Proverbios

No hables.

Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren.

Confía sólo en los niños y los animales

y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado.

A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas

y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades,

tus angustias, pero nunca tus éxitos.

De tus hermanos ama el que está lejos

y teme al que vive cerca.

A tus padres nunca preguntes por su pasado

ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud.

Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le cuentes

tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado.

Con tus colegas habla del clima, el aumento de salario

y elogia con vigor sus faltas.

Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita

y si llegas a tener hijos, piensa que,

como en los juegos de azar,

podrás ganar o perder.

El destino no existe.

Eres tú tu destino.

Y si llegas a la vejez da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo,

pero implora con resignación por tu pronta muerte.

Los que no tenemos dinero ni poder valemos menos

que un caballo, un perro, un pájaro o una luna llena.

Los que no tenemos dinero ni poder siempre hemos callado

para poder vivir largos años.

Los que no tenemos dinero ni poder

llegados a los cuarenta

debemos vivir en silencio

en absoluta soledad.

Así lo entendieron los antiguos,

así lo certifica el presente.

Quien no pudo cambiar su país antes de cumplir la cuarta década

está condenado a pagar su cobardía por el resto de sus días.

Los héroes siempre murieron jóvenes.

No te cuentes, entonces, entre ellos.

y termina tus días

haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

 

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Harold Alvarado T.

New York, 1985

Papel Literario de El Nacional