábito de cepillarse los dientes viene del hogar. La profesora de preescolar no sienta al niño en su regazo y le cepilla los dientes, ya que el niño no vive con la profesora. Es mamá quien amorosamente inculca en su hijo el buen hábito de cepillarse los dientes antes de acostarse y después de cada comida. En el colegio, por medio de diapositivas y proyecciones, donde se muestran los daños que sufre la dentadura sino se cuida se refuerzan este saludable hábito, pero este excelente hábito de cuidar la dentadura tiene su origen en la casa y no en el colegio.

Los buenos hábitos vienen de buenos hogares. El buen hábito, de parte de los adolescentes, de saludar respetuosa y cariñosamente a los mayores viene del hogar. Los chicos “modernos” no saludan a los mayores ni se despiden cuando se van. Los estudiantes, en el transporte público, tampoco ceden el asiento a las personas mayores. Se enchufan los audífonos a los oídos y les importa un comino el adulto mayor que está a su lado, de pie, agarrado a los pasamanos.

El buen hábito de la lectura viene del hogar, el colegio sólo obliga a los estudiantes, mediante la amenaza y la presión de la calificación, a leer forzadamente libro, como El Quijote de la mancha, que es “una mamera” para los estudiantes. El excelente hábito de la lectura se forma con lecturas cortas, amenas, “chéveres”, como dicen los chicos, pero este hábito tiene su comienzo allá en la cama del niño pequeño cuando papá o mamá le leen amorosamente cuentos de fácil comprensión y trama encantadora. Hoy en día en los hogares modernos se ve todo tipo de cosas como un buen bar, una buena sala para ver televisión en pantallas gigantes, computadoras, pero no existe la biblioteca para el chico. Un espacio encantador para la lectura está ausente en los “hogares modernos”.

Los burros y los cerdos cuando comen no rezan ni dan las gracias al creador por la comida que consumen. El ser humano, dotado de inteligencia y gratitud, si puede hacerlo. Pero ni siquiera este buen hábito de orar antes de consumir los alimentos existe hoy en los hogares modernos. No existe la menor gratitud por el alimento y la salud del cuerpo a Dios, sólo cuando llegan las enfermedades difíciles, como los son el cáncer, es cuando la gente se acuerda de Dios y se arrodilla a pedir la sanación.

En un taller de literatura en un colegio de Bogotá, donde había 40 chicos de primaria en un salón, al iniciar el taller relaté un chiste y todos reventaron de risa. A continuación les expliqué que había que dar las gracias a Dios antes de cada comida y les enseñé esta sencilla oración:

“Gracias, Señor, por el alimento que vamos a consumir y conviértelo en este cuerpo en el don maravillosos de la salud”.

Luego de dos horas de actividad lúdica-literaria les pregunté que si alguno se acordaba del chiste que había contado al iniciar la actividad y… ¡todos alzaron la mano para responder! Acto seguido solicité que me repitieran la oración de gratitud a Dios antes de la comida y…!!! Ni un solo estudiante alzó la mano!!!