CHARLAS SOBRE ESPIRITUALIDAD

Satsang No.12 //// con ROBERTO PINZÓN G. (Maestro del Advaita)

 

12.– LA PRÁCTICA ESPIRITUAL: La vuelta del taxista

1450152_10151993342158570_157401685_n–Lobito. Si sumergimos una piedra en un pozo de agua y la dejamos allí por varios años es seguro que cuando la saquemos a la superficie seguirá igual de dura a como entró. A pesar de todo el tiempo que permaneció en el agua: ¡No se ablandó! ¿Por qué? Porque no dejó penetrar el agua. El agua solo tocó la superficie, la mojó, pero no ingresó dentro de ella, si lo hubiera hecho la piedra se habría ablandado. Algo parecido pasa con las personas que, por años, asisten a una iglesia, a un ashram, oran en mezquitas, van a centros espiritualistas o pertenecen a grupos esotéricos o religiosos; todo un “turismo espiritual”. Todos conocemos personas, familiares, amigos o vecinos, que van a las iglesias todos los domingos y por años, pero no cambian. Son los mismos egos soberbios, pretensiosos, criticones, santurrones, despreciativos y maledicentes. Pero ¿por qué no cambian? ¿Será porque, al igual que la piedra en el lago, no dejan entrar las enseñanzas a su conciencia y solo se quedan en la superficie, a nivel mental? La pregunta obligada aquí, mi querido Roberto es: ¿Sirven las prácticas espirituales (sadhanas) para alcanzar la comprensión final o autorrealización? ¿Qué se pretende alcanzar con las prácticas espirituales?

-Roberto. Mi querido Lobito. Por experiencia sé que las prácticas espirituales, como rezar, meditar, mantranizar o hacer cualquier tipo de sadhanas, como los llaman en las religiones del Oriente, son una forma entretenida de pasar el tiempo y fortalecer el ego espiritualista, pero de allí a que se pueda alcanzar algo, no lo creo posible. ¿Alcanzar o lograr qué con las prácticas espirituales? Intentar o hacer esfuerzos es un concepto muy perjudicial. Si una persona hace prácticas espirituales es porque quiere obtener algo. ¿Qué cree que va a obtener? ¿Entonces hacer prácticas implica un propósito y quién quiere obtener algo y quién es la entidad que hace la práctica? ¡ El ego ¡

–Lobito. Por muchos años yo sé que tú hiciste intensas prácticas espirituales en todos los grupos donde estuviste. Entonces cómo ahora sales a decir, que las prácticas espirituales o sadhanas son una forma entretenida de pasar el tiempo y de fortalecer el ego hacedor.

–Roberto. Mira, Lobito, un amigo que, por primera vez, vino a Bogotá para charlar conmigo tomó un taxi y le indicó la dirección al conductor. El taxista, miró por el espejo retrovisor y sonrió. Luego de media hora de recorrido lo dejó en la puerta de mi casa. Cuando pregunté por el valor de la carrera me dijo que le había costado veinte mil pesos. Entonces le pregunté que dónde había tomado el taxi y me dijo que en la 142 con Autopista. ¡Quedé sorprendido! Esa dirección está a dos cuadras de mi consultorio. El taxista se dio cuenta que mi amigo no conocía a Bogotá y lo llevó a dar vueltas por calles y carreras. Así pasa con las prácticas espirituales, años dando vueltas por escuelas y centros espiritualistas, gurús, maestros, yogas, mantranizaciones, oraciones, repeticiones, rituales, etc., y todo eso para llegar al Sí mismo, estando ya en él. Mira, Lobito: ¿Qué prácticas espirituales tienes que hacer o que caminos a seguir para estar al espacio o en el ahora?

–Lobito. Ninguna porque siempre estoy en el espacio y en el ahora. En todo momento estoy en el espacio y en el ahora. A donde quiera que vaya siempre estoy en ellos. No puedo salirme del espacio, vaya donde vaya, como tampoco puede salirme del ahora. ¿Pero entonces porqué hay tantas prácticas espirituales?

