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VALORES EN EXTINCIÓN

  • Posted by on September 18, 2015 at 9:42 AM

 

erizoCuento No 3.— EL ERIZO Y LA DOCTORA. Una doctora manejaba por una carretera y al tomar una curva apareció frente a ella un bulto grisáceo, entonces paró el automóvil, se bajó y caminó a ver el extraño hallazgo. Quedó sorprendida cuando vio que se trataba de un erizo salvaje. El puerco espín estaba herido en una de sus patas y se veía asustado, pero la doctora se acercó hasta él con cuidado. En una de las patas delanteras tenía una herida producida por un disparo, la médica quiso tomar al erizo, pero, instintivamente, el animal reaccionó mordiéndola en la mano. La buena mujer fue al automóvil, sacó gasa y alcohol y se vendó la herida de la mano, luego se puso unos guantes de cuero y volvió para auxiliar al animal. Consiguió sujetarlo por la cabeza y por las patas traseras, lo llevó al carro, lo aseguró a una de las sillas traseras con una correa y le puso una inyección. El resto del viaje, por efecto de la droga tranquilizante, el erizo se durmió y ella lo llevó a su casa. A partir de ese día lo cuidó con esmero y cariño. A diario, cuando regresaba del trabajo, iba a la habitación y pasaba un tiempo curando la herida a “Erizín”, como ella lo llamaba. Después de muchos días de amorosos cuidados médicos y buena alimentación, Erizín sanó y podía correr alegremente por la casa. Sucedió luego que llegó a su casa su sobrina de siete años y cuando la chiquilla vio al erizo quedó maravillada. Desde ese instante le insistió a su tía para que se lo regalara de cumpleaños. Ante las tiernas súplicas de su sobrina, la médica cedió y la niña se llevó al erizo para su casa, que estaba en otro pueblo. Tan pronto la pequeña llegó a su vivienda consiguió una caja de cartón y le hizo una cama, pero una vez el animal se vio libre, corrió, se metió en un rincón de la buhardilla y no volvió a salir del lugar. La niña lo llamaba con frases cariñosas, con silbidos y chasquidos, pero Erizín no daba señales de abandonar su escondite. Esta situación se mantuvo por varios días hasta cuando la niña, alarmada por la extraña conducta del animal, pidió ayuda a su padre, quien le explicó que Erizín era un animal salvaje y debería estar en el bosque con los otros animales. Además, le dijo el padre que el erizo había sido sacado de su hábitat natural y no estaba acostumbrado a vivir en medio del cemento, los ladrillos y los tapetes en una casa. La niña entendió las razones de su padre, y acordaron llevar el puercoespín al bosque y dejarlo en libertad para que se reuniera con su familia.

Pasaron muchos días desde que la niña abandonara al erizo en el bosque, cuando, en el otro pueblo, la médica, como todas las tardes, llegó a su casa después de un duro día de trabajo en el hospital y, ¡sorpresa!, Erizín estaba echado bajo el dintel de la puerta de la casa. Cuando vio a la doctora brincó como resorte, corrió agitando la cola y saltó sobre los brazos de la amorosa mujer, rodando con ella por el suelo. La mujer, emocionada por el feliz encuentro, abrazó cariñosamente al animal dándole besos en la nariz y Erizín no cesaba de lamerle la cara

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¿Qué opinan de este cuento?..

Estudiante. Es una historia tierna y me gustó mucho. Pienso que los animales tienen más sentido de gratitud que los mismos humanos.

Estudiante. Mi papá ayudó a muchas personas que ahora ni lo saludan porque se volvieron importantes y pretenciosos. 

Estudiante. La gratitud no la enseñan en los colegios, viene de un corazón noble.. Creo que es una virtud en extinción.

Lobito.  La ingratitud es actualmente la moneda de mayor circulación en el mundo. La ingratitud de los hijos con los padres ancianos que al final los ven como una carga fastidiosa y optan meterlos a un geriátrico.´La ingratitud de los alumnos con los profesores que los formaron durante años. La ingratitud del amigo que te dio la mano cuando estabas mal y ahora tú estás bien. La ingratitud del hermano que ha triunfado con el hermano que está en la hoya. Ni siquiera en el acto de comer las personas dan las gracias a Dios por el alimento que van a consumir. En fin, la ingratitud humana es una lista tan larga que se necesitaría una resma de papel para escribirla.

