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CUENTO DE NAVIDAD

  • Posted by on December 7, 2014 at 1:19 PM

SUEÑO DE NAVIDAD

Alfonso Lobo Amaya (Premio Nacional de Literatura Infantil)

A las siete de la mañana Lubín llegó al río Algodonal, distante cinco kilómetros de Ocaña. Ascendió por la colina y alcanzó el bosque: árboles frondosos, de variadas formas y tamaños diferentes crecían por todas partes. Era una vegetación refrescante, olorosa y agradable que embriagaba el alma de contento. El muchacho dejó el morral en el suelo y se puso a escudriñar el lugar. Su tío Efraín Amaya le había asegurado que en ese sitio encontraría los mejores árboles de Navidad. Pero eran todos tan hermosos que se le dificultaba escoger el mejor. Después de buscar con acuciosidad, al fin encontró lo que deseaba: de cónica silueta, debía medir dos metros de altura. El musgo verde-amarillo que había crecido en sus ramas los hacía más vistoso.

Lubín sacó del bolsillo del pantalón un pedazo de tiza blanca y marcó el árbol sobre la corteza. Luego volvió hasta donde había dejado el morral y se arrodilló para abrirlo. En ese momento escuchó una singular vocecilla sobre sus espaldas. Se volvió y quedó estupefacto ante la diminuta presencia. Una niña, del tamaño de una muñeca Barbie, le sonreía amistosamente.

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— ¡Hola! –dijo la pequeña aparición sin dejar de sonreír—Luego se trepó a un arbusto y quedó frente a Lubín.

— ¡Hola! –contestó el muchacho sin salir del asombro por el portento–, ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres tú?

–Un Kala –respondió–.Soy una Kala

–¡Qué nombre tan raro tiene! ¿Te llamas así?… ¿Kala?

–No. Mi nombre es Devi; pero soy una Kala—respondió–¿Nunca habías visto una Kala?

–NO. Nunca. No sabía que existían. Sólo he visto iguanas y perezosos. ¿Tú dónde vives?

–Yo vivo acá en el bosque. El árbol es mi hogar. Por eso cuando tumban los árboles me quedo sin donde vivir y me muero de frío

–¿Y qué haces aquí en el bosque? ¿A qué te dedicas?

— Cuido los árboles para que crezcan sin dificultad.

— ¿Los cuidas para que no los tumben?

–No. No quise decir eso. Yo desenredo las raíces para que se puedan extender por debajo de la tierra y mezclo los colores para las flores.

— ¿Sólo haces eso?

— No. También distribuyo las ramas y estoy pendiente de los frutos que no se dañen, además pinto las hojas de verde.

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— ¿Y haces eso todo el año?

— Sí, pero cuando llega la primavera me toca hacer fragancias y los aromas de las flores y distribuir simétricamente los pétalos de cada flor. ¡Ah! También cuido y curo las heridas.

— ¿Cuáles heridas? –inquirió Lubín extrañado.

–Las que hacen los hombres con sus machetes y con sus sierras.

Ante la respuesta de la Kala, Lubín se sonrojó y trató de cambiar el tema de la conversación. ¿Tú también celebras la Navidad?, le preguntó.

— No puedo –dijo la Kala lacónicamente.

–¿No puedes?..¿Por qué?

clip_image028–Porque todos los diciembre, los hombres de la ciudad vienen a cortar los árboles, y tengo que estar atenta para que no me sorprendan. –al decir esto su rostro se entristeció y dejó de sonreír.

Al momento la conversación entre Lubín y la Kala del árbol se interrumpió. Un ruido quebradizo se escuchó de pronto. La kala completamente asustada, comenzó a gritar: ¡Escóndete! ¡Rápido, escóndete!.

El muchacho corrió y se ocultó en la maleza. De pronto aparecieron tres corpulentos leñadores. Pusieron sus herramientas en el suelo y comenzaron a medir el árbol que iban a derribar. Era el árbol donde vivía Devi, la Kala del bosque. Lubín, al adivinar las intenciones de los tres hombres, salió del escondite gritándoles que no cortaran ese árbol.

–¡Fuera de aquí, mocoso! –le contestaron los leñadores cuando lo vieron acercarse–¡Largo! ¿No escuchaste? ¿O quieres que te amarremos a uno de estos pinos hasta que te pudras?

De inmediato, el golpe del hacha sobre el árbol se escuchó por todo el Valle de los Hacaritamas. Lubín sintió que el golpe le partía el alma. Dos lágrimas escaparon tímidamente de sus ojos.

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..Bueno, muchachos, a trabajar! –Ordenó el más fornido de los leñadores que parecía ser el jefe–. Hoy tenemos que tumbar por lo menos cuatro docenas de árboles para venderlos en Ocaña. Esta vez si vamos a tener una Navidad bien jugosa.