–Roberto. El sistema educativo es por niveles, en el espiritualismo es lo mismo. Primaría espiritual, bachillerato espiritual, universidad espiritual y diplomados, maestrías y doctorados espirituales. En ambos casos se necesitan años de estudio para graduarse. En este camino hay personas que están en la primaria espiritual donde son rezos y cantos; luego viene el bachillerato espiritual, lecturas y estudio de textos religiosos. En la universidad espiritual, profundas meditaciones e investigaciones sobre temas espirituales y en los postgrados prácticas de todo tipo (sadhanas). Todo esto es la vuelta del taxista. Pero quien indaga en el Sí mismo no necesita dar tantas vueltas porque la meta está a dos cuadras. A nosotros nos tocó, por años, la vuelta del taxista, pero ya sabemos que se puede llegar al mismo sitio de forma directa. Ahora, con este conocimiento y experiencia podemos evitar la vuelta del taxista. ¿Recuerdas la intensa mantranización que hiciste por años?

–Lobito. Sí. Impactado por la historia de un santo hindú que había repetido el nombre de Rama por muchísimos años hasta fundirse con Rama, quise emular tal hazaña y me di a repetir, con japamala en mano, mil ochenta millones (1.080.000.000) de repeticiones de un mantra. Por años hice la practica día y noche, enfermo o sano, empleado o desempleado, con plata o endeudado. Después de tantos años haciéndola, fue en un satsang contigo que te conté la situación y cuando me preguntaste que a dónde quería llegar con esto y qué esperaba conseguir, no supe que responderte. Salí de tu consultorio y tiré los japamala desgastados. Fue cuando me di cuenta que a donde quería llegar siempre había estado allí sólo que no me había dado cuenta. La estocada final de no hacer más prácticas, fue cuando me contaste la anécdota del antropólogo en el Amazonas. ¿Te acuerdas?

–Roberto. Si, por supuesto, es muy buena. El antropólogo que va al Amazonas, a una reserva indígena, para hacer una investigación sobre las costumbres, tradiciones y creencias de esa etnia. Una mañana, el científico llega al río y ve un indígena sentado debajo de un árbol con un rosario en la mano que el cura evangelizador le había dado. Horas después, cuando en antropólogo regresa aún ve al indígena rezando, se acerca a él y le pregunta lo qué hace y el aborigen responde que reza de forma ininterrumpida. Luego cuando el científico le pregunta para qué hace eso, el hombre responde que para convertirse en un ser humano. El antropólogo le pregunta porqué cree eso y el aborigen le responde que el cura le había dicho que él todavía estaba en estado animal y para llegar a convertirse en humano tenía que rezar muchísimo. El científico, sorprendido ante semejante estupidez, le dice que él ya es un ser humano y que no tiene que hacer ninguna práctica espiritual ni rezar para convertirse en lo que ya es, pero el indígena no le creyó y siguió rezando.

–Lobito. Einstein decía que era “más fácil destruir el átomo que destruirle una creencia a una persona”. Cuando me referiste esa historia fue cómo si algo dentro de mí se desintegraba, como un nudo que se suelta. ¡Salí de tu consultorio impactado y caminé por cuadras, hacia mi casa, reflexionando, digiriendo el mensaje y fue cuando sentí que dentro de mi algo se había desintegrado… !Una falsa creencia! Y me dije: “Qué tonto he sido al buscar afuera, por tanto tiempo y por años de prácticas, lo que siempre ha estado dentro de mí.! ¡No más vueltas del taxista ¡””

–Roberto. Así es, mi querido Lobito. No más vueltas en taxi…No más “turismo espiritual”. Ja-ja-ja…

–Lobito. Roberto. ¿Cuál consideras que es la mejor práctica espiritual para no dar la vuelta del taxista?

–Roberto. Aceptar la vida como es, como llega en el día a día, sin meterle expectativas. Aceptar que todo lo que sucede en la vida, a todos y en todas partes, es porque así tiene que suceder, porque absolutamente toda la actividad humana y la dinámica del universo es la voluntad de Dios manifestada como leyes, ecuaciones matemáticas y principios de vida.

((Alfonso Lobo Amaya. “LOBITO”. Febrero 1 del 2017))