NO TE CREAS TODO LO QUE TE DIGAN

  • Posted by on September 17, 2014 at 10:37 AM

ANILLOUna vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

____________________________________________________________________

–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

¡ No te creas todo lo que te dicen !

  • Posted by on November 26, 2013 at 6:22 PM

Cuento No. 19– EL VALOR DEL ANILLO .  Una vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

anillo–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

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–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

NADA TIENE IMPORTANCIA

  • Posted by on June 29, 2013 at 4:24 PM

gandalf-2Cuento No. 9– EL Muchacho y el sabio.  Una vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

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–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

NADA TIENE IMPORTANCIA

  • Posted by on June 29, 2013 at 4:14 PM

gandalf-2Cuento No. 9– EL Muchacho y el sabio.  Una vez un muchacho que estaba muy deprimido fue donde un maestro espiritual que tenía fama de sabio. Cuando llegó a la casa del gurú, la cual quedaba alejada del pueblo, le dijo: Maestro, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado, nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que soy un idiota, que no sirvo para nada. En el colegio mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad creo que soy un fiasco.

El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: –Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo:

–Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo –dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos– ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?

El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo la mañana ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos. Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya. El sabio le dijo de nuevo:

–Mira, muchacho. Hagamos lo correcto. Lleva esta anillo donde el joyero del pueblo, él si sabe de su verdadero valor. Dile que lo avalué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó entusiasmado: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte ¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado.

–Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡ cincuenta monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡setenta monedas de oro!

El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo:

–Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te digan.

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–LOBITO: Bien, apreciados estudiantes; ¿Qué opinión les merece este cuento?

–Pamela:  A mi me gustaría primero conocer su opinión, para ver si coincidimos.

–LOBITO: Todos somos tres en uno: Primero, lo que los demás creen que somos, es decir, el aspecto físico. Es muy común juzgar a los demás por su aspecto físico, por la ropa que usa, por la vivienda, por los títulos académicos, en general, por todo lo externo, lo material. Segundo, lo que nosotros creemos que somos; este es el aspecto mental. Es lo que cada cual piensa que es: inteligente, bruto, fracasado, exitoso,  menos que los demás, etc. Tercero, lo que realmente somos:  La conciencia universal encarnada en un cuerpo físico, la semilla de lo divino en este árbol de carne y hueso. En la biblia, en el pasaje de Moisés y la zarza ardiendo, cuando Moisés pregunta: “¿quién eres?”, la repuesta que escucha es: “YO SOY EL QUE SOY”.  Observen que Dios no dijo “yo soy esto o soy aquello”. Así, cada quien es lo que es. Lo demás son etiquetas inventadas por el hombre.

–Pamela. En el cuento, el muchacho, se había deprimido por creer lo que los demás le decían. Para mi es una idiotez sentirse calificado por los demás. Lo que yo soy, en el aspecto humano y espiritual,  no se puede calificar como si fuera un test de matemáticas. El conocimiento académico se puede calificar, pero no el desarrollo espiritual.

–Alejandro. Es como escribir un poema o un ensayo y llevarlo donde un ignorante para tomarle su opinión y, lo peor, darle importancia a esa opinión.

–LOBITO. Así es. Las cosas no tienen importancia sino que las personas se la dan. Un saludo no tiene importancia, pero hay personas que se resienten porque el otro pasa por el lado y no saluda. La gente gasta mucha energía mental (estrés innecesario) dándole importancia a lo que no tiene importancia. Cogen un grano de arena le ponen la lupa (la mente) y ven una enorme piedra. Un bebé parado en la cuna presencia a sus padres haciendo sexo y él no le da importancia a eso, solo gorgotea, pero entra un adulto y  etiqueta el acto como “morboso”. Las cosas no tienen más importancia que las que uno mismo les da.

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