RESPIRACIÓN E ILUMINACIÓN

col-arh-yc-11_460_landscapeLa respiración nace con el ser vivo. La respiración es inherente al nacimiento humano. Cuando un bebé nace, la respiración viene con él. No hay que inyectarle la respiración una vez sale del vientre materno ni hacerle cirugías para implantarla. La humedad y el agua no se pueden separar y poner la humedad en un lado y el agua en otro. Así es con la respiración y la vida en todo ser vivo. Cuando la respiración se separa de la vida se llama muerte. Todos nacemos respirando y no tenemos que hacer nada para respirar. Nadie va por la calle con la mente puesta en la respiración diciendo a cada paso: “inhalación”, “exhalación” para poder respirar. Al respirar ni siquiera pensamos en ella.

Con la iluminación sucede lo mismo que la respiración. El buscador espiritual busca la iluminación como si se tratara de conseguir una cosa fuera de él. ¿Qué imagina la gente lo que es la iluminación? ¿Qué fue lo que adquirió el buda cuando se iluminó? Como la mayoría de las personas creen que la iluminación es “algo” que se puede obtener entonces dedican días y años a hacer profundas meditaciones e intensas prácticas espirituales o volverse vegetarianos para adquirirla. ¡Qué idea tan extraña hacer prácticas espirituales para llegar a ser lo que ya se es!

En lo profundo de la selva, un antropólogo que hacía estudios sobre el comportamiento de una tribu amazónica, un día encontró un indígena sentado sobre una piedra con un rosario en la mano, ojos cerrados, repitiendo oraciones. El científico le preguntó qué era lo que hacía y el indígena le respondió que estaba rezando a Dios y pidiéndole que lo convirtiera en un ser humano. ¿Y por qué pensaba el indígena que no era un humano? Porque el cura evangelizador le había metido en la cabeza (lavado de cerebro) que él era un animal por haber nacido entre los animales y haber crecido con ellos. Y que para llegar a ser un ser humano tenía que rezarle y pedirle a Dios todos los días. En su ignorancia, el salvaje se creyó semejante cuento y se puso a hacer lo que le decía el cura. El antropólogo, asombrado por la ignorancia en la que estaba el hombre tribal le dijo y le aseguró que ya él era un ser humano y que no tenía que hacer ninguna práctica para convertirse en lo que ya era. Pero como el condicionamiento de la autoridad (el cura) pesa más en el ignorante que la razón del científico, el salvaje no le creyó al antropólogo y siguió con su inútil práctica.

Bueno, lo mismo va con quien busca la iluminación. El ser humano nace iluminado y no tiene que hacer intensas prácticas físicas (yoga) o disciplinas espirituales de todo tipo para alcanzar lo que ya es. “No hay absolutamente nada que alcanzar excepto la comprensión de que no hay absolutamente nada que alcanzar”. ¡No se puede llegar a ser lo que ya se es por ninguna disciplina espiritual! La iluminación o la comprensión profunda de lo que realmente somos no es algo que se pueda alcanzar mortificando al cuerpo con extrañas prácticas físicas o espirituales

“La iluminación sólo es posible cuando se acepta profundamente que no es algo que pueda ser logrado”. El que nace como ser humano no tiene que hacer nada para volverse un ser humano, solamente aceptar que es un ser humano. Por ello es tan difícil llevar a la iluminación a palabras gramaticales.

Cuando le preguntaron al Buda qué era la tal iluminación que había logrado, vean lo que respondió: “Iluminación es aceptar la vida como sucede sin meterle expectativas”.

Cuando los pulmones están llenos de flema no podemos respirar bien, cuando la mente está llena de conceptos falsos e ideas estúpidas no podemos discernir bien. Es cuando la persona termina creyéndose cualquier cuento.

LOBITO