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NO TE CREAS TODO LO QUE TE DIGAN

  • Posted by on September 17, 2014 at 10:37 AM

ANILLOUna vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

____________________________________________________________________

–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

EL MEJOR MAESTRO…! LOS NIÑOS !

  • Posted by on December 1, 2013 at 9:41 AM

Ninos-Sonriendo_06PREGUNTA. Profe Lobito: Los padres de familia quieren que les explique por qué usted dice que los niños son los mejores maestros del arte del vivir en paz y no lo son los psicólogos o los sociólogos o los místicos, y los niños preguntan por qué la naturaleza es también un verdadero maestro.

LOBITO. Las conclusiones salen al observar la forma como los niños viven el día a día. los adultos, por estar pensando en lo que no tienen dejan de disfrutar lo que tienen o por estar recordando lo que han perdido,  no disfrutan lo que tienen.

Los mayores tienen la mente enfocada en el futuro (en lo que no tienen) o en el pasado (en lo que han perdido), razón por la cual no disfrutan el presente. Vivir el día y vivir el momento presente es una actitud sabia e inteligente. salirse del presente, del ahora, para divagar por un futuro incierto y un pasado muerto es una solemne tontería. los niños siempre van felices y alegres porque tienen la mente en el presente, en el ahora; la mente del niño jamás está en el pasado alimentando la nostalgia; tampoco en el futuro llenándose de expectativas y miedos irreales. Si la mente se va para el pasado (el cual sólo existe en la memoria) se llena de nostalgia en el presente, y si se va para el futuro (que es un invento de la imaginación) se llena de ansiedad en el presente. Nadie sufre en pasado, nadie sufre en futuro, todos sufrimos en presente.

Los adultos mayores se sientan a rumiar el pasado, se llenan de nostalgia y se deprimen, o se van para el futuro incierto y se llenan de temor. Los abuelos dan consejos, a toda hora, a los adolescentes, desconociendo que la época de ellos es completamente diferente a la de los chicos de hoy en día. Comparar tiempos pasados y tiempos futuros con el tiempo presente es la más grande estupidez que comete el ser humano porque la raíz de todo sufrimiento se deriva de la comparación, cosa que no hacen los niños. Nunca vemos a un niño sentado en una mecedora, callado y taciturno, rumiando el pasado; tampoco lo hallaremos, con la mirada perdida en un punto espacial,  pensando en el futuro. Un niño no dice: “¿qué será de mi si se muere mi papá? ¿Quién me va a cuidar? Y si también se muere mi mamá… ¿cómo voy hacer para vivir?”. El adulto supone: “si yo muero, ¿qué será de mis hijos?, ¿quién los cuidará?”. Y si me echan del trabajo, ¿de que voy a vivir?”. La mente del niño no hace ese tipo de trapecismo intelectual por la sencilla razón de que su mente siempre está en presente. Razón tenía Jesús cuando afirmaba que para entrar al reino de Dios (la paz interior) teníamos que volvernos niños. El secreto de la felicidad de los niños radica en que su mente siempre está en presente disfrutando lo que la vida les depara cada día, razón por lo cual un niño, desde que se levanta hasta que se acuesta, juega doce o catorce horas.

Uno se pregunta ¿de dónde saca tanta energía un niño para jugar tanto tiempo? El secreto está en que la mente del niño está siempre en presente y no gasta la energía en supuestos mentales, en expectativas inexistentes, en temores de un futuro incierto. Los niños tampoco gastan la energía en los recovecos del ayer, recodando “aquellos tiempos mejores” ni en cosas que quedaron pendientes por hacer, o en resentimientos por lo que alguien me hizo. La mente del niño no compara, y al no haber comparación no hay señalamiento, ni juzgamiento ni sentencias. Los niños no critican. Los adultos gastan sus energías en los supuestos mentales. Los adultos se sientan meditabundos en una silla de la sala y se ponen a suponer cosas, y lo más increíble es que todos esos supuestos mentales se los creen y se llenan de miedo por el futuro, y de allí se pasa a la frustración, para finalmente descender a la depresión.

El ser humano moderno se ha vuelto depresivo porque su mente no está en el presente. En otras ocasiones, la mente del adulto se va para el pasado a recordar videos de cosas que le han sucedido y esos videos se los trae para el presente y, por ende, se llena de nostalgia o de resentimiento en presente, porque nadie sufre en pasado ni en futuro. La enseñanza que nos dan los niños es muy clara: ¡la vida es un juego… disfrútalo!.. Disfrutar lo que la vida vaya deparando cada día. Eso no quiere decir que uno no haga planes, por supuesto, todos hacemos planes, pero ¿quién nos garantiza que los planes van a salir como los proyectamos? Nadie planea ser pobre ni nadie planea una enfermedad, sin embargo ambas se presentan en nuestras vidas sin haberlas solicitado, entonces… ¿por qué llegan?, por ello insisto a vivir el día. Jesús, en el evangelio, dice: “No os preocupéis por el día de mañana, vive sólo el hoy, que el día de mañana traerá sus propias preocupaciones”.

NADA TIENE IMPORTANCIA

  • Posted by on June 29, 2013 at 4:24 PM

gandalf-2Cuento No. 9– EL Muchacho y el sabio.  Una vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

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–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

NADA TIENE IMPORTANCIA

  • Posted by on June 29, 2013 at 4:14 PM

gandalf-2Cuento No. 9– EL Muchacho y el sabio.  Una vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

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–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

Cuento: LA VAQUITA

  • Posted by on December 27, 2012 at 9:09 AM

La vaquita (Cuento)

vaca Un maestro de sabiduría atravesaba un bosque con su fiel discípulo, cuando vio, a lo lejos, un sitio de apariencia muy pobre y, decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al muchacho aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias. Llegaron al lugar y constataron la pobreza del sitio. Los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, y todos vestidos con ropas viejas, rasgadas y sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de la familia y le preguntó:

En este lugar no existen posibilidades de comercio ni de trabajo, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?   

El hombre calmadamente respondió:

Querido amigo: nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros productos alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte de la leche producimos queso, cuajada, mantequilla, etc. Para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.

El sabio maestro apreció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En medio del camino, volteó hacia su discípulo y le ordenó que regresara a buscar la vaquita, llevarla a un precipicio y allí empujarla al barranco. El joven, espantado, miró al maestro con ojos de asombro, y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto de su maestro, decidió cumplir la orden. Así que empujó la vaquita al precipicio y la vio morir.

La escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años. Un bello día el muchacho resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y cuando llegó allá, fue recibido por un señor muy simpático. El muchacho preguntó por la familia que vivía allí hace algunos años, el señor respondió que ellos seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado, años atrás, en compañía del sabio maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, quien había sido el dueño de la vaquita:

–¡Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida!

El señor, entusiasmado, le respondió:

Nosotros antes vivíamos de una vaquita que cayó por el precipicio y murió. Gracias a este feliz acontecimiento nos vimos forzados de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Gracias a ese cambio alcanzamos el éxito que usted ve ahora.

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Las manos *La mano que da va arriba y la mano que recibe va abajo, porque el dar es superior al recibir. Dar lo mejor en lo que haces, sin esperar retribución, es gratitud a Dios. *Las manos que ayudan son más sagradas que los labios que oran, porque  ayudar es la mejor oración al creador....