En ese instante una idea acudió en ayuda de Lubín. Se acordó de haber visto un enorme panal de avispas negras en un arbusto cerca del río. Sin pensarlo más. Corrió al lugar. Una vez allí, se quitó la camisa y, con sumo cuidado, lo atrapó.

Regresó con la explosiva carga en las manos hasta donde estaban los leñadores. Estos completamente absortos en su trabajo, no se percataron de la presencia del muchacho a sus espaldas. Con todas sus fuerzas Lubín estrelló el panal contra las cabezas de los tres hombres quienes, hinchados por las picaduras, salieron corriendo despavoridos monte abajo.

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Lubín alzó las hachas y los machetes y fue hasta el río y las tiró en la parte más profunda. Cuando volvió, todas las kalas del valle lo estaban esperando. Un sonoro aplauso, acompañado de vivas y hurras, se escuchó durante largo rato. Lubín no se pudo contener y lloró de emoción. Entonces sintió que era levantado por los aires.

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–Lubín! ¡Lubín!, despierta ¡Despierta, muchacho!

Aún somnoliento, el chico se sentó en la cama.

–¿No habíamos quedado en que hoy iríamos a la montaña a cortar el árbol de Navidad?

Lubín miró a su padre con cara de asombro.

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–Mira, papá –dijo el muchacho lleno de sentimiento–, quiero que nunca volvamos a cortar los árboles. Más bien compremos un árbol de metal o de plástico de esos que venden en los supermercados o hagamos uno con materiales reciclables..

El padre se quedó mirando a su hijo en silencio y pensó: “Definitivamente, a los chicos de hoy no los entiende nadie. Ayer me tenia loco que fuéramos a la montaña a cortar el árbol de Navidad”.

–Si eso es lo que deseas, ese será tu regalo de Navidad –le dijo, abandonando la habitación.

Lubín se metió rápido debajo de las sábanas y quiso seguir soñando, pero el sueño se había escapado por la ventana que había dejado abierta. Fue cuando sintió que la fragancia de los pinos inundaba su habitación.

FIN

SUEÑO DE NAVIDAD (cuento)

  • Posted by on December 6, 2013 at 1:14 PM

Sueño de NavidadA las siete de la mañana Lubín llegó al río Algodonal, distante cinco kilómetros de Ocaña. Ascendió por la colina y alcanzó el bosque: árboles frondosos, de variadas formas y tamaños diferentes crecían por todas partes. Era una vegetación refrescante, olorosa y agradable que embriagaba el alma de contento. El muchacho dejó el morral en el suelo y se puso a escudriñar el lugar. Su tío Efraín Amaya le había asegurado que en ese sitio encontraría los mejores árboles de Navidad. Pero eran todos tan hermosos que se le dificultaba escoger el mejor.Después de buscar con acuciosidad, al fin encontró lo que deseaba: de cónica silueta, debía medir dos metros de altura. El musgo verde-amarillo que había crecido en sus ramas los hacía más vistoso Lubín sacó del bolsillo del pantalón un pedazo de tiza blanca y marcó el árbol sobre la corteza. Luego volvió hasta donde había dejado el morral y se arrodilló para abrirlo. En ese momento escuchó una singular vocecilla sobre sus espaldas. Se volvió y quedó estupefacto ante la diminuta presencia. Una niña, del tamaño de una muñeca Barbie, le sonreía amistosamente.

— ¡Hola! –dijo la pequeña aparición sin dejar de sonreír—Luego se trepó a un arbusto y quedó frente a Lubín.

— ¡Hola! –contestó el muchacho sin salir del asombro por el portento–, ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres tú?

–Un Kala –respondió–.Soy una Kala

–¡Qué nombre tan raro tiene! ¿Te llamas así?… ¿Kala?

–No. Mi nombre es Devi; pero soy una Kala—respondió–¿Nunca habías visto una Kala?

–NO. Nunca. No sabía que existían. Sólo he visto iguanas y perezosos. ¿Tú dónde vives?

–Yo vivo acá en el bosque. El árbol es mi hogar. Por eso cuando tumban los árboles me quedo sin donde vivir y me muero de frío

–¿Y qué haces aquí en el bosque? ¿A qué te dedicas?

— Cuido los árboles para que crezcan sin dificultad.

— ¿Los cuidas para que no los tumben?

–No. No quise decir eso. Yo desenredo las raíces para que se puedan extender por debajo de la tierra y mezclo los colores para las flores.

— ¿Sólo haces eso?

— No. También distribuyo las ramas y estoy pendiente de los frutos que no se dañen, además pinto las hojas de verde.

— ¿Y haces eso todo el año?

