¿CULTURA CIUDADANA?…JAJAJAJA… ¡Que buen chiste!

 

¡MILAGRO EN LA ESTACION MARLY¡ Pretender que un estudiante universitario, un obrero, un adulto joven o una persona de cualquier color, raza o género ceda la silla (roja) en un transmilenio a un adulto mayor o a una mujer embarazada, es tanto como esperar que los estudiantes de la Universidad Nacional no pinten grafitis en los wowmuros de los edificios. ¡Jamás verá usted la Universidad Nacional de Bogotá pintada toda de blanco sin un solo grafiti!

Todas las noches, cuando salgo de mis clases de la universidad y tomo el transmilenio en la estación Marly, de la carcas con 48, viene repleto de estudiantes universitarios que se han tomado las sillas azules, y con los audífonos en los oídos, se hacen los dormidos (tradúzcase “se hacen los pendejos”), pero hoy, diecinueve de octubre, ¡SUCEDIÓ UN MILAGRO!, un estudiante que me vio parado, agarrado como un mico de los tubos, se levantó de una silla roja (las azules venían ocupadas por universitarias) y me dijo amablemente que me sentara. ¡No lo podía creer! Lamenté mucho en ese momento no tener un celular para gravarlo o haberle sacado una foto a ese chico y enviarla a City TV, para un reportaje con un titular como: ¡Increíble: un estudiante universitario le cedió una silla roja a un adulto mayor! Y así como en los noticieros de Caracol y RCN, hacen un despliegue monumental cuando un taxista se encuentra un maletín repleto de millones de pesos y luego lo devuelve.

MISTERIO. Un bus de transmilenio tiene 48 sillas, de las cuales 40 son rojas y sólo 8 son azules, sumando el total de pasajeros sentados y los que van parados son 162. La pregunta aquí es ¿Por qué sólo 8 puestos azules para los adultos mayores? Le hice la pregunta al periodista y director de la revista cultural LIBROSYLETRAS, Jorge Consuegra, y me respondió que la dirección de transmilenio había solicitado un estudio a los “expertos” de una universidad prestigiosa de Bogotá, quienes concluyeron que 8 sillas azules eran suficientes para la población de adultos mayores. ¿Será posible, que unos señores encorbatados, perfumados, sentados cómodamente frente a un computador con aire acondicionado y tinto fresco y manejando costosos carros, hayan subido a un transmilenio en horas pico? ¿Qué método estadístico habrán empleado estos genios para calcular que 8 sillas azules son suficientes? Mañana y noche, de lunes a viernes, yo utilizo el transmilenio, y a pesar de que soy un adulto mayor, siempre me toca de pie. Me tomé la molestia de contar, durante una semana, los adultos mayores, mujeres embarazadas, gente con muletas, niños de brazo, etc., y la media estadística me da más de 20 de esta tipo de usuarios que se transportan en los transmilenio. Soy profesor de matemáticas y para mí es un verdadero misterio  la forma como calcularon la estadística de las 8 sillas azules.

HOLANDÉS EN EL TRANSMILENIO. Mi hija Urania Lobo, que hace parte del cuerpo de Ballet de Leipzig, vino a Bogotá de vacaciones con su novio holandés. Además de llevar al hombre a Monserrate y a los lugares típicos de la capital, lo sometimos a la experiencia de subirlo a un transmilenio. ¡No podía creer que los estudiantes universitarios y los adultos jóvenes no cedieran el puesto a las personas mayores!  Preguntó el porqué de esa extraña conducta y yo le dije en español (mi hija traducía al alemán) que la gente aquí en Bogotá sufría de una enfermedad que se llamaba “Hemorroides”, por lo cual tenían que ir sentados para que no se les salieran los intestinos. Con ojos de búho, le preguntó a mi hija que si eso era cierto. Urania, riendo de buena gana, le explicó que sólo era una metáfora que yo utilizaba para justificar esa mala conducta ciudadana, cuyo origen viene de la mala educación del hogar y la pésima educación de los colegios.