— Sí, pero cuando llega la primavera me toca hacer fragancias y los aromas de las flores y distribuir simétricamente los pétalos de cada flor. ¡Ah! También cuido y curo las heridas.

— ¿Cuáles heridas? –inquirió Lubín extrañado.

–Las que hacen los hombres con sus machetes y con sus sierras.

Ante la respuesta de la Kala, Lubín se sonrojó y trató de cambiar el tema de la conversación. ¿Tú también celebras la Navidad?, le preguntó.

— No puedo –dijo la Kala lacónicamente.

–¿No puedes?..¿Por qué?

–Porque todos los diciembre, los hombres de la ciudad vienen a cortar los árboles, y tengo que estar atenta para que no me sorprendan.    –al decir esto su rostro se entristeció y dejó de sonreír.

Al momento la conversación entre Lubín y la Kala del árbol se interrumpió. Un ruido quebradizo se escuchó de pronto. La kala completamente asustada, comenzó a gritar: ¡Escóndete! ¡Rápido, escóndete!.

El muchacho corrió y se ocultó en la maleza. De pronto aparecieron tres corpulentos leñadores. Pusieron sus herramientas en el suelo y comenzaron a medir el árbol que iban a derribar. Era el árbol donde vivía Devi, la Kala del bosque. Lubín, al adivinar las intenciones de los tres hombres, salió del escondite gritándoles que no cortaran ese árbol.

–¡Fuera de aquí, mocoso! –le contestaron los leñadores cuando lo vieron acercarse–¡Largo! ¿No escuchaste? ¿O quieres que te amarremos a uno de estos pinos hasta que te pudras?

De inmediato, el golpe del hacha sobre el árbol se escuchó por todo el Valle de los Hacaritamas. Lubín sintió que el golpe le partía el alma. Dos lágrimas escaparon tímidamente de sus ojos.

..Bueno, muchachos, a trabajar! –Ordenó el más fornido de los leñadores que parecía ser el jefe–. Hoy tenemos que tumbar por lo menos cuatro docenas de árboles para venderlos en Ocaña. Esta vez si vamos a tener una Navidad bien jugosa.

En ese instante una idea acudió en ayuda de Lubín. Se acordó de haber visto un enorme panal de avispas negras en un arbusto cerca del río. Sin pensarlo más. Corrió al lugar. Una vez allí, se quitó la camisa y, con sumo cuidado, lo atrapó.

Regresó con la explosiva carga en las manos hasta donde estaban los leñadores. Estos completamente absortos en su trabajo, no se percataron de la presencia del muchacho a sus espaldas. Con todas sus fuerzas Lubín estrelló el panal contra las cabezas de los tres hombres quienes, hinchados por las picaduras, salieron corriendo despavoridos monte abajo.

Lubín alzó las hachas y los machetes y fue hasta el río y las tiró en la parte más profunda. Cuando volvió, todas las kalas del valle lo estaban esperando. Un sonoro aplauso, acompañado de vivas y hurras, se escuchó durante largo rato. Lubín no se pudo contener y lloró de emoción. Entonces sintió que era levantado por los aires.

–Lubín! ¡Lubín!, despierta ¡Despierta, muchacho!       —Aún somnoliento, el chico se sentó en la cama.

–¿No habíamos quedado en que hoy iríamos a la montaña a cortar el árbol de Navidad?

Lubín miró a su padre con cara de asombro.

–Mira, papá –dijo el muchacho lleno de sentimiento–, quiero que nunca volvamos a cortar los árboles. Más bien compremos un árbol de metal o de plástico de esos que venden en los supermercados.

El padre se quedó mirando a su hijo en silencio y pensó: “Definitivamente, a los chicos de hoy no los entiende nadie. Ayer me tenia loco que fuéramos a la montaña a cortar el árbol de Navidad”.

–Si eso es lo que deseas, ese será tu regalo de Navidad –le dijo, abandonando la habitación.

Lubín se metió rápido debajo de las sábanas y quiso seguir soñando, pero el sueño se había escapado por la ventana que había dejado abierta. Fue cuando sintió que la fragancia de los pinos inundaba su habitación.

FIN

Sueño de Navidad

  • Posted by on August 13, 2010 at 8:29 PM

 

A las siete de la mañana Lubín llegó al río Algodonal, distante cinco
kilómetros de Ocaña. Ascendió por la colina y alcanzó el bosque:
árboles frondosos, de variadas formas y tamaños diferentes crecían por
todas partes. Era una vegetación refrescante, olorosa y agradable que
embriagaba el alma de contento.
El muchacho dejó el morral en el suelo y se puso a escudriñar el lugar.
Su tío Efraín Amaya le había asegurado que en ese sitio encontraría los
mejores árboles de Navidad. Pero ……………….

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